15 de enero 2014 - 12:30
“Ésta no es una obra para una elite de privilegiados”
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Después de ficciones de TV como “Tratame bien” o “Farsantes”, Daniel Barone vuelve a dirigir a Julio Chávez en la pieza teatral “Red” y ya se prepara para hacerlo en el film “Insepultos”.
D.B.: Es un largometraje, con guión mío, titulado "Insepultos". Lo vamos a filmar en Purmamarca. Narra el encuentro de un padre con su hijo, de la pérdida del mismo y de su posterior reemplazo en el plano imaginario. Es una historia bastante dura que comienza como un drama y luego se transforma en un thriller más metafísico que psicológico.
P.: Hablemos del gran Rothko que definió al arte como "un medio de acceso directo a un terror bestial y al sufrimiento, en el corazón mismo de la existencia humana".
D.B.: Es un personaje lleno de contradicciones y con un ideal artístico muy elevado que humanamente está llegando al de su vida y de su carrera. La pieza es el "aquí y ahora" de un artista que siente que lo acecha la muerte simbolizada en el color negro. El dice: "Hay una sola cosa a la que le tengo miedo... un día el negro se tragará al rojo". La obsesión por esa presencia, la lucha con respecto a su pérdida de la fuerza vital hace que él mismo acelere su proceso de destrucción. Como si corriera luego de ser picado por una serpiente, lo que precipita el efecto del veneno. La pieza ubica su quiebre el día en que va al Four Seasons y decide retirar su obra de allí. Ese proceso propicia una recorrida por su vida y por su recorrido artístico.
P.: ¿Ken es un personaje ficcional?
D.B.: Sí y no solo encarna al asistente, también ocupa el rol de hijo y también el de la nueva generación de artistas que Rothko desprecia por su falta de profundidad. La obra está basada en un montón de biografías y ensayos. Y a mi juicio el autor logra una obra muy dinámica e inteligente. El ego del artista genera situaciones muy cómicas (cuando despotrica contra Jasper Johns, Robert Rauschenberg y Andy Warhol), pero la intensidad con que se conecta con sus creaciones despierta una gran emoción. Todo es muy intenso.
P.: Los amantes del arte van a disfrutar de las teorías de Rothko, de sus ataques al cubismo ("lo pisoteamos hasta matarlo"), de sus reflexiones sobre la creación y de su desprecio por el arte pop. ¿Qué va pasar con el público ajeno al mundo de la plástica?
D.B.: En la adaptación que hicimos con Julio y Gerardo, cuidamos que el material llegue al público sin pretensiones. Rothko trabaja como un obrero y se expresa con una claridad que no deja afuera nadie. La intención fue ésa, no subestimar al público. Mostrar a un artista plástico en acción o la vida de un músico clásico no son temas para una elite de privilegiados. Ningún espectador va a tener inconvenientes para seguir la obra, ni para entender lo que dicen y sienten sus personajes, aunque citen a grandes figuras del arte moderno. Esta es una obra de dos personajes, no es la biografía de Rothko. Es el vínculo entre dos humanidades: un joven y un tipo más grande; un maestro y su alumno, alguien que se recién llega y otro que va camino a su final.
Entrevista de Patricia Espinosa


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