18 de junio 2007 - 00:00

Genera polémicas la venta de una obra atribuida a Velázquez

Si no existieran dudassobre su autenticidad,«Santa Rufina» podríaobtener más de u$s 60millones cuando se vendael 4 de julio en Londres;dada la polémica, tiene unabase relativamentemodesta de 12 millones.
Si no existieran dudas sobre su autenticidad, «Santa Rufina» podría obtener más de u$s 60 millones cuando se venda el 4 de julio en Londres; dada la polémica, tiene una base relativamente modesta de 12 millones.
El 4 de julio se subastará en Sotheby's de Londres un cuadro atribuido a Diego de Velázquez (1599-1660), cuya autenticidad motiva discusiones, algo característico del mercado de pinturas antiguas, como hemos señalado ya en notas anteriores.

La obra, que se cree ha sido pintada cerca de 1632. se titula «Santa Rufina» y representa a una adolescente con los atributos de la santa, que junto a su hermana, son las patronas de Sevilla. En 1867 apareció en París, donde la adquiere un noble inglés, que siempre la consideró obra del otro gran pintor sevillano, Bartolomé Esteban Murillo. Como tal se vende en Londres en 1925; en 1948, ya atribuida a Velázquez, es traída a la Argentina por la marchande Paula de Koenisberg y expuesta en su local frente a la Plaza San Martín.

En 1999 vuelve a aparecer a la venta en una subasta de Christie's de Nueva York. Tenía una base de 1.800.000 dólares, y el gobierno español estipuló en 4 millones su oferta máxima debido al gran interés que tenía en adquirirla. Pero la ilusión duró menos de un minuto, ya que en ese lapso se vendió en 9 millones de dólares a un comprador inglés. Luego de la restauración que el cuadro necesitaba, fue expuesto en Roma y ahora se ofrece a la venta con una base de 12 millones de dólares.

Los expertos están enfrentados. Tanto los de Christie's como los de Sotheby's dicen que es de Velázquez; lo mismo dicen Alfonso Pérez Sánchez y José María Arnaiz, importantes conocedores de la pintura barroca. En opinión contraria están Jonathan Brown (el experto número uno en este artista), Fernando Marías (hijo del escritor), y los pintores amantes de Velázquez como Antonio López García y Juan Lascano, quienes sostienen que la obra es una copia de un Velázquez perdido realizada posiblemente por su yerno Juan Baustista del Mazo.

Argumentos sobran de los dos lados. Para quienes la consideran auténtica, es la obra que aparece en el inventario de cerca de 1.200 que tenía el Marqués de Carpio, el primer ministro del Rey, aunque las medidas son un poco diferentes. También, que luego de la restauración se ven algunas pinceladas en el margen superior derecho que recuerdan que el genial Velázquez limpiaba sus pinceles sobre la misma tela. Además, apareció un « pentimento» (arrepentimiento) en el costado del brazo derecho de la niña, algo característico del artista, y hasta arriesgan, con algo de temeridad, que la modelo puede ser una de sus dos hijas, Ignacia o Francisca. Los que sostienen que no es, critican la calidad de la cara, del vestido, del brazo, en fin, dicen que no tiene la fuerza de Velázquez.

Pocas son las obras realizadaspor el autor que se discute si lo son: de las entre 91 y 125 consideradas auténticas, el 80 por ciento son retratos, 10 por ciento temas religiosos y el resto son tres paisajes y algunos bodegones.

Considerado por muchos como el más grande de la historia del arte universal (Eduard Manet lo consideraba «el pintor de los pintores»), a los diez años entra al taller de Francisco Pacheco, quien luego sería su suegro; a los 17 ya tenía el título de pintor y podía enseñar y recibir encargos. Con tan sólo 24 años retrata al Rey Felipe IV y obtiene el título de pintor real. Realizó dos viajes a Italia a instancias de Pedro Pablo Rubens, donde adquiere obras para la casa real y pinta algunas maravillas en Roma, como el retrato del Papa Inocencio X (el cuadro favorito de Francis Bacon) y «La Venus del Espejo», quizás el más bello desnudo realizado jamás.

Desde 1653 es nombrado Aposentador de la Casa Real y se ocupa de todo lo referido a la manutención de los palacios del Rey. Su mayor interés fue siempre mejorar su condición social y la de su familia, algo que sin antepasados nobles era muy difícil, pero el Rey lo nombra Caballero de Santiago.

Lo pimero que hace el gran pintor es modificar su obra magna «Las Meninas», agregando en su pecho la cruz de Santiago (como manera de hacerlo saber por todos).

Sólo seis obras de Velázquez están en manos privadas, entre ellas esta «Santa Rufina»; el resto está en su mayoría en el Museo del Prado. En 1970 el Metropolitan Museum pagó el mayor precio jamás pagado por una pintura por esa época: 5,5 millones de dólares por su «Juan de Pareja», obra de indiscutida autoría. Hace tres años. el Prado compró en 30 millones «El barbero del Papa», y el año pasado se vendieron privadamente otras dos: «Cabeza de apóstol», comprada por el Prado en 2 millones de dólares y dada en préstamo al Museo de Sevilla, y «Lágrimas de San Pedro», comprada en 11 millones por el coleccionista Villar Mir.

La polémica sigue. En Sevilla hay colecta pública para adquirir «Santa Rufina»; la ministra de Cultura dice que no pujará por ella por falta de presupuesto, y la acusan de favorecer sólo a Madrid y Málaga. Los grandes bancos de España se anotarían una gran promoción comprándola.

Aunque en 1994 salió a la venta una «Inmaculada Concepción» atribuida a Velázquez que nadie compró por las dudas sobre su autenticidad, esta obra es muy posible que sea vendida. Si su autoría no estuviera en discusión, es un cuadro que debería venderse en más de 60 millones de dólares, aunque difícilmente supere los 25 millones cuando se venda en Londres.

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