24 de julio 2006 - 00:00

Fader, estrella de su tiempo, aún cotiza bien

El paisaje mendocino fue un motivo recurrente en Fernando Fader, algunas de cuyas obrasse vendieron en más de u$s 400.000, pero aún pueden conseguirse dibujos o pinturas porentre u$s 1.000 y u$s 20.000.
El paisaje mendocino fue un motivo recurrente en Fernando Fader, algunas de cuyas obras se vendieron en más de u$s 400.000, pero aún pueden conseguirse dibujos o pinturas por entre u$s 1.000 y u$s 20.000.
Nacido en Bourdeos, la tierra del mejor vino, quiso el destino que cuando contaba tres años, los padres de Fernando Fader lo llevaran a Mendoza, tierra que siempre el artista consideró como propia. «Soy mendocino» afirmó en un reportaje de 1924.

Su padre, Carlos Fader, fue el primero en explotar de manera orgánica los recursos petroleros de Mendoza (en la región de Cacheuta) y tenía decidido para su hijo un destino de ingeniero. En principio, lo envía a estudiar primaria y secundaria a Francia y Alemania; pero cuando cumple 18 años, el incipiente artista le manifiesta a su padre que quiere ser pintor. Este lo convence de tomarse un año de meditación, recién al cabo del cual, le dijo, debía tomar una decisión. Cumplido el plazo, Fernando le envió un telegrama donde decía simplemente «Persisto».

Tras estudiar en Munich, en 1905 regresa a Mendoza, donde la sociedad local no compraría sus cuadros ni la encargaría retratos. Sólo lo apoya Emiliano Guiñazú, quien le hace pintar unos murales en su casa de veraneo a 25 kilometros del centro en Luján de Cuyo. El artista tiene como ayudante a la hija de su mecenasy al año siguiente se casa con ella.

En Buenos Aires expone durante tres años, con gran éxito de crítica y nada de ventas. Luego se dedica cinco años a terminar la represa hidroeléctrica que comenzó su padre, pero fracasa y quiebra. En 1915 conoce a Federico Muller, quien será su marchand durante 20 años, y se radica en Loza Corral, a cien kilómetros de la ciudad de Córdoba. Allí realizó sus maravillosas obras que eran las vedettes de cualquier remate en Buenos Aires, y que eran vendidas rápidamente por su representante en todas las exposiciones que realizó.

Cuando muere, las 321 obras inventariadas por Muller y la viuda del artista son expuestas en julio de 1935. Toda su producción puede estimarse en cerca de mil obras entre óleos, acuarelas, tintas y lápices. En vida fue el artista más cotizado de la Argentina (únicamente Cesareo Bernaldo de Quirós tuvo un éxito similar mientras vivía).

  • Demanda

    Para cualquier galería o casa de subastas, las obras de Fader eran oro en polvo. La demanda siempre superó a la oferta (con la única excepción del año 1935), lo cual contribuyó a que su cotización haya ido registrando un aumento que puede estimarse en mil por ciento en dos décadas. Algunas obras de Fernando Fader se han vendido en forma privada en más de 400.000 dólares, pero aún se puede comprar algún dibujo en mil dólares y algunos paisajes en veinte mil.

    La falta de obras suyas de calidad en el mercado ha contribuido a que hoy quizás no sea el más cotizado. Tan solo una decena de obras aparecen en el mercado de subastas, que siempre está buscando su firma. La casa Saráchaga acaba de vender en 140.000 dólares una obra que era ofrecida en 90.000 hace diez meses en una feria de anticuarios en el Palais de Glace y la misma firma vendiótambién un paisaje mendocino de 1908 en casi 50.000 dólares.

    La numerosa colección que se encuentra en la casa de Emiliano Guiñazú en Luján de Cuyo (hoy mal llamada Casa de Fader) fue comprada a un coleccionista de apellido Hoffman hace ya 50 años, y permite un buen panorma de su arte. Pero la preferida por los especialistas quizás sea la colección del Museo Castagnino de Rosario donde está la fabulosa serie llamada «La vida de un día»: son ocho obras que retratan la casa del artista reflejando los cambios lumínicos durante las 24 horas, a la manera de su admirado Claude Monet.
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