Los protagonistas de la «pelea de fondo» de «En buena compañía», un film
que, entre otras cosas, muestra muy bien el choque entre dinosaurios de
portafolios y ejecutivos de notebook.
«En buena compañía» (In good company, EEUU, 2004, habl. en ingl.); Dir.: P. Weitz; Int.: D. Quaid, T. Grace, S. Johansson, M. Helgenberger, D. Paymer, C. Gregg, S. Blair.
El sujeto de esta película, publicista de una revista deportiva, debe jugar varios partidos a la vez, contra la edad, la cercana independencia de la hija mayor, un embarazo inesperado, la recesión, y para colmo un inesperado cambio de firma.
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En efecto, la revista es integrada a una megacorporación cuyos representantes la mezclan con alimento para el desayuno y quién sabe qué otra cosa, invaden oficinas, sonríen maquiavélicamente, rinden culto a una mística y mítica sinergia, y echan gente (perdón, ellos dicen «los dejamos ir»). Así, de buenas a primeras, nuestro héroe de 51 años deberá enseñarle el oficio a su nuevo jefe, un novato de 26 que encima sale a escondidas con su hija (peor que salir, entra).
No corresponde adelantar nada, pero puede decirse que el relato es bien interesante y muy ilustrativo, la pelea de fondo va entre dinosaurios de portafolios y ejecutivos de notebook, Malcolm McDowell aparece discurseando todo eso de «una nueva democracia para el consumidor», los obsecuentes también son reemplazables, y, por más que cambien las cosas, al final el diablo sabe por diablo y el lector ya sabe cómo sigue el refrán.
Eso en cuanto a la parte de los negocios. Pero hay otra lectura, que puede hacerse desde la perspectiva del ejecutivo joven, y tiene que ver con la necesidad de una familia sustituta cuando anda mal la propia, la búsqueda de ciertas imágenes protectoras, y la necesidad incluso de parar un poco la máquina y replantearse algunas cosas.
Dato interesante, la madre del muchacho medio yuppie era una posthippie. El autor es Paul Weitz (que tanto hace «American Pie» como «Un gran chico»), la hija es Scarlett Johansson (cuya sola mirada altera el equilibrio ecológico), y la estructura del film ya no es «chico encuentra chica», etc., sino «joven encuentra padre, padre pierde hija, vendedor encuentra comprador, cada uno firma nuevo contrato». Lástima el final medio larguero. P.S.
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