18 de junio 2008 - 00:00

Follett: "Es una locura ganar tanto por hacer lo que me gusta"

Ken Follett: «Soy un escritor que goza haciendo lo que hace. No soy un alma atormentada ni vivo preocupado».
Ken Follett: «Soy un escritor que goza haciendo lo que hace. No soy un alma atormentada ni vivo preocupado».
Londres (EFE) - Ken Follett se pasea por la sastrería de lujo Spencer Hart, en el centro londinense de la alta costura masculina, Savile Row, la calle que abastece desde hace más de dos siglos los armarios de la realeza británica. Da unos pasos frente al gran espejo donde otras veces se contemplan Robbie Williams, David Bowie, Tommy Hilfiger, decenas de artistas, nobles, millonarios y aspirantes. Dos dependientes ajustan con alfileres el traje negro de mohair y lana que Follett va a comprarse. «Estoy fantástico. Si Jenniffer Aniston me hubiera visto así, hubiera dejado mucho antes a Brad Pitt», bromea Follett.

Ese traje a medida cuesta más de 6000 euros. Nada para el hombre que se va a embolsar más de 33 millones de euros en concepto de adelantos por su próxima trilogía, que redactará en 7 años. «Disfruto gastando el dinero, lo hago bastante bien. Una vez me compré un Bentley rojo de 190.000 libras, hará unos 12 años. Un coche terrible, hacía unos ruidos espantosos al arrancar», dice Follett.

Esa mañana, como todas, encendió la computadora al levantarse. Se ha enfrentado con un taza de té al texto que redactó el día anterior y lo corrigió -«siempre rehago lo que escribí el día de antes»- y perfiló la escena siguiente. Es su ritual habitual de dos horas de escritura, antes de desayunar, vestirse, afeitarse y continuar escribiendo hasta el almuerzo.

Periodista: Hábleme de su lado oscuro, Follet. Tanta disciplina perfecta puede ser un infierno. ¿Es un prisionero de su éxito?

Ken Follett: No, escribir es liberador. A usted le gustaría decir: «Follett parece un tipo feliz, pero en realidad es realmente infeliz» o «es muy superficial, no tiene profundidad, es aburridísimo». Ninguna de esas visiones sería correcta. Una vez, mi agente neoyorquino me dijo: «Tu mayor problema como escritor es que no eres un alma atormentada». Es verdad. Ni me considero muy profundo o espiritual, ni vivo atormentado o preocupado. Solía ser muy ambicioso, pero ya he logrado lo que quería: escribir historias. Es una locura que me paguen tanto dinero por hacer lo que me gusta, algo que haría incluso si me ingresaran un 1% de lo que gano.

A Follett le encanta que sus libros se adapten al cine. Lo logró con «La isla de las tormentas», «La clave está en Rebeca», «El valle de los leones» y «El tercer gemelo», con «Las alas de aguila» se hizo una miniserie de 6 horas para televisión. Comenta: «Tengo un agente en Hollywood que se pasa intentando que lleven al cine mis historias, aunque me consta que es muy complicado, por el tipo de trama que presento».

P.: ¿Ha probado con Spielberg?

K.F.: ¡Por supuesto! Y Spielberg lo dice bien claro: «No quiero hacer una película sobre este libro». Cuando acabo una novela, mi agente la manda a todos los directores y productores de Hollywood. ¡A todos! En una semana, sé si están interesados o no. Y el caso es que no.

P.: ¿Qué opina de quienes le critican duramente porque consideran que no hace literatura, sino negocios?

K.F.: Son unos estúpidos de mierda [ríe]. Es lo que realmente pienso. No creo que sepan lo que es literatura.

P.: ¿Usted hace buena literatura...?

K.F.: No soy el más indicado para juzgarlo. en fin, creo que mis libros y mis historias son estupendas.

P.: No le perdonan los lugares comunes en el lenguaje...

K.F.: Mire, me esfuerzo para que mis libros sean fáciles de leer. ¿Es una virtud ser un autor complicado de entender? ¿Es eso más inteligente? ¡No! Hay un montón de esnobismo sobre eso: que sólo lo difícil es bueno. Todas esas críticas a mis libros son una locura, porque no están enfocadas en el propósito del libro, que se enmarca en la literatura popular. Si no aprueban el conjunto, es porque prefieren un tipo distinto de literatura y eso no tiene nada que ver con el libro en sí.

P.: ¿Nota que le envidian?

K.F.: Sí, especialmente los periodistas. Algunos, mientras me están entrevistando, piensan: «No hay nada especial en él, qué hace ese tipo ahí, con todo su éxito, cuando yo puedo hacer lo mismo, mucho mejor». Les ocurre conmigo lo mismo que a mí me pasó con otros escritores, antes de que empezara a escribir best sellers. Lo entiendo perfectamente.

P.: Creo que parte de su éxito se debe a que escribe al estilo de las telenovelas...

K.F.: Uso algunas técnicas de la telenovela, me gusta su ritmo dramático. Un escritor puede aprender mucho de la tele. Las telenovelas, al final de cada episodio siempre dejan una pregunta en el aire, yo lo hago al fin de cada capítulo. Pero mis libros ofrecen tramas que no da la tele: la historia de fondo, la construcción de una catedral o la peste negra. Hay que dar mucho más de lo que el público logra ver en la pantalla, de manera que la apague y lea el libro.

P.: ¿Qué hace cuando se atasca escribiendo?

K.F.: Me levanto y me pongo a andar así. Mi esposa Barbara advierte a todo el que entra en casa: Si ve a Follet caminando de un lado a otro y le mira fijamente como si le odiara, no se asuste, ni siquiera le ve.

Ken anuncia que se tiene que marchar a tocar el bajo con su banda al otro lado de la ciudad y que nos vemos allí más tarde. Lo encontramos en The Links, un local de ensayo en una estrecha callejuela de Charing Cross. Nos lo topamos de camiseta blanca, vaqueros y guitarra Steinberger Spirit en mano. A su lado, su hijo Emanuele, exitoso empresario de unos 40 años, viste pantalones pirata, camisa abierta, zapatillas. Son, con un batería, una cantante y un guitarra más, los Damn Right, I Got the Blues. Con voz leonina, Follett canta Mustang Sally y ensaya temas de Lenny Kravitz. Cualquiera lo confundiria con un rockero bohemio, a no ser que reparara en el detalle aparcado a pocos metros del lugar: un deslumbrante Masseratti de matrícula: KEN25P.

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