Excelente función matutina ofrecieron el domingo en el Teatro Colón, la Cinemateca Argentina, la Banda Sinfónica Nacional y el Coro de Ciegos, en un programa que merecería repetirse. Se trata de la partitura original del clásico de Carl T. Dreyer, «Juana de Arco», una película tan famosa como maldita, que esta vez se proyectó en una copia impecable enviada por la Cinemateca de Bologna.
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Producción francesa de 1927, justo cuando se estaba discutiendo la beatificación de la doncella, quemada viva por obispos de otros tiempos, la película sufrió varios problemas de censura, y la casi inmediata quema de su negativo, a más de abundantes acusaciones de parcialismo y esteticismo extremo.
Sorprendían especialmente sus primeros planos, sus blancos radiantes, las expresiones infames de los actores que hacían de obispos, y el rostro sufriente de la protagonista, Maria Falconetti, que años después moriría casi olvidada en Argentina, donde la obra se conoció inicialmente como «El martirio de Juana de Arco».
En 1984, la Cinemateca de Bologna logró su restauración casi completa, que es lo que ahora se vio, en un proyector especialmente adaptado a la velocidad de esa época. Quedaba, sin embargo, la cuestión del fondo musical, ya que entretanto se habían impuesto otras partituras, incluso a pesar del propio Dreyer. La original, de Léo Pouget y Victor Allix, estaba en la Cinemateca Argentina, y es la que, tras largos años, pudo escucharse este domingo: una dramática introducción coral, unos comentarios de órgano, campanas, y bronces, a veces en crescendos llenos de fuerza, y un detalle curioso para los oídos modernos: los silencios entre escena y escena.
Cabía por ahí la tentación de estirar unos compases, para sincronizar, por ejemplo, con el cierre de una puerta, y el comienzo de otra situación. Pero los músicos fueron harto rigurosos. Los silencios sonaron a pleno (y -detalle admirablenadie oyó entonces ni un solo ronquido, y eso que muchos de los presentes estaban despiertos desde las dos de la mañana). Debería repetirse.
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