Ofuscado, el actual Secretario de Cultura Rubén Stella dijo ayer a este diario que no iba a hablar sobre el conflicto que su cartera mantiene con el Fondo Nacional de las Artes de Amalia Fortabat, que el martes reveló en primicia este diario y del que ayer se hicieron eco otros medios.
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El conflicto se inició cuando un ex sindicalista contratado por él, Gustavo Ludueña, despachó mails a varios diarios con presuntas quejas contra el FNA en cuanto al cumplimiento de sus tareas específicas. Stella, reunido con la señora de Fortabat, dijo en un primer momento desconocer a Ludueña, pero ayer ratificó públicamente que también él había «recibido quejas de los secretarios de Cultura de las provincias». A este diario le dijo que «más adelante» hablaría también sobre los telegramas que envió a casi todos los miembros de la Comisión de Museos, Monumentos y Lugares Históricos y a su presidenta, Liliana Barela, para anunciarles que cesaban en sus funciones.
El enérgico actor funcionario está decidido a renovar la Comisión, episodio que suscita hoy un encendido rechazo en el Parlamento, que considera «avasallada la institución». La inesperada actitud de Stella, quien según un vocero suyo acepta que fue un error anunciar que Juan Martín Repetto es el nuevo presidente de la Comisión, «está fundada en los decretos 25 y 821 firmados por Duhalde, que posibilitan destituir autoridades del anterior gobierno en todos los organismos del Estado».
Hasta la fecha, Duhalde firmó los nombramientos en el Fondo de Oscar Barney Finn, Diana Saiegh, Héctor Tizón y confirmó a Carlos Paz, pero no al resto de los directores y tampoco a Fortabat.
Luego de diez años en el Fondo, la presidenta y su equipo cosecharon llamados solidarios, inclusive de quienes en abril ejercieron presiones para destituirla y lograron decapitar medio directorio. Razones no le faltan a Fortabat para estar indignada. Si el Fondo demoró la entrega de becas y otras ayudas, fue porque el presidente Duhalde no firmaba el decreto nombrando al nuevo directorio. Además, cuando lanzaron la acusación, ya se habían otorgado estos beneficios, que se entregarán el martes próximo en un acto.
Entre los primeros apoyos a la gestión que recibió Fort abat, hubo dos muy significativos: el del ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, y el de su par coleccionista, la presidenta de la Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes, Nelly Arrieta, que algunos suponen su rival, pero que en conversación con Ambito Financiero, señaló: «Desde que Amalita y su equipo inauguraron esta gestión, el Fondo volvió a convertirse en un orgullo para el país. Me indigna que la ataquen». La Academia de Bellas Artes sumó adhesiones, al igual que un grupo de artistas encabezado por Josefina Robirosa, el subsecretario de Cultura, Rodrigo Cañete (hoy más que nunca enfrentado a su inmediato superior), el diputado Hugo Storero y los nuevos directores del Fondo, Saiegh y Oscar Barney Finn.
El presupuesto de 6,3 millones del Fondo, es nada comparado con los 56,6 millones que maneja la Secretaría de Cultura, pero mientras esta suma está comprometida y apenas alcanza para el pago de sueldos y servicios, el Fondo sólo gasta el 15% de sus recursos en funcionamiento. Codiciado por los funcionarios y operadores culturales, no es la primera vez que se intenta intervenir en el Fondo: los diputados Irma Parentella y Luis Brandoni impulsaron el año pasado una ley que permite engrosar su directorio. La Comisión de Monumentos, por su parte, es estratégica en determinar nominaciones que implican desgravaciones fiscales y la restauración de los bienes patrimoniales del Estado.
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