17 de enero 2002 - 00:00

España suspenderá la exportación de libros

Devaluación y recesión unidas representan el peor cóctel para el lector argentino: las editoriales españolas suspenden, por inviables, las exportaciones de libros a Buenos Aires. Este artículo del diario español "La Vanguardia" es muy crudo en ese aspecto. Como contrapartida, la posibilidad de un renacimiento de la edición argentina, al menos a estas alturas, parece tan lejana como utópica.

(17/01/02) Barcelona - Las editoriales españolas han suspendido prácticamente sus exportaciones de libros a Argentina, que supusieron unos 50 millones de dólares en el año 2000, según los últimos datos de la Federación de Gremios de Editores (un 10,4% del total de ventas de libros al extranjero). Esa es la primera repercusión clara del caos económico del país sobre la industria cultural española. La segunda son las reestructuraciones de los sellos locales que los grandes grupos -y algunas editoriales independientes-mantienen en el país.

El liderazgo del mercado editorial argentino se lo disputan Bertelsmann/Random House-Mondadori (Sudamericana, Plaza & Janés y Grijalbo) y Planeta (Emecé). Voceros de ambos grupos coinciden en calificar de «tremendas» las consecuencias de la crisis. En Random House denuncian «los constantes cambios de reglamentación aduanera y las modificaciones arancelarias, que hacen subir tanto los precios de los libros que vienen de importación que los convierten en invendibles. En concreto, nuestras exportaciones han caído un 80% y estamos modificando nuestros planes de futuro».

Unos planes de futuro que contarán con que lo único que va a poder venderse será el libro «made in Argentina», al contrario de lo que ha venido sucediendo con la dolarización, que hacía más barato importar libros que producirlos. El grupo Planeta, por medio de su consejero delegado, José Manuel Lara Hernández, sostiene que «llevamos en Argentina más de 30 años, y hay una voluntad de permanencia. Nuestra estrategia es a largo plazo».

Un portavoz resaltó que «tras situaciones muy malas, pueden vivirse otras muy buenas» y recuerda que «los grupos que cuentan, como nosotros, con editoriales argentinas pueden resistir mejor la tormenta».

Faustino Linares
, director de Random House en el Cono Sur, explica que «lo que no podemos seguir haciendo las editoriales es financiar librerías inviables. No somos bancos para los libreros; tenemos tantos problemas como ellos». De hecho, todas las editoriales contemplan o han aplicado ya planes de ajuste.

Sin embargo, aún hay quien ve la situación con optimismo. Para Guillermo Bargna, gerente de Alfaguara en Argentina, « probablemente las grandes tiradas del grupo Santillana, como los libros de José Saramago, podrán hacerse aquí y distribuirse en España», por el abaratamiento de la producción local.

Juan Cruz
, director de comunicación del grupo, afirma que «eso no tendría nada de raro» y resalta que su editorial, «que es argentina», no ha despedido a nadie. Otro efecto de esta crisis es que ha bloqueado de momento la venta de la editorial argentina Paidós al grupo Random House.

Jorge Herralde
, CEO de Anagrama, cuiya distribuidora local es Riverside, cuenta que «tengo mis libros almacenados a la expectativa. La situación es un caos, y la incógnita es si las cosas irán mal o peor. Peor están otros, pues a mayor inversión mayor estropicio». Antonio López Lamadrid reestructuró Tusquets Argentina, no sin dolor: «Hace 15 años que estamos en la Argentina, y ahora hay sólo 5 empleados. Es volver a empezar. No cerramos. Esperaremos un año a ver».

Los delegados de las editoriales cuentan que soportan con resignación el malestar antiespañol que hace surgir chistes como el que replica las declaraciones de Aznar en el sentido de que Argentina dio de comer a España hace 50 años. «¡Ahora quieren el postre!», dice la calle.

En un país que vive una atroz recesión económica que dura ya cuatro años,
la devaluación de un 40% de la moneda significa un certificado de muerte para el libro editado fuera del país. A diferencia de los años 60, cuando Buenos Aires dominaba el mercado editorial de habla hispana, hoy gran parte de los libros que se encuentran en las librerías son importados de España. Pero hoy comprar un libro importado es imposible, pues su precio está por las nubes.

Los argentinos han debido, pues, modificar sus hábitos. El otrora despreciado libro en rústica se ha impuesto sobre las ediciones con encuadernaciones más consistentes, ya que los primeros cuestan la mitad. El 90% de los 73 millones de libros vendidos el año pasado fueron en rústica.

Las medidas económicas del nuevo Gobierno tampoco ayudan. En las aduanas se apilan miles y miles de libros españoles que nadie retira porque exigen el pago en billetes contantes y sonantes, que nadie tiene porque están congelados en las cuentas bancarias.

En el país, según la Cámara Argentina del Libro, se encuentran registradas 1.669 editoriales que a priori serán beneficiadas con la devaluación de la moneda... pero la realidad indica todo lo contrario. Sin poder remitir divisas al extranjero, es imposible pagar derechos de autor o hacer cualquier tipo de convenios con editoriales extranjeras. En Argentina, durante el año pasado, se tradujeron 982 títulos del inglés, 155 del francés y 144 del italiano. Si persisten las medidas económicas, la traducción no será más que un recuerdo.

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