4 de septiembre 2002 - 00:00

"En la Argentina, los pobres son solución de la crisis"

Hernando de Soto
Hernando de Soto
En su nuevo libro, «El misterio del capital», el economista peruano Hernando de Soto parte del hecho de que, tras el derrumbe del comunismo, el capitalismo siguió fallando en países en vías de desarrollo y en los poscomunistas. Propicia, para una eficaz transición hacia el capitalismo popular, acceso de los pobres a derechos de propiedad formal y conversión de sus activos en capital utilizable, para que participen en el sistema de libre mercado. Para esto reclama reformas institucionales y políticas para legalizar y dar poder a quienes están prácticamente excluidos en la economía nacional y global. De Soto, autor del bestseller «El otro sendero», preside el Instituto Libertad y Democracia, considerado por «The Economist» el segundo think-tank más importante del mundo. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo ve a laArgentina?


Hernando de Soto:
Muy deprimida, con muchos ciudadanos desorientados que no se recuperan de un golpe bastante inusitado, porque una crisis como la argentina no se conocía hasta ahora en otro país de América latina y del Tercer Mundo. Lo que les ocurre tiene mucho que ver con que la comunidad internacional no salió a respaldarlos en el momento en que lo requerían. Hay una gran desilusión en sus instituciones y fatalismo, al punto de creer que ya casi no hay remedio. La desesperación viene porque, a diferencia de golpes que hubieran podido ocurrir antes, ya no hay la alternativa socialista, que ahora sabemos que no funciona. Creo que están hablando de una forma inhumana cuando están ante una situación única para hacer reformas substanciales de las cosas que deben ser reformadas, porque no les queda otra. Tengo la impresión de que creyeron en los '90 que ya habían despegado, que nadie los paraba y que no tenían ya que hacer reformas de fondo en las instituciones. Espero que ahora se den cuenta de que se trata de algo central, que a la larga el capitalismo no es otra cosa que un sistema de reglas del juego, que logran sintonizar con las necesidades del mercado, siempre y cuando el mercado por la vía política pueda retroalimentarlas. Eso no se hace con un régimen donde los políticos no son responsables sino donde los sistemas participativos, que existen desde el bloque occidental hasta Japón, se dan. Están sumidos en la depresión y espero que sea la oportunidad que se necesita para dos cosas: una, el examen de qué es el capitalismo -darse cuenta de que no es sólo el FMI, que la macroeconomía es parte importante pero no la más importante, y hasta marginal comparado con lo central, porque los países desarrollados crecieron hasta los años '40 sin FMI y sin bancos, y sin Organización Mundial del Comercio, eso vino mucho después de que la prosperidad se consiguió; el capitalismo es un fenómeno de reformas internas, no de reformas externas y acaso han llegado al punto de que eso logre entrar-, y la segunda, que nadie puede prever, es que desgraciadamente nunca ha habido un vuelco hacia la democracia capitalista sin liderazgo, tiene que subir alguien que lo haga. Son momentos en que alguien dice «esto no funciona», y se cambia todo lo que se pensaba que era incambiable.

P.: ¿Relaciona esos cambios con los hechos en otros lugares?


H. de S.:
Rusia por fin logra, con la Glasnost y la Perestroika, hacer una transición hacia el sistema capitalista. Cuando iniciamos una serie de reformas en el Perú para integrar el sector negro de la economía, el presidente Yeltsin envió una misión para saber si podíamos ayudarlos. No se pudo realizar porque una cantidad de rusos dijeron «qué vamos a aprender de los latinoamericanos, somos Europa». Ahora estamos trabajando en Rusia, pero les tomó 10 años darse cuenta de que no es fácil. Creían que con quitar los sistemas autoritarios en el campo económico y haber hecho privatizaciones, ya habían despegado. Hay a veces la sensación, cuando viene un despegue, de que es eso ya es economía de mercado. Después,
se rompe la ilusión.

P.: Usted menciona a los pobres como transformadores en estas situaciones de crisis hacia el capitalismo...


