«Erase una vez en México» (One Upon a Time in Mexico, EE.UU., 2003, habl. en inglés y español). Dir.: R. Rodríguez.Int.: A. Banderas, S. Hayek, J. Depp, R. Blades, E. Iglesias, M. Rourke.
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En «El Mariachi», el chiste consistía en lo barato del presupuesto, y no mucho más. En «La balada del pistolero», la melena de Antonio Banderas danzaba en cámara lenta al ritmo de la música de guitarra española, como si fuera un comercial de shampoo de contenido ultraviolento.
Al lado de esas dos películas, «Erase una vez en México» es mucho mejor, lo que no impide que parta de un guión no sólo inexistente, sino también gratuitamente complicado. Ni que Salma Hayek no haga nada importante en el film, salvo aparecer en flashbacks, sueños y pesadillas (es que se la pasa muerta toda la película), o que las escenas con Johnny Depp estén muy aisladas del resto de la producción, ya que fueron rodadas todas juntas para permitir que el actor cumpla con otros compromisos profesionales. «Erase una vez en México» cuenta el fallido intento de golpe de estado preparado conjuntamente por un jefe narco, un militar enigmático y un conspicuo agente de la CIA. El Mariachi (Banderas) anda matando gente de todos estos bandos con la ayuda de dos colegas guitarristas (uno es el mismísimo Enrique Iglesias), y obviamente, como buen «hijo de México», terminará defendiendo la democracia (en la curiosa versión del director Robert Rodriguez).
El caos que rodea esta premisa argumental da lugar a una larga serie de sketchs totalmente fragmentados en estilo e intérpretes que en muchos casos son muy atractivos. Otros en cambio empeoran la confusión general sin aportar nada, y en este sentido las apariciones fantasmales de Salma Hayek -excepto una divertida y totalmente fantasiosa fuga en cadenas desde lo alto de un edificio-ocupan un metraje innecesario.
Lo mejor son las escenas con el agente de la CIA Johnny Depp, cuya noción de equilibrar las cosas en México es liquidar al cocinero que mejor prepara su platillo favorito. Este tipo de humor negrísimo abunda a lo largo de todo el film, y en realidad es más original que las remanidas escenas pirotécnicas ya vistas hasta el hartazgo en las películas anteriores de Rodriguez, que aquí por lo meno mostró mucho mejor gusto al momento de musicalizar el film.
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