13 de junio 2002 - 00:00

El suspenso, aunque tardío, salva un film

Robert Redford y Brad Pitt
Robert Redford y Brad Pitt
«Juego de espías» (EE.UU., 2001, habl. en inglés). Dir.: T. Scott. Int.: R. Redford, B. Pitt, C. McCormack, S. Dillane, L. Bryggman, M. Jean-Baptiste.

C on «Enemigo Público», Tony Scott convirtió una trama muy poco seria en una de las películas más entretenidas sobre el control y la manipulación de la vida privada de la gente por parte del Estado. En cambio, «Juego de espías» parte de una premisa más seria, y en cierto modo muestra lo mismo pero desde el punto de vista de los servicios de inteligencia, sin conseguir un resultado tan atractivo.

De hecho, la historia es mínima: en su último día de trabajo, un agente muy importante debe trabajar desde adentro y sin ayuda para liberar a un antiguo discípulo capturado por el gobierno chino. El gobierno estadounidense no puede ni quiere reconocer a su hombre como propio, y el trabajo del protagonista es mover hilos averiguando datos y distorsionando órdenes para salvar a su camarada.

A mitad de la película esto dejó de ser interesante, y el desenlace es realmente leve. Sin embargo lo que salva la película es todo el desarrollo de la relación entre ambos espías, a través de largos raccontos que comienzan en Vietnam, pasan por Europa del Este antes de la glasnot y culminan en Medio Oriente. Cada uno de estas historias dentro de la película muestran cosas que Hollywood en general prefiere evitar. Si hay que hablar de una batalla perdida, en general nadie quiere hacerlo mostrando que se perdió a base se homicidios a sangre fría. En cambio, uno de esos viejos films de espías británicos con aquel Harry Palmer que interpretaba Michael Caine no hubiera tenido muchos problemas en dejar que un pobre desertor del comunismo sea abandonado como un perro por los héroes de Occidente que tenían que dejarlo sano y salvo del otro lado del muro. Pero ver eso en una producción moderna protagonizada por dos galanes de primer nivel como Robert Redford y Brad Pitt, es algo muy distinto.

Lo mejor es el largo segmento libanés: la interacción del gobierno norteamericano con grupos terroristas impresentables y difícilmente controlables nunca se mostró así, y evidentemente tiene una actualidad especial en estos tiempos. Además, el suspenso que ofrece esta última mitad ofrece momentos temibles. Su intensidad se disfruta, e incluso llega a hacer funcionar con mucha eficacia la química entre Robert Redford y Brad Pitt.

Pudiendo hacer algo tan contundente como eso, es una pena que tanto talento involucrado haya tenido que sobreponerse a la anodina trama que justifica todo lo que vale la pena en «Juego de espías».

Dejá tu comentario

Te puede interesar