27 de marzo 2002 - 00:00

E.T. llama a casa otra vez

Escena del film
Escena del film
«E.T. 20° aniversario» (E.T. 20° Anniversary», EEUU, 1982-2002, dobl. al esp.) Dir.: S. Spielberg; Int.: H. Thomas, D.W. Stone, R. MacNaughton, D. Barrymore, P. Coyote.

H aga la prueba. Si les pregunta «¿cuál fue la primera película que viste en una sala de cine?», casi todos los veinteañeros responden «E.T., me llevaron mis viejos». Sus padres pueden citar alguna de Walt Disney, y también sus abuelos. Hábil para los negocios, el viejo animador les había inventado algo así como una tradición familiar, relanzando sus clásicos cada diez años. Steven Spielberg le tomó el pulso, y ahora hace lo mismo. Relanza «E.T.», para que los jóvenes padres inicien a sus hijos. No es mal debut. Esta historia de grandes sentimientos infantiles hay que verla en pantalla grande, con los colores a nuevo, y la música a pleno, como corresponde.

Y como corresponde a todo clásico infantil, la obra sigue siendo igual a sí misma. Los únicos cambios perceptibles a simple vista son una breve escena en la bañera, con algo de cómico suspenso, y el reemplazo digital del armamento policíaco: en vez de lógicos revólveres, ahora todos empuñan walkie-talkies. Otros cambios (ciertos movimientos de cámara o muñeco, un brillo, algunos segundos o alguna figura más, etc) son apenas perceptibles para ojos entrenados, ese tipo de arreglos que llevan días, y que solo interesan a algunos obsesivos. En verdad, a los chicos nunca les importó si el muñeco parecía un muñeco, o si la capa no se movía al viento, ni les importa. La imaginación de cualquier niño suple fácilmente esos detalles (¿cómo hubieran sobrevivido, sino, tantos «etés» truchos que proliferaron en los '80?).

Pero, en fin, Spielberg también es una criatura. Corresponde entonces respetar su juego, y aprovechar a disfrutarlo, ya que está como nuevo. Lástima que acá venga doblado al castizo, y solo la vocecita que le tocó a Drew Barrymore cause gracia.

Dicho sea de paso, en su momento algunos pusieron el grito en el cielo, creyendo ver una profanación de la catequesis (el petiso viene del cielo, hace milagros, muere, resucita, etc), pero lo que el público general ha visto, y sigue viendo, es otra cosa: una buena fábula de entendimiento entre los seres.

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