Realidad y ficción se fusionan en esta nueva novela de Tomás Eloy Martínez. Bruno Cadogan, el héroe novelesco que está elaborando en Nueva York la disertación final de su tesis, investiga la relación de Borges con el tango, pero no piensa en viajar a Buenos Aires. Bastante se ha documentado sobre todos los aspectos, pero inesperadamente se encuentra con Jean Franco -personaje real-, la conocida crítica literaria. Ella revela un vasto conocimiento de los primeros tangos y lo pone sobre la pista de un cantor, Julio Martel, que los interpreta en el Club del Vino y en otros lugares inesperados de la ciudad. Bruno, entusiasmado, viaja a Buenos Aires entre los finales de 2001 y los comienzos de 2002. y tiene por primer guía a un personaje ambiguo, el Tucumano, que lo invita a alojarse en una pensión modesta de la calle Garay. Allí cerca colocó el escenario de El Aleph Jorge Luis Borges y pícaros cicerones aprovechan las semejanzas para resituar la originalísima ficción borgeana: hasta hay diecinueve escalones hacia el sótano donde sucesivas oleadas de turistas esperan, en vano, que se repita el prodigio. Pronto Bruno queda cautivado por esa ciudad depredada, la de los piquetes y los cacerolazos y la recorre en todas direcciones, a distintas horas, en un vagabundeo netamente borgeano, cuyos laberintos él trata de interpretar. Pero el centro de sus búsquedas sigue siendo el cantor en quien el lector avezado reconoce otra intersección con lo real: Julio Martel coincide en su figura física, sus deformidades, su hemofilia, su enorme talento y su biografía, con un «cantor de culto» de los años noventa, Luisito Cardei. Pese a su constante persecución y a los contactos con quienes conocieron bien a Martel, en especial su compañera Alcira Villar, Bruno apenas llega a encontrarlo en un momento final. El lector sí logra conocerlo a fondo pues es el personaje mejor delineado de la novela, y hasta se define su peculiar modo de cantar: «La voz le había fluido con ímpetu y, a la vez con negligencia y melancolía, no sé cómo decirlo, quizá porque el viento de la voz arrastraba todas las decepciones, las felicidades, las quejas contra Dios y la mala suerte de sus enfermedades, todo lo que jamás se había atrevido a decir delante de la gente».
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Aunque es justo decir también que la gran protagonista de la novela es Buenos Aires, recorrida en todas las direcciones del espacio y través de sucesivos buceos en el tiempo que representan toda la tragedia de la gran ciudad venida a menos: la utopía de la guerrilla urbana, la represión, la muerte de Aramburu, el robo y los sucesivos traslados de su cadáver con el trasfondo alucinante de la necrofilia argentina, el resentimiento y la furia, dan densidad real al tejido novelesco. Decir que está muy bien escrita sería ocioso en el caso de Martínez, pero sí es pertinente agregar que después de escribir otras excelentes novelas, ésta es la mejor de las suyas. Informate más
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