22 de mayo 2006 - 00:00

Festival de Cannes: bien en negocios; en cine, no tanto

PedroAlmodóvar(junto aPenélope Cruzy CarmenMaura, dos delas heroínas de«Volver») brillóen un festivalde Cannes connegociosfabulosos:montarlo lecuesta a laregión 20millones deeuros, pero laganancia, entodo concepto,es de 120millones.
Pedro Almodóvar (junto a Penélope Cruz y Carmen Maura, dos de las heroínas de «Volver») brilló en un festival de Cannes con negocios fabulosos: montarlo le cuesta a la región 20 millones de euros, pero la ganancia, en todo concepto, es de 120 millones.
Cannes - Cine y dinero: en Cannes no hay dispendio, sino una ganancia fabulosa. A la región le cuesta 20 millones de euros montar el Festival pero la ganancia sextuplica esa cifra. Son 120 millones de euros de rédito en todo concepto: hotelería, servicios, restaurantes, merchandising, sponsoreos (los más fuertes son de las telefónicas) y las regulaciones más insólitas.

Por ejemplo, no se permite que la bandera nacional de cada país la traiga consigo el interesado, sino que hay que rentar las oficiales que suministra el Festival a un alto costo; lo mismo, las insignias en la parte superior de la entrada a cada stand, cuyo costo tiene un mínimo de 20.000 euros (eso costó, por caso, el stand argentino); alquilar un televisor-display, 3.800 euros; el catering y servicios para fiestas privadas (dejando de lado las opulentas de los hoteles de lujo, como el Majestic, el Carlton o el Hilton) pueden alcanzar el valor de un departamento de lujo en Buenos Aires.

En cuanto al cine, el fin de semana dejó un sabor no del todo satisfactorio. Hasta el momento, lo mejor de lejos fue, una vez más, Pedro Almodóvar.

Con su película en competencia «Volver» superó el traspié de la anterior, «La mala educación», y puso en contacto al público con esa misma mixtura que había mostrado en «Hable con ella»: la del Almodóvar artista maduro en diálogo con aquel humor absurdo, zafado e imprevisible, de su obra temprana. Y, por si hiciera falta, la confirmación de que sus películas con mujeres protagonistas son imbatibles.

«Volver» juega con todos los sentidos de la palabra: el regreso, los «aparecidos», o mejor dicho «aparecidas», y hasta el tango de ese título: en una increíble versión transformada al flamenco se lo hace cantar a Penélope Cruz (es un decir, ya que está doblada en esa parte). Pero quien lo baila, palmea y zapatea «con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien» es ella en persona, claro, y está maravillosamente bien. Carmen Maura asume sin complejos su edad (ya había hecho de abuela en «Valentín» de Alejandro Agresti), y aquí su papel también tiene doble sentido: el de la «aparecida» según las habladurías populares, y el de «reaparecida» en el cine de Almodóvar. Del mismo modo, como en «Hable con ella», el guión poco a poco insinúa un tema tabú, de admirable resolución. No falta mucho para que «Volver» se estrene en la Argentina, de manera que no es lícito revelar mucho más sobre ella.

«Fast Food Nation» de Richard Linklater, el director norteamericano de las notables «Antes del amanecer» y «Antes del anochecer», en cambio, fue una decepción (aunque no hay mejor augurio para una Palma de Oro que escribir algo negativo sobre una película). Su historia, insinuada en el título, enjuicia la cultura de la comida basura a través de un libro rudimentario y lleno de lugares comunes. La expandida costumbre actual del «múltiple plot», además, complica innecesariamente su relato, que mezcla historias de inmigrantes mexicanos ilegales con matarifes y ejecutivos top de la hamburguesa y la cajita feliz. En comparación con «Fast Food Nation», el grotesco documental «Super Size Me» termina siendo mucho más eficaz, y menos pretencioso.

Otra película en competencia que padece el síndrome del «múltiple plot» es la francesa «Selon Charlie», de Nicole Garcia, aunque de logros artísticos superiores. Ambientada en un pintoresco pero aburrido pueblito marítimo francés, su historia entrelaza varias vidas: la de un científico brillante que logró emigrar (Vincent Lindon), la de otro que se quedó en la rutina de un colegio (Benoit-Magimel), la de su mujer infiel (Minna Haapkyla) y varias otras, como la del tenista autodestructivo, que empujan al film hasta las dos horas y cuarto de duración. Pero, por sobre todos ellos, la gran justificación: el notable Jean-Pierre Bacri, que interpreta al alcalde de la ciudad en una actuación impagable. En la misma línea de los que hizo en «El gusto de los otros» y «Como una imagen», su personaje acomplejado e inseguro es desopilante y patético.

De Turquía se presentó «Iklimler» (Los climas), del realizador Nuri Bilge Ceylan, una película de la que sólo puede encomiarse su fotografía casi hipnótica: tanto lo es, que ni siquiera hace falta prestarle mucha atención a su argumento «minimalista». Se trata de un hombre maduro que abandona a su amante más joven, luego se enreda con una mujer casada con la que ya había tenido amoríos, e intenta más tarde recuperar a la anterior, que ahora no quiere saber nada mientras llora repetidas veces a cámara. Claro, no es la mejor de las ubicaciones ver este film (como le ocurrió a este diario) junto a una delegación de invitados italianos, que no hacían más que protestar por lo bajo: «Ma, quando finisce de piangere questa stronza!».

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