29 de noviembre 2001 - 00:00
Fresco e inteligente film sueco sobre adolescentes
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Rebecca Lijeberg y Alexandra Dahlstrom
La diferencia entre uno y otras radica básicamente en que cualquier chico en el mundo puede identificarse con los que aquí padecen el descalabro hormonal y la confusión general propias de esa edad. Para peor, éstos viven en un pueblo al que le echan la culpa de su aburrimiento perpetuo. El título original es clarísimo al respecto: «Fucking Amal» (Amal es el nombre del pueblo).
Por lo demás, estos chicos pueden ser crueles, torpes, obscenos o virtuosos, pero intermitentemente; no hay un cruel, un torpe, un obsceno o un virtuoso en especial, como corresponde a una etapa de la vida en la que no se es especialmente nada. Salvo, es claro, en los cánones simplistas de cierto Hollywood.
Es que Agnes escribió que ama a Elin en su computadora y Elin lo leyó una noche que decidió visitar a la compañera «rarita» de aburrida que estaba. Esa noche humilló a Agnes, aunque con resultados inquietantes para sí misma.
Moodysoon filmó su guión con la sinceridad y la delicadeza que puso al escribirlo: usó un estilo directo, casi documental en el que algunos han querido ver rastros del «Dogma» danés, y cuidó que las actuaciones no lo parezcan, vale decir que todos los personajes sean de carne y hueso.
La frescura e inocencia de Rebecca Liljeberg ( Agnes) ayudan mucho a que esta historia de amor entre dos chicas remita a todo espectador a esa edad en que uno podía querer cortarse las venas a la menor provocación y, al segundo, olvidarse del asunto. Acaso eso explique por qué en Suecia «Descubriendo el amor» haya sido un éxito sólo superado por «Titanic».



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