17 de febrero 2005 - 00:00

"Entre copas": brillante comedia con buenos vinos

Sandra Oh, Thomas Haden Church, Paul Giamatti y Virgina Madsen en «Entre copas», lúcida comedia de Alexander Payne.
Sandra Oh, Thomas Haden Church, Paul Giamatti y Virgina Madsen en «Entre copas», lúcida comedia de Alexander Payne.
«Entre copas» (« Sideways», EE.UU., 2004; habl. en inglés). Dir.: A. Payne. Int.: P. Giamatti, T. Haden Church, V. Madsen, S. Oh y otros.

"Entre copas" es lo más parecido a la película que hoy podría filmar Woody Allen si la fatiga de los años, y su egolatría, no lo hubiesen venido desgastando tanto. Este nuevo film de Alexander Payne («Las confesiones del Sr. Schmidt») es una comedia aguda, brillante y moderna, un Allen sin narcisismo, que lleva como protagonista a un intelectual neurótico y frustrado, capaz de distinguir todas las variedades del pinot noir o de escribir una indigerible novela autobiográfica, «con final a lo Robbe Grillet», pero imposibilitado de entablar, ni superficialmente, una relación con una mujer.

Ese hombre, Miles (excelenteinterpretación de Paul Giamatti) emprende un viaje por el valle de California con su ex compañero de escuela y amigo de siempre, Jack (Thomas Haden Church), que es exactamente su opuesto: jovial, irresponsable, tan poco interesado en literatura o en vinos como triunfador con las mujeres.

Para Jack, que se va a casar a la semana siguiente, será ese su último fin de semana de soltero,y se supone (Miles supone, en realidad), que ambos harán un pacífico viaje de camaradería, la mejor oportunidad para distanciarse de la ciudad y para que Jack, con la experta guía de su amigo, empiece a valorar los soberbios vinos californianos. No, como termina ocurriendo, para enredarse con dos mujeres (a las que eventualmente se podría sumar una tercera) a las que es necesario ocultarles la verdad.

• Identificación

Trama de enredos, sí, pero no rutinaria «comedia de enredos»: el guión de «Entre copas», llevado a la pantalla por una interpretación absolutamente creíble de todo su elenco (a los citados hay que añadir a la espléndida Virginia Madsen y a la dúctil actriz de origen coreano Sandra Oh) denota una lúcida observación de caracteres, fácilmente reconocibles y con los que el público podrá identificarse sin dificultad.

Esos personajes están complicados en una historia chispeante, en la que las sucesivas situaciones cómicas o dramáticas suelen venir acompañadas por una nueva revelación. Para la antología, la escena de la primera noche de los cuatro en casa de Stephanie, la muchacha coreana (la que le toca a Jack): mientras se escuchan los gemidos y suspiros de ambos en un dormitorio, Miles, en el living con Maya, todavía ni se animó a tomarle la mano, y cuando se atreve a besarla lo hace a destiempo, sin decisión, a contragusto.

Sin embargo, más allá de lo logrado de escenas como ésta y varias otras, lo realmente original de
«Entre copas» es la capacidad que tiene el libro, al igual que su puesta en imágenes, para extraer y exponer ante el espectador la interioridad de los personajes, a quienes muchas veces no les hace falta decir ni una palabra para que se entienda lo que están pensando, o padeciendo, o gozando. Para entrar en contacto con su intimidad sin la mediación del diálogo.

Es en ese lenguaje de los gestos, los silencios y los sobreentendidos, donde esta película es ejemplar. Una mirada de Miles, un arqueo de cejas de Jack, un desvío de ojos de Maya se cargan de significaciones. Y
Payne no deja pasar oportunidad alguna para que toda esa expresividad, esa riqueza, corra pareja con lo que representan el color, la temperatura o el sabor de un vino determinado, acaso uno de los mejores parangones para conocer el alma humana. Si los griegos decían que en el vino estaba la verdad, y Godard la encontraba en el cine, vino y cine juntos pueden ser hasta un exceso de verdad.

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