29 de noviembre 2004 - 00:00

"Eva Perón", 30 años después

Alejandra Flechner, extraordinaria Eva de la versión argentina.
Alejandra Flechner, extraordinaria Eva de la versión argentina.
Atracción, desconcierto y algunos enojos discretos fue lo que provocaron las dos versiones de «Eva Perón» ofrecidas en el marco del Festival Tintas Frescas. Debieron pasar más de treinta años para que la pieza de Copi (Raúl Damonte Taborda, Buenos Aires 1939, París 1987) fuera recibida por el público porteño como lo que es: una farsa delirante y macabra que se burla de ciertos aspectos de la idiosincrasia argentina y de su peculiar relación con el poder político.

La obra fue escrita en francés y en su estreno parisiense -el 2 de marzo de 1970- un pequeño grupo de extracción peronista dañó seriamente el teatro donde se representaba. Pero eran otros tiempos. Tal vez la peor afrenta de aquella primera versión fue ver a Evita interpretada por un hombre (el actor Facundo Bo). A esto se sumó el hecho de que leída literalmente, la pieza de Copi parece un compendio de latiguillos gorilas. A Eva se la muestra en la intimidad como una mujer ambiciosa y combativa, que se debate furiosa entre los titubeos de su marido, la grosera codicia de su madre y el cáncer que la carcome, mientras que Perón aparenta ser un hombre pasivo e indiferente y un actor consumado que sólo brilla en los actos públicos. Sin embargo, la clave de la obra se centra en una idea genial y descabellada que le aporta al material una inquietante carga metafórica (de allí el desconcierto de algunos espectadores). En su versión de la historia, Eva no muere, sino que opta por asesinar a su enfermera para que ésta ocupe su lugar de muerta venerada, mientras ella se escapa del país. Lo que hizo Copi fue mezclar lo verdadero y lo falso, renunciando a la realidad histórica en forma deliberada.

• Riqueza

De las dos compañías que abordaron la obra, el elenco francés fue el que recibió los mayores aplausos y elogios. A la riqueza de contenidos que exhibió su puesta se sumó la labor de un elenco de gran nivel. El actor y director Marcial Di Fonzo Bo (sobrino de Facundo) creó una puesta de clima onírico que explotó al máximo el tono de mascarada que propone el autor; además de desempeñar el papel de Eva con una vitalidad desbordante y muy masculina, de ribetes trágicos y completamente alejada de la caricatura travesti. Aun así quien se llevó todas las palmas fue el carismático actor Pierre Maillet (la madre).

Por su parte, Gabriel Correa -en su debut como director-se mostró algo indeciso en el abordaje de este polémico material. Llevó a sus actores hacia un tono farsesco pero no incluyó ningún signo escénico que enriqueciera el guión dramático. Esto hizo que quedara más en evidencia la estructura algo endeble de la obra. Tratándose de una fantasía extravagante y no de una mera comedia con visos realistas, se requería de un ritmo mucho más arrollador, de una acción más compleja y una mejor utilización de la impactante escenografía de Daniel Santoro.

En compensación, la extraordinaria labor de Alejandra Flechner (la intéprete ideal para el rol de Eva) llevó a la escena toda la furia, el dolor y la desmesura que se presuponen en este personaje. Tierna y odiosa al mismo tiempo, su criatura alcanzó momentos sublimes en su lucha contra la muerte, mostrando además un gran compromiso físico. Dueña de una voz portentosa, Flechner alcanzó todos los registros posibles, desde el procaz insulto arrabalero hasta el susurro más sensual y arrebatador (la escena en que convence a la enfermera de que se ponga uno de sus vestidos fue de antología). El resto del elenco brindó una acertada elaboración de sus respectivos personajes, en especial María Inés Aldaburu como la patética madre de Eva y Horacio Acosta quien recreó a un Perón torpe y desorientado. Es muy probable que este elenco continúe sus funciones en el Centro Cultural de Cooperación o en alguna otra sala porteña. Copi fue un absoluto iconoclasta, un artista irreverente que ya muy enfermo decidió burlarse de su propia muerte en una piezas («Una visita inoportuna», estrenada en el teatro San Martín en 1992). Así como en «Cachafaz», se ensañó con el machismo rioplatense imaginando un conventillo de cuchilleros y travestis, en «Eva Perón» no buscó destruir el mito sino reírse de aquellos que se lo tomaron demasiado en serio.

Dejá tu comentario

Te puede interesar