6 de abril 2006 - 00:00

Futurismo con poca sutileza

Natalie Portman con estilo Sinead OConnor en «V de venganza», sobre un comic futurista sobre tiranías y guerrilleros en Inglaterra.
Natalie Portman con estilo Sinead O'Connor en «V de venganza», sobre un comic futurista sobre tiranías y guerrilleros en Inglaterra.
«V de venganza» («V for Vendetta», EEUU/ Alemania, 2006, habl. en ingles). Dir: J. McTeigue Int.: N. Portman, H. Weaving, S. Rea, S. Fry, J. Hurt, S. O'Connor. PM/13.

Los pobres ingleses del futuro son siempre los que llevan la peor parte: Orwell, Huxley y Welles los privaron de toda libertad, les prohibieron el amor y les frieron el cerebro a pastillas en novelas -luego películas- como «1984» y «Un mundo feliz». En su historieta «V de venganza», Alan Moore tuvo estas novelas en mente, sobre todo la de George Orwell, pero no sintió que esta adaptación escrita y producida por los hermanos Wachowsky (los de la trilogía «Matrix») le hicieran justicia, al punto de hacer borrar su nombre de los créditos.

Esto es comprensible. La simplicidad y la falta de sutileza con las que el film muestra una revolución llevada a cabo por un solo hombre (el enmascarado «V») podrían ser achacadas a la sencillez del lenguaje del comic y no a la puesta en escena del director James McTeigue, que pasa de la violencia vertiginosa y las explosiones atronadoras con acompañamiento musical de Tchaikosky a escenas terriblemente lentas, de tono pretencioso y curiosamente estáticas, como si pensara que llevar al cine una historieta es filmar un storyboard al pie de la letra.

Los ingleses de este futuro cercano tienen un solo programa de TV, no tienen libertad religiosa, no gozan de ninguna libertad sexual ni pueden hablar libremente. John Hurt -víctima en el film «1984» de Michael Radford- es el Alto Canciller, un dictador que sólo aparece en pantallas de televisión con un ejército de espías y parapoliciales -»señaladotes»- siempre listos para escuchar toda conversación telefónica y hacer desaparecer a los que puedan subvertir el orden.

Natalie Portman, hija de activistas reeducada, se encuentra un día con la capacidad de elegir si ayudar al terrorista o no, y su pasado la lleva a a terminar con el pelo rapado al estilo Sinead O'Connor, que también actúa, pero no mucho. Entre las cosas prohibidas figuran el hermosísimo blues «Cry Me A River» en la versión de Julie London, o la comida frita con manteca. El misterioso enmascarado V, una cruza de «El fantasma de la ópera» con un Scaramouche que no tiene con quien practicar su esgrima, es una especie de superhéroe todo poderoso que esconde un pasado que trata de desentrañar el policía honesto Stephen Rea.

Los resortes de la historia son obvios, y las referencias están desparramadas sin mucha clase por toda la película, que se salva por la espectacularidad visual de varias escenas sin desperdicio, que generalmente involucran a V arrojando dagas a diestra y siniestra con un esitlo visual parecido al de la famosa bala detenida de Matrix. Sin embargo, la mejor escena es un brillante homenaje a Benny Hill, uno de los pocos momentos en los que un gran actor como John Hurt realmente llega a lucirse en su justo nivel.

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