7 de mayo 2001 - 00:00

"En Venecia no imponemos límites"

Paolo Baratta.
Paolo Baratta.
La Bienal de Venecia, que abre sus puertas el 8 de junio, y con más de una centuria de historia, es el acontecimiento más importante del arte contemporáneo. Albergará «La pileta», una instalación de Leandro Erlich, y «Entre nosotros», una intervención urbana de Graciela Sacco, obras que conforman el envío argentino. Para presentar a estos dos artistas contemporáneos, Asuntos Culturales de la Cancillería alquiló un espacio en el Fondaco dei Tedeschi, un edificio del siglo XII que perteneció a los mercaderes alemanes, enclavado en pleno corazón de Venecia, sobre el Canal Grande y junto al Puente del Rialto.

De paso por Buenos Aires, el presidente de la Bienal Venecia, Paolo Baratta, un economista que fue ministro de Privatizaciones, Medio Ambiente y Comercio Exterior en tres diferentes gobiernos de Italia, conversó con este diario sobre su gestión. Sus antecedentes aportan una idea concreta sobre el nivel de exigencia que hoy demanda la gerencia de una institución cultural.

«No soy político», es lo primero que aclara Baratta. « Cuando terminé mis gestiones, me ofrecieron relanzar la Bienal, que atravesaba un situación difícil -agrega-. Ahora tenemos siete sectores: teatro, música, danza, cine, arquitectura, archivo histórico y artes visuales, áreas que por primera vez van a estar integradas, cada una con su curador

El módulo de las artes visuales, a cargo del curador suizo Harald Szeemann, se presenta con el significativo título de « El plató de la humanidad». Szeemann, crítico que ganó fama en 1972 con la Documenta V, cuando acuñó el concepto de «mitologías individuales», creó el modelo Aperto para la Bienal de Venecia y asegura el interés de la muestra.

«La diferencia de esta Bienal -señala Baratta-es que los curadores gozan de libertad absoluta, porque creemos en las libertades individuales. Este es el criterio.» Si bien el presidente de la Bienal tiene a su cargo el funcionamiento empresarial de esta institución (niega que pueda ser considerada una industria), explica con claridad la filosofía del acontecimiento: « Hubo épocas en las cuales una institución cultural imponía una línea, la ideológica dominante, pero ya no es así. Vivimos un momento de incertidumbre, pues aunque el arte era revolucionario, antes teníamos límites y todo parecía más ordenado. Ahora se borraron estos límites, coexisten las diferentes disciplinas, a la vez que los distintos individualismos. Esta pérdida de los confines genera expresiones interdisciplinarias».

Presupuesto

El presupuesto general de la Bienal es de 18 millones de dólares, y tan sólo para la muestra de artes se visuales, esperan alrededor de 300.000 personas. Parte de ese dinero se recuperará con las entradas, que se venden en todo el mundo a través del sitio en Internet. Y justamente, la mayor inversión en este año estuvo dedicada a la tecnología. Así, podrán exhibir una exposición virtual de arquitectura o recibir de los artistas un CD y proyectar sus obras con equipos de altísima definición.

El Estado italiano apoya la cultura con fondos especiales y una ley de incentivo fiscal, contribuciones que posibilitaron la delicada restauración de los edificios venecianos como el Arsenal y los teatros. Consultado sobre la complejidad de su trabajo,
Baratta observa: «Hay que ser emprendedor, tener experiencia administrativa y saber tratar con los artistas que, como se sabe, son temperamentales; ocuparse de las publicaciones, la restauración y la construcción; alimentar una empresa de comunicación y llegar siempre un minuto antes, nunca un minuto después».

Finalmente, y ante tanta exigencia,
Baratta confiesa un secreto que asegura su eficacia: «¡Me divierto!».

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