4 de septiembre 2002 - 00:00

Exceso de histrionismo desluce ambigua comedia de Shakespeare

Miguel Guerberof
Miguel Guerberof
«Para todos los gustos» de W. Shakespeare. Trad.: N. Cervi. Versión y Dir.: M. Guerberof. Int.: H. Acosta, C. Peterson, V.Silva, C. Nacarato, A. De Michelis, G. Chantada, C. Lipsic, J. Montú, C. Da Silva, D. Cosín. Mús.: A. Claiman. Vest. Y. y N. Cervi. Esc.: C. Lipsic. (Sala «El Ombligo de la Luna»)

"¿Olvidas, acaso, que soy una mujer? No puedo pensar sin hablar" declara, burlona, la heroína de «Para todos los gustos». Ironías como ésta abundan en las comedias de Shakespeare, pero lo que aquí sorprende es el alto grado de ambigüedad sexual que el autor ha deslizado en sus criaturas. Empezando por Rosalinda, la hija del viejo duque, quien además de burlarse del sexo opuesto y de poner a prueba a su enamorado, disfrazada de hombre, mantiene con su prima Celia una relación lésbica, propia de dos adolescentes que aún no han definido su identidad sexual.

Al ser desterrada por su tío, el duque Federico, Rosalinda decide huir con su adorada Celia al bosque de Arden, donde su padre se ha refugiado junto a algunos cortesanos después que su hermano le arrebatara el trono. El lugar es una especie de Arcadia que hace que los malos se vuelvan buenos y que los ricos, prendados de ese ambiente bucólico, quieran vivir como pobres. Desde luego, se trata de una humorada del autor, quien a través de esta comedia se burla del género pastoral y de aquellos que idealizan la vida primitiva.

Por otra parte, Shakespeare sabía que «las maneras del campo hacen reír en la corte» (y también en la ciudad) y para demostrarlo echó mano a una inefable galería de bufones y campesinos palurdos, a cual más disparatado.

Debate

En «Para todos los gustos» («As you like it» en el original), todo el mundo se pone a debatir acerca de los pro y los contra de vivir en el campo o en la corte y, además, se habla mucho del amor, el matrimonio, las debilidades del sexo opuesto y el paso del tiempo. Pero, este nivel de lectura quedó totalmente opacado en la puesta de Miguel Guerberof, que exacerba al máximo el histrionismo de los actores, descuidando la continuidad y coherencia narrativa de la pieza, cuya trama original es bastante simple.

En sus anteriores puestas de
«Cuento de invierno» y «Todo está bien si termina bien», Guerberof demostró que para abordar a Shakespeare en clave de comedia resulta casi indispensable apelar a un humor festivo, desprejuiciado, cargado de erotismo y hasta si se quiere amoral. Pero, aquí, las sutilezas y ambigüedades del texto shakespeareano han perdido fuerza ante la andanada de gags (excedidos en muecas, contorsiones y manoteo a genitales) que fragmentan la obra y entorpecen su lectura.

Aún tratándose de un elenco de muy buenos intérpretes, cabe concluir que su desempeño se ha visto perjudicado por la confusa multiplicidad de roles a su cargo y, por depender de una lectura escénica algo ingenua y ramplona. Aún así cabe destacarse la labor de
Horacio Acosta, en el doble rol de Touchstone/Silvio, que logra resumir con muy buenos recursos la propuesta del director.

Para poder disfrutar de la colorida trama de equívocos, intrigas palaciegas y pares de opuestos que ofrece «Para todos los gustos», sería aconsejable una lectura previa del texto.

Dejá tu comentario

Te puede interesar