8 de agosto 2002 - 00:00

Estudiantina con divas

Estudiantina con divas
«8 mujeres» («8 femmes», Francia, 2002; habl. en francés). Dir.: F. Ozon. Int.: C. Deneuve, I. Huppert, E. Beart, D. Darrieux, F. Ardant y otras.

"8 mujeres" es lo más parecido a la obra de fin de curso que podría representar un grupo de egresadas de arte dramático, sólo que con estrellas en lugar de aficionadas. Hasta pueden imaginarse a los familiares en la platea, y aunque en su caso sea una parentela planetaria la diferencia no es mucha. Están Deneuve, Ardant, Darrieux, Béart, Huppert... con Isabelle Adjani y Jeanne Moreau la división estaría completa. Hasta Romy Schneider aparece en una foto.

A medida que transcurre la pieza (cuyo origen teatral en una olvidada obra de boulevard de los '50 no sólo no está disimulado sino potenciado, inclusive todas saludan después de caer el telón «virtual»), cada una de ellas, con la guía de un director al que no cuesta presumirlo rojo de orgullo por haberlas reunido, le muestra al público lo que mejor sabe hacer. Desde luego, a ninguna François Ozon le escatimó su «pezzo di bravura», incluyendo ese refocilo lésbico, por el suelo, de Fanny Ardant y Catherine Deneuve.

Y todas cantan, mal o bien, cómodas o incómodas: esa fue la condición ineludible. Si Isabelle Huppert, a quien nada le sale mal, luce altiva y segura al piano, y si Danielle Darrieux llega a emocionar con una postrera melodía sobre letra de Louis Aragon, hay otros números, como los de Deneuve, que parecen los menos afortunados de algún programa musical de los sesenta, del estilo «Casino Philips». Por no mencionar al de Roberto Galán. Pero qué importa: aquí todo es diversión, homenajes y parodia. Sobre todo parodia, ese recurso del que tanto se abusa hoy cuando no hay demasiado que decir. En principio, esta es una película policial de intriga, al estilo inglés. El único hombre de la película, al que sólo se ve fragmentariamente, ha sido asesinado, y la sospechosa se oculta entre las ocho mujeres de la casa. Sin embargo, aquel espectador que vaya en busca de alguna Miss Marple francesa, que resuelva un asesinato mientras come brioches en lugar de scons, saldrá decepcionado (quien vaya en busca de otra cosa quizá también).

Definitivamente, «8 mujeres» no es «Gosford Park», esa obra casi maestra de Robert Altman. Tampoco tiene la gracia e ingenio de «Conozco la canción» de Alain Resnais ni de «Todos dicen te quiero» de Woody Allen, dos audacias con música en los años de la muerte del cine musical, ni se entrega (por fortuna en este caso) a los dislates snobs de «Bailarina en la oscuridad» de Lars von Trier, también con la múltiple Deneuve, quien por lo menos ahora está en su medio y con un papel que le cuadra, aunque sus años de señorita de Rochefort o de Cherbourg hayan quedado tan lejanos como el paladar de los tiempos por esa forma de cine.

En realidad, cuesta saber qué es «8 mujeres»: si un incondicional tributo a las diosas francesas, si un potpourri de géneros tomados a la liviana, o si una enorme tomadura de pelo. Tal vez la historia del cine la recuerde como la primera mezcla de «El asesinato del Orient Express» con «Ritmo, amor y fantasía», o como la desconcertante versión cómica, musical y policial de «La casa de Bernarda Alba». O quizás, por qué no, como un acto hostil de François Ozon hacia la malsana envidia de colegas mayores como Franco Zeffirelli, que nunca en su vida logró reunir semejante orgía de adoración simultánea.

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