20 de agosto 2001 - 00:00

¿Fin a la polémica Barbie "perversas"?

Los Angeles (ASN) - ¿Controversia efectista? ¿Libertad de expresión en juego? Un juez de Los Angeles ha dado la razón al artista Tom Forsythe, acusado por la empresa Mattel de perjudicar la imagen de la muñeca Barbie con sus fotos irreverentes.

Tom Forsythe ya está acostumbrado a no pasar inadvertido, una de las claves para labrarse un lugar bajo el sol en el convulso mundo del arte contemporáneo. El fotógrafo estadounidense pone en solfa la superficialidad y la hipocresía del «american way of life» a través de una obsesiva serie de imágenes en las que las muñecas Barbie aparecen entregadas a todo tipo de perversiones sexuales entre ellas.

«Las fotografías que hago critican no sólo el estereotipo que impone la propia muñeca Barbie, sino también los valores de consumismo que favorece», ha declarado Forsythe. La todopoderosa multinacional Mattel, fabricante de las barbies y número uno mun-dial en el sector del juguete, advirtió en varias ocasiones al artista que cesara en su empeño en «dañar» la imagen de su producto estrella. En vista del caso omiso que obtuvo por respuesta, los abogados de la compañía interpusieron en 1999 una demanda contra Tom Forsythe, que no tardó en replicar: «Nunca pensé que Mattel, que se dedica a degradar la imagen de las jovencitas con sus muñecas, volcara sus multimillonarios esfuerzos en proceder contra mí».

Cuando todo parecía a favor para que la empresa ganara su litigio, llegó Ronald Crew, un juez de distrito de Los Angeles y dictaminó que «Barbie es legalmente libre de posar en las controvertidas y artísticas fotografías de Forsythe». Era el punto final para las pretensiones de Mattel -que tiene intención de apelar la sentencia-de proteger los derechos de propiedad intelectual relacionados con una criatura que lleva 42 años despertando pasiones entre las niñas de todo el mundo. «La resolución no quiere decir que se abra la veda para explotar indiscriminadamente la imagen de los productos de Mattel, simplemente es un respiro para que los artistas que desean utilizar símbolos comerciales con tremendo significado comercial puedan hacerlo con fines exclusivamente artísticos», manifestó el abogado de Forsythe, Simon Frankel.

El artista, que comenzó a parir estas imágenes en 1998 y se ha lanzado a venderlas a través de su página Web (www.creativefreedomdefense.org), se ha hecho famoso con piezas como «Barbie misionera», en la que se ve a la muñeca desnuda de espaldas y tiene una batidora eléctrica apuntando hacia su cuerpo de una manera sugestiva. «Barbie enchiladas» la muestra desnuda y envuelta en tortillas mexicanas, bañada en salsa de tomate y tumbada sobre una barra de pan. Y «Blue ice martini» la presenta, una vez más, desnuda, pero esta vez sobre un vaso con martini.

Tampoco escapa la célebre muñeca a ser esclava de todo tipo de parafernalia sadomasoquista. Tal vez por ello, un portavoz de Mattel dijo: «Este juez de Los Angeles no ha tenido en cuenta que los consumidores no ven las fotografías de Forsythe como arte o como parodia y que incluso algunos de ellos piensan que nosotros patrocinamos su trabajo».

Las últimas palabras, por ahora, del polémico artista han sido:
«No soy la primera persona que parodia a esa muñeca, y no seré la última. La decisión legal supone una victoria para todas las feministas que critican el estereotipo de mujer que propone Mattel con estos productos tan abiertamente asépticos».

Reiteración

La empresa Mattel no da abasto a poner demandas por supuestos «daños y perjuicios» contra los diversos artistas que han colocado a Barbie en su punto de mira creativo. Así, Paul Hansen ya sabe lo que es litigar contra la compañía por dedicarse a vender 150 imágenes de esta muñeca luciendo modelos políticamente incorrectos. Mark Napier se atrevió a explorar el fenómeno cultural de la Barbie distorsionada en su Web personal. Hasta la banda danesa de dance-pop Aqua vio cómo su éxito internacional «Barbie girl» era contestado por la multinacional.

También la editorial Seal Press se ha visto envuelta en este tipo de affaires al publicar el libro
«Adiós, Barbie», que realiza un análisis en clave feminista de la muñequita en cuestión y los modelos que ha impulsado. Finalmente, Seal Press aceptó cambiar el título, y la portada para evitar todo el calvario legal (y económico) que probablemente la acechaba.

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