19 de marzo 2002 - 00:00
Ética y poesía hicieron de Grippo un artista ejemplar
-
Laboratorio IMPULSAR: el programa federal de la Academia de Cine y Netflix que apuesta por talentos emergentes
-
"La Argentina de Francisco": el Vaticano presenta un documental sobre la vida de Jorge Bergoglio
Víctor Grippo
Grippo se interesó por las relaciones entre el arte y la ciencia, y más adelante, por la revalorización de los oficios como espejo de la creatividad humana. «Sin pensarlo, fui articulando algunos símbolos: los alimentos del hombre, la energía y la rosa, los desequilibrios y las consecuentes transformaciones, para contribuir en algo al fuego renovador que no siempre significa cambio, si no hay conciencia de lo conservable.» Esta observación expresa el sentido de su obra.
«Analogía I», una de sus obras de los años '70, realizada con madera, pintura, circuitos eléctricos: cuarenta papas ubicadas en otras tantas celdillas de madera, y unidas por electrodos de cobre y zinc que permitían medir la energía de los tubérculos por medio de un voltímetro, que se integraba a la obra. Un texto señalaba que la electricidad generada por las papas, era similar a la producida por la conciencia del ser humano: una ampliación de la función cotidiana de los tubérculos y la mente del hombre. Sin embargo, la elección de la papa no era arbitraria: es un producto de origen sudamericano, que los europeos conocieron a mediados del siglo XVI y revolucionó su dieta.
En obras posteriores, Grippo salió al rescate de antiguas manualidades como «Algunos oficios», un homenaje al herrero, al albañil, al agricultor y al carpintero.
En 1979, inicia su serie de «Valijas», con rosas disecadas, espejos y escrituras sobre plomo. En la muestra «Hermano Fuego» (1983) basada en un poema panteísta de San Francisco, Grippo expuso el elemento fuego como dador de vida y fuente de transformación. Sus «Máscaras» encarnaban el misterio de lo transformable. Ni viva ni muerta, ni triste ni alegre, era un rostro del país: en la boca tenía una rama de rosas, con espinas, en una clara alegoría a la realidad política y social.
A comienzos de los '80, «Vida, muerte, resurrección», señaló el tema de la incesante generación y regeneración de elementos naturales y seres humanos. Grippo buscó jerarquizar lo simple, lo cotidiano, pero siempre convocando lo poético, como una parte inefable del espíritu humano. «Cercando la luce» (En busca de la luz), en 1989 reunió siete obras en yeso vinculadas con el paso del tiempo y los credos religiosos, la posibilidad y el anhelo de conciliación entre hombre y Naturaleza.
En los años '90, Grippo continuó la serie «Equilibrios», e inició los «Desequilibrios», dos discursos paralelos y complementarios sobre el antiguo dilema entre razón y sensibilidad.
En 1993, presentó en el Museo de Tokio (The Stripped House), «La comida del artista», con sus significaciones sociales, culturales y éticas. «Mesas de trabajo y reflexión» fue otra vuelta de tuerca a las ideas esbozadas en su obra anterior.
La riqueza de la obra de Grippo, reconocido como pocos artistas argentinos en Europa, es indiscutible: son prueba de ello sus últimas mega-exhibiciones en la Ikon Gallery de Birminghan y en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas -donde había expuesto con el Grupo CAYC en 1977-. Reivindicó las leyes de la Naturaleza, los alimentos, los utensilios, los oficios, y postuló que América Latina debía buscarse a sí misma en su propia cultura y sus propios hábitos, si deseaba existir en plenitud.


Dejá tu comentario