4 de octubre 2002 - 00:00

"Gané los mejores papeles al perder la cintura de avispa"

Claudia Lapacó
Claudia Lapacó
"Para qué las canciones", el show musical que acaba de estrenarse en «La casona del teatro de Beatriz Urtubey» (Corrientes 1975), con dirección de Helena Tritek («Venecia»), marca el regreso de Claudia Lapacó a un género que viene cultivando desde sus inicios. Sin embargo, ésta es la primera vez que aborda un repertorio sin temas en francés (su lengua materna) y desde un criterio decididamente teatral. Aunque ella dice que «siempre la discriminaron» por alguna razón, Lapacó es una actriz realmente multifacética. Fue la gran revelación de «El amor tiene cara de mujer», la famosa telenovela de Nené Cascallar, trabajó con Alberto Olmedo y Jorge Porcel, hizo café concert con Gasalla y Perciavalle, fue vedette en el Maipo, hizo vodevil, drama, comedia inglesa, participó en los más importantes musicales y en los últimos años ha hecho grandes autores de la mano de importantes directores como Jorge Lavelli y Roberto Villanueva. Ahora viene de ofrecer una soberbia interpretación en el rol de madre de «El zoo de cristal» y en febrero empezará a ensayar en el San Martín «Toque de queda» con libro y dirección de Carlos Gorostiza. En este show, interpreta a un amplio espectro de mujeres pícaras, seductoras, marginales, apasionadas que juegan todo el tiempo con el humor y el ridículo, junto a otras que son víctimas del desamparo y del sufrimiento amoroso. El repertorio, muy ecléctico, reúne temas de Kurt Weill, Jerome Kern, de los franceses Maurice Yvain y Jean Ferrat, y hasta el redescubierto foxtrot «El casamiento no me interesa», de Francisco Canaro e Ivo Pelay. Todos los temas fueron seleccionados por Helena Tritek y Gonzalo Demaría y los arreglos musicales pertenecen a Gerardo Gardelin, quien además acompaña a la actriz en piano y actuación.

Periodista: Dejó de cantar en francés...


Claudia Lapacó:
Yo he cantado mucho en francés, incluso tangos. Esa fue siempre mi marca de identificación. En mi casa sólo se hablaba francés, así que yo hablé esa lengua antes que el castellano. Pero lo que a mí me interesa ahora es que la gente comprenda lo que digo, porque éste es un espectáculo de canciones completamente teatral. Igual sé que alguno me va a decir: «¿Por qué no cantaste en francés?». Pero siempre es así, cuando bailo me dicen por qué no canto, y cuando canto me preguntan por qué no actúo. Cuando empecé a hacerme conocida, en la década del 60', no era bien visto que una actriz bailara y cantara. Eras actriz o eras cantante o eras bailarina ¡Qué error tan grande! Ahora todo el mundo hace de todo y los jóvenes que estudian teatro buscan entrenarse también en otras disciplinas. Es que no podés caminar un escenario si no conocés tu cuerpo y no podés manejar tu voz si no estudiaste canto y, sin embargo, a mí siempre se me discriminó por eso.

•Sin prejuicios

P.: Usted pasó por todos los géneros. Su eclecticismo resulta sorprendente.

C.L.:
Pero yo siempre digo que si en la vida pasa de todo, ¿por qué un drama tiene que ser sólo drama y una comedia sólo una comedia? Si en una frase tenés un quiebre y te nace llorar ¿por qué no hacerlo? aunque se trate de una comedia. Así es la actuación y yo no tengo prejuicios hacia ningún tipo de género.

P.: ¿Por qué cree que le llegó tan tarde el reconocimiento como actriz?


C.L.:
Yo creo que mi carrera dio un giro cuando Lorenzo Quinteros me convocó para el elenco de «Otros paraísos» de Jacobo Langsner, en el San Martín. Hasta ahí me había costado mucho que la gente entendiera que yo ya no podía sostener ese cuerpo escultural que a mí nunca me interesó. Yo tuve la belleza del diablo, que es la belleza de la juventud. No hice nada para tener eso: un cuerpo armonioso, una cara bonita, el moverme con gracia. Era una especie de don. Es cierto, en el '79 fui vedette de Gasalla en el Maipo y salía con un bikini muy chiquito y plumas, pero no se queden con eso ¡ya fue! Después cuando todo eso se empezó a ir y comencé a engordar y a envejecer tampoco hice ningún esfuerzo para evitarlo y eso a la gente le costaba entenderlo, entonces me decían: «Usted no tiene ningún derecho a estar así de gorda». ¿Cómo que no voy a tener ningún derecho? Bueno, ahora he logrado bajar un poco, pero quiero decir, que si estoy gorda por algo es. A veces uno necesita afecto y a mí me costó mucho poder instalarme nuevamente y que entendieran. ¡Uf, terminenla con eso de las piernas y el cuerpo de vedette! ¡Eso ya fue, ya fue! Lo importante es lo que uno tiene adentro y evidentemente me han tocado los mejores roles de mi vida cuando ya no tenía la cinturita de avispa. Si uno tuviera todos los dones y toda la experiencia cuando es joven, después qué le quedaría. Por eso siempre pongo de ejemplo los premios que recibí. ( Se ríe)

P.: ¿A qué se refiere?

C.L.: A que cuando me empezaron a premiar, hace poco, (premios Florencio Sánchez y Trinidad Guevara) yo me dije: «Bueno, si cuando yo era joven, linda, tenía marido o novios y mucha guita, también hubiera tenido estos premios ¿ahora que me tocaría?». Tener todo este reconocimiento ahora me resulta sumamente agradable. Yo nunca fui de tener grandes proyectos, siempre confié en que las cosas llegan cuando debe ser. Por eso es maravilloso que ahora me ofrezcan tantas cosas o a que Helena Tritek se le haya ocurrido armar esto para mí. Yo le podría haber dicho a Helena: «¿Querés dirigirme en esto que preparé?», pero no hubiera sido lo mismo.

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