El cine pone la lupa en la guerra FBI vs. Luther King

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La película de Sam Pollard expone los trucos sucios de J. Edgar Hoover, cabeza del "Bureau", para desacreditar al líder negro y el consenso que tuvo.

El documental “MLK/FBI” (El FBI contra Martin Luther King), de Sam Pollard, se encaramó al noveno lugar entre las películas más vistas en los cines estadounidenses en lo que va del año (y dentro de los límites que impone la pandemia). Exhibido con éxito en algunos festivales, como el de San Diego, en estos momentos está siendo negociado por varias plataformas que quieren llevarlo a su grilla. De acuerdo con la crítica, el film revela algunos aspectos poco conocidos de la guerra sucia que llevó adelante el todopoderoso J. Edgar Hoover, cabeza del FBI por casi medio siglo, contra el líder de los derechos civiles de la población negra, pero lo que más sorprende es la enorme adhesión ciudadana que tuvo Hoover en esta causa, a la que una enorme cantidad de estadounidenses consideraba justa. Además de histórico, el documental se propone graficar cuánto de aquel racismo pervive en la actualidad.

El esfuerzo del gobierno, a través de Hoover, fue chantajear, desacreditar y debilitar a King mediante la publicación de sus infidelidades matrimoniales, que empleó en más de una ocasión como un arma. Y justamente en este aspecto fue donde el jefe del FBI obtuvo la mayor adhesión de la opinión pública. Ningún líder que engañe a su mujer, se afirmaba, tiene estatura moral para luchar por los derechos civiles.

Pese a que la película sigue al libro de David Garrow “The FBI and Martin Luther King, Jr.”, el guión cobra la suficiente independencia para trazar un esquema de este enfrentamiento con proyecciones al presente. Se trata, como expresó otro crítico, de “un absorbente testimonio de activismo negro desafiado por las autoridades y construido sobre los valores de aquella época, con testimonios contemporáneos y narración en off. Las piezas documentales comprenden desde el célebre discurso “Tengo un sueño” (“I have a dream”) de Luther King en la Marcha del Millón en Washington, hasta numerosos fragmentos de otros discursos, confrontaciones en la Casa Blanca, y conversaciones telefónicas que vieron hace poco la luz. El film recupera la imagen que tenía el FBI en aquellos tiempos: una organización heroica lista para eliminar peligros, en especial comunistas, allí donde aparecieran. La aparición de Martin Luther King vino a chocar contra esa imagen, por lo cual Hoover desesperó por aplastarlo cuanto antes. En el film se escucha el testimonio de la historiadora Beverly Gage (autora de “El día que explotó Wall Street”), quien señala que el jefe del FBI temía la aparición de un “Mesías negro”, lo cual lo llevó a rotular a Luther King como el “más peligroso negro en los Estados Unidos”). Pero también eso fue difícil de demostrar, ya que la lucha del líder de los afroamericanos se guió siempre por la idea de la no violencia, al revés que otros líderes más radicalizados, aunque menos populares, como Malcolm X.

Hoover buscó, en consecuencia, caminos alternativos para desacreditarlo, que tuvieron que ver con su conducta sexual. Una de las cintas telefónicas más bizarras, obtenidas por los agentes de Hoover, da cuenta de que King fue testigo de una violación masiva, y no hizo nada por detenerla. El film no trata de exculpar al líder negro de algunas de sus miserias privadas, sino que subraya el empleo que hizo Hoover de ellas, basándolas en la idea racista de la sexualidad negra..

Según lo que afirma el guión, el momento clave en que el gobierno de Lyndon B. Johnson apoyó decididamente a Hoover en su cruzada fue cuando el activismo de King se enfocó contra la guerra de Vietnam. Hoover vinculó entonces a King con el abogado comunista Stanley Levison, grabó todas sus conversaciones telefónicas, y sembró de infiltrados su círculo más privado, incluyendo a los fotógrafos Ernest Withers y James Harrison, que se convirtieron en informantes. Esa campaña llegaría a fabricar una carta falsa, enviada a King y su mujer por un supuesto partidario, en la que le suplicaba que se suicidaran porque todo estaba perdido.

Pollard es director de otros celebrados documentales como “Sammy Davis, Jr.: I’ve Gotta Be Me”. Trabajó como editor en varias películas de Spike Lee, y es uno de los estudiosos más consecuentes del legado de Martin Luther King. En el final de la película recuerda que, pese a su ardua y paciente tarea de investigación documental, hay grabaciones clandestinas que le fueron tomadas a King por el FBI a las que todavía no pudo tener acceso, ya que recién se desclasificarán en 2027.

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