30 de marzo 2007 - 00:00

Gozoso catálogo de lo mejor que puede ofrecer la Disney

«La familia del futuro» es un entretenido cuento sobre las peripecias buenas y malas de unniño genio, con chistes, guiños y enredos muy disfrutables por adultos y chicos (no tanchicos, porque éstos pueden perderse).
«La familia del futuro» es un entretenido cuento sobre las peripecias buenas y malas de un niño genio, con chistes, guiños y enredos muy disfrutables por adultos y chicos (no tan chicos, porque éstos pueden perderse).
«La familia del futuro» (Meet the Robinsons, EE.UU., 2007, dobl. al español). Dir.: S.J. Anderson. Guión: J. Bernstein, R.L. Baird, M. Bochner, D. Gerson, sobre libro de W. Joyce. Dibujos animados.

Es irónico que esta película del sello Disney, que recomienda mirar siempre hacia delante, luzca una estética de clara inspiración retro-futurista, llena de cariñosos saludos a los diseñadores que en viejos tiempos imaginaron cómo sería el mundo del año 2000, entre ellos el propio Walt Disney con su Tierra del Mañana, un lugar primero fascinante, y después algo nostálgico, de su famoso parque de diversiones.

Pero ésa es sólo la base para dibujar los edificios y los aparatos que acompañan a los personajes de este nuevo cuento.

Tales personajes, en cambio, son de diseño mucho más actual, aunque, a la hora de ponerlos en marcha, también muestren varias semejanzas (de carácter, de ocupación, etc.) con dibujos anteriores provenientes no sólo de la factoría Disney. Guiños, que le dicen, aunque en el cambiante negocio de las patentes sea difícil saber qué empresa tiene, a cierta altura del mes, los derechos de tal o cual figura. Por ejemplo, las originales de Pixar, empresa hoy asociada a la Disney, según algunos, o absorbida, según otros, o a punto de recuperar distancias, según terceros.

No conviene señalar cuáles son esos guiños, que también aluden a una gran variedad de dibujantes, escritores, y hasta cantantes, porque buena parte de la gracia de esta película reside en la constante sorpresa de sus giros argumentales y sus «imitaciones especiales», por decirlo de algún modo.

Digamos, apenas, que su historia refiere la gran aventura de un niño muy creativo, pero nostálgico de la familia que nunca tuvo, que, gracias a una inesperada visita, logra viajar desde su triste orfanato al brillante futuro, donde lo recibe una excéntrica, feliz, y enorme familia, muy graciosa. Pero, como también debe haber algo de realismo y actualización, aunque sea de modo alegórico, junto a ese futuro luminoso acecha el peligro de un futuro alterno, bastante oscuro (si, señor, también hay referencias a una famosa segunda parte, y hay asimismo algo de los animadores de Tim Burton, aparte de su músico Danny Elfman, que alterna con dos compositores de música pop). Digamos además, pero no «apenas», que hay tantos personajes, chistes, guiños, y enredos, que esto más que película parece un gozoso catálogo difícilmente abarcable de todo lo que puede hacer y mostrar la empresa en este momento, siempre mirando hacia delante, como lo recomienda su historia, y siempre apelando al respaldo de su nombre. Por algo, al final de todo este cuento, aparece la vieja y reconocible firma del Gran Autor, con una de sus citas citables. Lo que no es del todo reconocible, para los viejos espectadores, es el ritmo agitado del relato, pero probablemente las nuevas generaciones ya lo tengan incorporado. Igual, no se aconseja ir con niños demasiado chicos, porque van a perderse y ponerse fastidiosos, o, dicho de otro modo, los reales niños del futuro pueden ser un presente bastante molesto, que no dejan a uno recordar tranquilamente las figuritas del pasado.

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