3 de junio 2003 - 00:00
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Periodista: ¿Cómo se enmarca «Tango, otra mirada» en lo que es su trabajo habitual con el tango y con la música en general?
Gustavo Beytelmann: Yo ubico «Tango, otra mirada» en una perspectiva de continuidad de otras experiencias que he hecho a lo largo de mi vida, y sigo haciendo, con el tango. En este caso las músicas que conforman el espectáculo han sido ya escritas y forman parte de diferentes discos que he grabado a lo largo de 20 años. La novedad es el agregado de los «arreglos» electrónicos compuestos por Javier Leich-mann que resignifican y trascienden este material musical de base que me es familiar.
P: ¿Cuáles son los criterios musicales que eligió para mezclar temas tradicionales del tango y del jazz con los sonidos generados electrónicamente?
G.B.: En realidad, la mayor responsabilidad en ese sentido fue de Francisco Kröpfl. El tuvo la idea de este encuentro original entre tango y electrónica, él seleccionó los temas entre los diferentes discos míos y él decidió la trayectoria dramática de los mismos.
P.: ¿Es distinta la manera de trabajar los temas de jazz y de tango y los propios?
GB: En general no hay diferencias en la elaboración de un material, salvo que el jazz incluye como protagonista central a la improvisación.
P: ¿Dónde están, en el proyecto «Tango, otra mirada», sus épocas juveniles de Venado Tuerto y sus primeros contactos con el tango popular?
G.B.: Sin dudas, un punto de contacto es el repertorio. A muchos de los tangos que se tocan en el espectáculo los hago desde mi infancia, me han acompanado toda una vida. Mi gusto por la innovación esta ligado indisolublemente a mi Venado Tuerto natal, porque es ahí que descubrí a Piazzolla, a Salgán, a Monk, a Charlie Parker, pero también a Alban Berg, nombres que marcaron para siempre mi actitud hacia la música.
P: ¿En cuál de los lugares se siente más cómodo o mejor representado: en el jazz, en el tango, en la música contemporánea, en este tipo de fusiones?
GB: Yo he pasado una gran parte de mi vida saltando de un género a otro, de un estilo a otro.Algún psicólogo diría que buscaba saber quién era a través de experiencias tan variadas. Hoy siento haber llegado a una cierta conciencia de mí, he reducido mis aventuras.Así que actualmente estoy mas fuertemente ligado al destino del tango y continúo escribiendo música contemporánea «clásica».
P.: ¿En qué orden de preferencia o de placer ubica sus profesiones de intérprete, de arreglador, de director y de compositor?
G.B.: La composición ocupa hoy el centro de mi vida y para el placer me gusta tocar el piano.
P.: ¿Le sigue interesando componer para cine?
G.B.: Siempre me gustó escribir para el cine pero hace ya tiempo que no tengo proyectos con él.
P.: ¿Qué recuerdos y qué experiencia le han quedado de sus tiempos como arreglador del rock argentino? ¿Y cuáles de su trío con Juan José Mosalini y Patrice Caratini?
G.B.: Recuerdo el rock como un mundo abierto propicio a las aventuras musicales y a los encuentros inusitados. En cuanto a mis ex-companeros Caratini y Mosalini, fue un momento privilegiado para mi experiencia como artista.
P.: Como compositor de música contemporánea, ¿en qué lenguaje se siente más cómodo? ¿En el tonal, en la atonalidad, en la combinación de ambos?
G.B.: Depende del tipo de música que aborde, me siento en «mi casa» en diferentes técnicas de expresión. Así como puedo abordar diferentes géneros, puedo tomar distintos estilos según la obra de que se trate.
P.: ¿En qué está trabajando por estos días?
G.B.: Actualmente soy compositor en residencia en «Les dominicains de Haute Alsace» en la ciudad de Guebwiller, Francia.Allí van a ser estranadas 3 obras mías entre julio y octubre: mi primer cuarteto de cuerdas, una pieza concertante para clarinete bajo y 8 músicos y una pieza para orquesta de jazz y orquesta de cámara. Así que con eso tengo bastante trabajo.



