5 de abril 2001 - 00:00

García Espinosa: "´Antes que anochezca es farisea´"

Julio García Espinosa.
Julio García Espinosa.
(05/05/2001) Cineasta, creador de institutos, escuelas y festivales, ex ministro de Cultura, ensayista («¡Cibernautas de todos los países periféricos, uníos!», etc), sagaz, y escurridizo, el veterano Julio García Espinosa está en Buenos Aires como jurado del concurso de profesores de la escuela del INCAA, lo que define como «un trabajo ingrato, pero por suerte el nivel de los concursantes es muy atendible».

Periodista: ¿Y el nivel de las escuelas latinoamericanas?

Julio García Espinosa:
No es pregunta fácil. No las conozco todas. Puedo hablar de la Internacional de San Antonio de los Baños, creada por cuatro egresados de Cinecittá: Fernando Birri, Gabriel García Márquez, Tomás Gutiérrez Alea y yo. «Los cuatro de la banda», nos decían. Recuerdo cuando le dimos la noticia a nuestro viejo profesor Cesare Zavattini. ¡Estaba eufórico!

P.: El lo asesoró en su prime-ra película, hacia 1957, ¿verdad?


J.G.E.: «Cuba baila»
, que aunque era muy naïf igual entonces no la pude hacer, porque por un documental anterior, «El mégano», ya me habían metido preso. Yo era un muchachito. Me trataron amablemente. El oficial a cargo, conmigo fue una dama. Casi estábamos hablando de intelectual a intelectual. De pronto se volvió una bestia, como Jeckill y Hyde, y sólo se calmó cuando le entregué «El mégano». En 1960 lo rescatamos de las bóvedas de Inteligencia Militar. ¡Lo hubieran quemado! Lleno de ilusiones, ostentándolo como un carnet revolucionario, se lo llevé al Che Guevara, y él me tomó el pelo: «¿Y Batista se asustó de esta peliculita?» ¡Me entró una depresión! Pero todo es relativo. Esa peliculita tenía cierto gramo de verdad, y la verdad siempre asusta. Bien, ahí es donde al fin hice «Cuba baila», en coproducción con México.

P.: Y hoy Cuba hace prácticamente todo en coproducción.


J.G.E.:
Como todo el mundo. Y también vende servicios a producciones extranjeras, porque hemos logrado una buena base industrial: laboratorios, personal calificado, estudios de sonido. Claro, tenemos problemas, a veces de dinero, a veces de gasolina, o de celuloide... Pero ahora con el cine digital, más barato, se nos abre una esperanza. Ya Humberto Solás terminó la primera película digital cubana.

P.: Solás es un poco pichón suyo.


J.G.E.:
Ni le enseñé. Sólo debí tutorearlo un poco, al comienzo. El se merece su fama, porque realmente tiene talento. La gente cree que todo famoso tiene talento, pero muchos famosos sólo tienen fama. Y todo el mundo está loco por tener fama, incluso en Cuba. La fama mejora el salario. Volviendo a aquellos tiempos. Lo curioso es que empezamos siguiendo las pautas del neorrealismo que nos había enseñado Zavattin i, pero las películas más importantes de nuestro cine («Lucía», «Memorias del subdesarrollo», «La primera carga al machete», «Aventuras de Juan Quin Quin») surgieron como un rechazo al neorrealismo. Es que la Cuba de los '60 no tenía nada que ver con la Italia de posguerra. En cambio, en la Cuba de ahora hasta podría hacerse «Ladrones de bicicletas».

P.: ¿Cuál fue su última película?

J.G.E.: Precisamente, mi última película, «Reina y Rey», sobre una vieja y su perro, se la dediqué a Zavattin i, en recuerdo del jubilado de «Umberto D» con su perrito. La vieja se plantea lo que todo cubano, desde que en los '90 empezamos a convivir con el dólar, la prostitución, el egoísmo: «¿a dónde va este país? ¿qué va a pasar con este país?». Y a mitad de la película aparece un cartelito, «Fine primo tempo», como en las viejas películas italianas, pero no sólo como homenaje, sino porque Cuba está entrando en un segundo tiempo. Un ejemplo, los que se fueron a Miami ahora vuelven como turistas. Eso está en mi película. La historia se hace más compleja, pasa del blanco y negro al color... A la vieja le cuesta mucho cambiar sus valores. Lo hace prácticamente por su perro. Y toma una decisión. La toma con angustia. Pero la toma.

P.: En serio parece una película propia de neorrealistas.

J.G.E.: Creo que ellos trataron de conciliar la realidad con el espectáculo, y que el espectáculo nunca estuviera por encima de la realidad. Encontraban en personajes como mi vieja el potencial del ser humano. Esa búsqueda era muy estimulante. Porque, en definitiva, uno tiene cierta nostalgia, por ese ser humano que todavía no acabamos de ser...

P.: Estoy pensando en su socio Gutiérrez Alea.

J.G.E.:
Era el mejor de todos nosotros. Mi mejor amigo, desde los tiempos de estudiantes en Italia, cuando parecía que el mundo podía cambiarse. Y creo que tenía una cualidad muy importante que demostró desde
«La muerte de un burócrata» hasta «Fresa y chocolate» y «Guantanamera». Se la voy a decir: él estaba convencido de que la mejor forma de amar a su país era criticándolo. Una cualidad muy importante.

P.: Volviendo a usted: ¿qué pasó con su famoso manifiesto teórico «Hacia un cine imperfecto»?

J.G.E.:
En aspectos básicos le encuentro vigencia: combatir el fariseísmo y los mecanismos autoritarios
de Hollywood, ser más honestos. Es farisea la película que se dice antibelicista pero termina fascinando con sus onitos efectos especiales. Es fariseo hacernos pensar más en el actor que en el drama del personaje. Hollywood
ha logrado reducir el espíritu crítico del espectador. Es como decirle:
«Mientras menos pienses, más placer te proveo».

Además, hoy defiendo hasta nuestras peores cintas. Hace poco discutía en la Universidad de Nueva York: si ellos hacen un bodrio, nadie se asusta, y tampoco les hace mella que lo critiquen, porque imponen su promoción. Pero basta que un latino haga algo flojo para que le caigan ferozmente encima. Esa es una actitud infantil. Yo debí cortar con los americanos, porque para darnos una película buena nos querían vender un paquete entero de bodrios. Por suerte, de una manera u otra, siempre logramos garantizarle al público cubano la visión de buenos films americanos.

P.: A veces, medio pirateados.

J.G.L.:
Y a veces pirateados del todo. Para qué negarlo.

P.: ¿Qué piensa de «Antes que anochezca»?

J.G.E.: Qué puedo decirle. Es muy curioso que ahora que las películas políticas ya pasaron de moda, se hagan película políticas contra Cuba. Además, me parece farisea. En cambio a «Buena Vista Social Club» le puedo conceder hasta buena fe, pero me molesta que nosotros hicimos docenas como ésa, y mejores, y nunca tuvimos posibilidad de promoción.

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