H.de S.:
Los pobres son la solución. Trabajé intensamente y fui brazo derecho del presidente Fujimori en sus 3 primeros años, durante los cuales a Perú le fue muy bien, comenzamos a crecer, derrotamos a Sendero Luminoso. Fujimori y su familia habían migrado en los '40 al Perú porque estaba en mejor condición que el Japón, que tenía poder militar continental, pero en términos de producto bruto interno per cápita estaba más o menos como el Perú, pero con menos potencial. Quiénes, sino los pobres, reconstruyeron Japón luego de la Segunda Guerra. Los Gates no eran nadie en Estados Unidos hace 40 años. Y los Rockefeller no eran nadie hace 100 años. Los grandes apellidos de la sociedad americana no son los que han quedado hoy, son los que han sido forzados a trabajar, los que están animados por un espíritu de ganancia. Y esos son fundamentalmente los pobres. El mercado, esencialmente, no es otra cosa que la división del trabajo.Y esto no es invención de Adam Smith, sino de todos los clásicos, incluyendo a Marx. La prosperidad se debe a que en el mercado las personas que antes eran proletariado vasallo se convierten en agentes económicos y se produce el fenómeno de competencia, de especialización, y la posibilidad de vender en gran escala. Se acaban los privilegios. Son los de abajo los que arman la economía de mercado en la historia de todos los países. Suiza, el país más próspero del mundo, era hasta 1908 el más pobre de Europa, exportaba suizos como soldados o como mano de obra barata. Cuando se dieron un Código Civil que puso marco a su economía de mercado y permitió absorber su economía informal, que era enorme, comenzaron a crear prosperidad. La historia del mundo muestra que los que hoy son los más ricos -Suiza, Noruega y Japón-eran hace 100 años en un caso y 50 años en otros, los más pobres. Esto muestra que si alguna virtud tiene esta economía tan arbitraria, que es el sistema de mercado, es que da oportunidades a los pobres que no las han tenido bajo ningún otro sistema que el mundo haya conocido.

Sumar lo extralegal

P.: Usted habla de «economía extralegal» para señalar lo que otros denominan «economía ilegal»...

H. de S.:
He preferido hablar de «extralegal» porque lo ilegal parecería que no tuviera nada de legal. Extralegal significa que existe un sistema legal fuera de lo legal. Si se recorre la historia del capitalismo, en 1856, luego de la estampida del oro, California se había repartido en forma violenta entre 3 millones de mineros que no trabajaban de forma legal. Cada zona tenía una norma distinta, creada localmente, que no era la ley federal americana. Había 800 jurisdicciones extralegales, y había orden. Cuando se habla de economía informal no hay que entrar a ella como si no hubiera nada. Los estados que han tenido éxito son los que han abarcado a su sector extralegal, y se han dado cuenta de que ya hay normas que entienden, que si se crea un orden ajeno a ellos no lo van a obedecer, y que tienen que estar incluidos en el sistema. Puede parecer muy romántico, muy sociológico, pero es lo que ha ocurrido en todos los países hoy desarrollados: no importaron el derecho sino que lo crearon desde abajo hacia arriba. Los sistemas democráticos de Occidente no son sistemas cuyo fin es electoral, la elección es la punta de la democracia; mas allá de eso la idea es crear normas que continuamente absorben la extralegalidad, porque todos los seres humanos cambiamos constantemente de costumbres y creamos productos nuevos, tenemos nuevas formas de darnos créditos, de financiarnos, de entendernos. Lo que ocurre en Occidente es que continuamente absorbe lo que nace de abajo, y en nuestros países, nuestros sistemas no están hechos para absorber nada, están hechos para privilegiar a legisladores y funcionarios públicos. Esa revolución occidental, la más profunda de todas, armoniza a las culturas con la ley y la obediencia a la ley, porque la ley obedece a las culturas.

P.: Enfrenta a las ideas de Max Weber...


H. de S.:
Un hombre sin duda excepcional, pero un gran racista. Ahora lo sigue en eso Samuelson. Ese imperialismo cultural es de fondo fascista y, además, no responde a la realidad.

P.: Otro tema que observa es cómo enfrentar a los monopolios...


H. de S.:
Los empresarios cuando pueden ser monopólicos tienen tendencia a serlo. Cuando pueden acumular riqueza y abusarse lo hacen sin pestañear. Lo que tienen que hacer los políticos es crear mecanismos para que esa tendencia cohesionante sencillamente no salga adelante. Y los políticos parecieran no saber lidiar, en nuestros países, con ese poder. En EE. UU. todo el sistema está dirigido a lidiar con la naturaleza como existe, en vez de decir «somos corruptos, somos concentradores, somos explotadores», se acepta que así es el ser humano y se construye una sociedad que corrige. La tendencia de los latinos es a decir: como dice Weber, somos ladrones, burocratones, vagos. El problema no es ése, es que no tenemos instituciones con las que podamos desarmar todo eso.

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