15 de mayo 2001 - 00:00
"Es más una comedia policial que una biografía de Borges"
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Juan Carlos Desanzo.
J.C.D.: Desde chico venía leyendo a Borges. Me costaba, pero me encantaba ese placer casi musical que producen sus palabras. Cada vez que lo releo lo redescubro, y vuelve a divertirme. Y un día que estaba con mi guionista habitual, José Pablo Feinmann, que además fue alumno suyo, le dije, «Soy un paranoico como pocos. Como es un término que conozco bien, y me acompaña todos los días, quiero hacer algo sobre la paranoia de Borges en 1946, con el advenimiento del peronismo». Yo le hice el pedido, pero el libro es de él.
P.: El guión es de Feinmann.
J.C.D.: Sí, sólo que después lo hice más terráqueo. Como él es un intelectual de primera, salió un libro intelectual de primera, químicamente puro, de modo que lo bajé un poco para hacerlo accesible al gran público. No por razones pecuniarias, sino porque el cine necesita ser visto por un público grande. No entiendo el cine para elegidos, por eso tengo un estilo ortodoxo (no digo clásico o académico porque son palabras demasiado grandes). El resultado es una comedia de género policial, con algo de las novelas policiales y el cine de los '40, buscando eso mágico de las intrigas y las muertes absurdas, mechando elementos de «La muerte y la brújula», «La espera», «El Aleph», y otros cuentos, pero de tal modo que no sea necesario haber leído a Borges para disfrutarlo. Por supuesto, si uno lo leyó, mejor. Además, hay frases que saqué del más puro Borges, como el «sospecho que», o el irónico «soy absolutamente indigno», con las que Feinmann hizo unos diálogos casi matemáticos, que en boca de los actores...
P.: Eso, hablemos de la caracterización del personaje.
J.C.D.: Siempre se me apareció la cara de Solá, por el absoluto parecido, y porque es un actor incomparable. Pero no teníamos ningún registro del Borges de esa época, lo más cercano eran unos discos de los '50, que me dio Antonio Carrizo, pero nada para copiarle en la cotidianeidad. Entonces, Solá fue haciendo una construcción anticipatoria, bajándole esa cosa del tartamudeo, los defectos de la edad. El resultado es increíble. Si a eso le agregamos la actuación de Víctor Laplace, Norman Briski, que le pone sal, Roberto Carnaghi como el personaje de Pierre Menard, el inventor del Quijote, que hasta las comas respetó; Alicia Berdaxagar en el papel de la madre (¡27 años sin hacer cine, y lo bien que está!), Roly Serrano.
P.: ¿Es cierto que habían pensado en Jorge Asís para el papel de Argentino Daneri?
J.C.D.: Asís lo hubiera hecho perfecto, porque es un gran actor, lo veo a veces por tevé y es increíble. Pero me quedo con Víctor Laplace, que es un profesional, y hace un trabajo excelente... aunque, sí, claro, este Carlos Argentino Daneri también tiene moñito, chaleco, fantasía, anillos, es un Asís anticipado.
P.: ¿Cómo surgió lo de la distribución norteamericana?
J.C.D.: No les pedí nada, ellos la eligieron. Primero Buena Vista, que no pudo concretar por una razón contractual con otra empresa argentina, que quiere la exclusividad, y después la UIP, United International Pictures, lo cual me confirma cuando hablo del público. Dicen que Borges no es para el gran público. No lo puedo creer.
P.: ¿Qué película hará ahora?
J.C.D.: Quizás algo sobre la mafia de una estación de tren, o algo sobre Armando Bo. Lo quise mucho, lo vi morir en Los Angeles, me gustaba su vitalidad, su lucha. Pero todavía no sé qué película hacer. Recién estamos cambiando figuritas con el guionista. Lo seguro es que nunca más cometeré el pecado de hacer una biografía enciclopedista. Prefiero ilustrar un momento, y no un largo período de vida.




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