"Garúa"

Espectáculos

«Garúa» ( Argentina, 2005, habl. en español). Guión y dir.: G. Corrado. Int.: L. Cáceres, J.P. Reguerraz, D. Real, J. Sesán, P. Machado, F. Tirri, M. Paolucci, J.M. Leal, D. Tiranti.

Hay que soportar al comienzo unos minutos de teatro gritado (la acción se abre en el tugurio de cuatro jóvenes malvivientes, uno de los cuales, bastante agresivo, clama por cerveza), pero pronto se va distinguiendo al protagonista: un muchacho triste, que siente un dolor de sangre entre las manos. Buscando dinero asaltó a un infeliz, le clavó un puñal y lo vio agonizar. Y lo más importante que le robó fue un casete. Lo escucha. Le va penetrando una canción igual de triste, y quiere saber más. Por una serie de casualidades, conoce a un taxista que toca el bandoneón. Formaba dúo con el muerto, un cantante aficionado, un poeta que dejaba sus versos en las mesas de madera del bar. La canción era suya.

Quizás en otras circunstancias el asesino y la víctima hubieran llegado a ser amigos, o al menos a entenderse. Ahora, paso a paso, el otro aprenderá a cantar sus versos, honrará su tumba, tratará de concretar sus sueños, se irá poniendo las ropas del difunto. Más aún, se irá relacionando con la viuda. Sólo hay dos problemas: los compañeros de avería no están conformes con su cambio de rubro, y la viuda siente que el hombre está robando algo.

Mejor dicho, hay tres problemas: el tercero es el cargo de conciencia. Lo demás, lo decide el destino.

Buena historia, quizá más literaria que cinematográfica, pero bien vestida, bien expuesta, con alguno que otro artificio argumental, un buen protagonista, Luciano Cáceres, un sector de veteranos bien contenidos, y otro de jóvenes, ay, unos decibeles por encima de lo conveniente.

Composición y guitarra son de Nacho Cabello, los versos, de Silvina Marino, y las voces de Alfredo Esmok (la grabación de la víctima) y Diego Cimino (las interpretaciones del sucesor). Realización, Gustavo Corrado, que hace una película cada cinco años.

Dato curioso: «Garúa» no suena para nada, ni siquiera llueve, pero el corazón transido con tristeza de tapera y el charco del alma se sienten a todo lo largo de la película.

P.S.

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