Montevideo - Personalidad misteriosa y rara, la del músico francés Eric Alfred Leslie Satie, que vivió a caballo de dos siglos, el XIX y el XX. Satie se instala ahora con su música intimidante y revolucionaria de ideas por espacio del algo más de una hora en el escenario del Teatro Solís de Montevideo en una ceremonial que entrelaza sus composiciones pianísticas, el relato de su existencia disoluta pero creativa y las vivencias de su hermana Olga, también pianista y amante de la música, en el Buenos Aires de los exiliados de la posguerra europea. El espectáculo tiene una atmósfera de profunda melancolía, que recorre tanto los textos documentales y poéticos que ilustran la época como así también las piezas para teclado del músico azotado por la cirrosis que lo llevó a la muerte en el París de 1925.
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Entre la ternura y la excentricidad, el espectáculo está ambientado con un piano, varios atriles, sillones y objetos indicios de la época. En primer lugar se escuchan, entre otras composiciones, las «Gymnopédies» de uno a tres; las «Gnossienne» (3, 4 y 5), el valse-ballet; el vals-lente «Je te veux»; « Meditation» e «Idylle» (de Avant-derniére Pensées); «Marche fúnebre» (de Embryons dessechés) y «Désespoir agréable», donde la subversión de los contenidos y los títulos extraños se adaptan a formas tradicionales y a veces frívolas del piano de cabaret.
Marcela Roggeri, pianista de impecable tecnicismo, logra con su toque delicado conjugar el halo del tiempo de Satie con la elegancia de las melodías surgidas de su ingenio desbordante. En castellano, y a veces en francés, la voz de China Zorrilla enmarca la música estableciendo una corriente emotiva que completa la presencia de Jean Pierre Noher en un trío exquisito para literatura y piano. A las referencias biográficas de Eric y Olga Satie, el actor agrega, con una entonación profundamente expresiva poemas de Jacques Prévert, Apolinaire y Jean Cocteau, escritores vinculados a la figura evocada.
La puesta en escena del espectáculo ideado y con dirección general de Marcela Roggeri, fue diseñada por el mismo Noher con énfasis tanto en la sutileza de la música y la palabra como en la actitud, evitando todo tipo de divismo actoral para exaltar el valor del material literario y la emoción que transmite.
Marcela Roggeri hace lo mismo desde el piano, dejando de lado la preeminencia de su magnífico toque y la altura de sus antecedentes para adaptarse humildemente a los requerimientos de un trío de bellas voces ensambladas.
La belleza del recién restaurado Teatro Solís (que está cumpliendo 150 años) y el respetuoso silencio de una platea cautivada también son elementos clave en «Satie y los otros». A manera de bises, un tango con ritmo de habanera del mismo Satie, con letras dichas por Noher y ejecutado por Roggeri, más algunas de las innumerables y encantadoras anécdotas de Zorrilla referidas al músico y a ella misma cerraron esta ceremonia de manera ejemplar.
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