29 de noviembre 2001 - 00:00

Fresco e inteligente film sueco sobre adolescentes

Rebecca Lijeberg y Alexandra Dahlstrom
Rebecca Lijeberg y Alexandra Dahlstrom
«Descubriendo el amor» («Fucking Amal», Suecia, 1998, habl. en sueco). Dir. y guión: L. Moodysson. Int.: A. Dahlstrom, R. Liljeberg, E. Carlson, M. Rust, S. Horberg.

(29/11/2001) Los personajes de este disfrutable film sueco sobre adolescentes oyen la misma música, ven los mismos films y, en ciertas ocasiones, hasta se comportan igual que los de las películas estadounidenses de y para teenagers clase media.
 
La diferencia entre uno y otras radica básicamente en que cualquier chico en el mundo puede identificarse con los que aquí padecen el descalabro hormonal y la confusión general propias de esa edad. Para peor, éstos viven en un pueblo al que le echan la culpa de su aburrimiento perpetuo. El título original es clarísimo al respecto:
«Fucking Amal» (Amal es el nombre del pueblo).
 
Por lo demás, estos chicos pueden ser crueles, torpes, obscenos o virtuosos, pero intermitentemente; no hay un cruel, un torpe, un obsceno o un virtuoso en especial, como corresponde a una etapa de la vida en la que no se es especialmente nada. Salvo, es claro, en los cánones simplistas de cierto Hollywood.

En esa nada anda la rubia y extrovertida Elin, debatiendo sobre sexo con su hermana mayor, pretendiendo drogarse con las vitaminas o los antiácidos de su madre, dudando entre ser modelo o psicóloga en el futuro o besando en la boca a la dulce y taciturna Agnes para ganar una apuesta.
 
Es que
Agnes escribió que ama a Elin en su computadora y Elin lo leyó una noche que decidió visitar a la compañera «rarita» de aburrida que estaba. Esa noche humilló a Agnes, aunque con resultados inquietantes para sí misma.

El resto del film gira alrededor de esa inquietud con una serie de enredos afectivo-sexuales, graciosos o tiernos, perfectamente posibles. El final es una ingeniosa variación sobre aquello de «salir del closet» que suele usarse para los homosexuales, pero resignificado hacia la posibilidad de elección frente a prejuicios y otras tonterías universales.

Honestidad

El honesto guión del notable director debutante Lukas Moodysoon es cariñoso con todos los personajes (aun con los varones, que son bastante zonzos), incluyendo a unos padres amantes y comprensivos con quienes el público adulto también puede verse reflejado. Véase la reacción de la madre de Agnes cuando le dicen -y quién le dice- que su hija es lesbiana.

Moodysoon filmó su guión con la sinceridad y la delicadeza que puso al escribirlo: usó un estilo directo, casi documental en el que algunos han querido ver rastros del «Dogma» danés, y cuidó que las actuaciones no lo parezcan, vale decir que todos los personajes sean de carne y hueso.

La frescura e inocencia de
Rebecca Liljeberg ( Agnes) ayudan mucho a que esta historia de amor entre dos chicas remita a todo espectador a esa edad en que uno podía querer cortarse las venas a la menor provocación y, al segundo, olvidarse del asunto. Acaso eso explique por qué en Suecia «Descubriendo el amor» haya sido un éxito sólo superado por «Titanic».

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