31 de agosto 2006 - 00:00

Gran versión de Misa mozartiana

Coro Bach de Mainz. Orquesta Filarmónica Estatal de Renania-Palatinado. Dir.: R. Otto. Gran Misa en Do menor, para solistas, coro y orquesta, KV. 427, de W.A. Mozart (Teatro Colón 28/8.)

La temporada del Mozarteum Argentino continuó con la presentación del Coro Bach de Mainz, acompañado por la Orquesta Filarmónica Estatal de Renania-Palatinado, ambos bajo la conducción de Ralf Otto.

Creado en 1955, el Coro Bach es uno de los más prestigiosos de Alemania. Había estado en Buenos Aires en 2003 en una visita también organizada por el Mozarteum. Por su parte, la Filarmónica de Renania-Palatinado, que cuenta con más de 85 años de existencia, está por segunda vez en la Argentina. Si bien el primero se ha ocupado frecuentemente de la difusión de la obra sinfónico-coral de Bach, posee un amplio repertorio que abarca a otros compositores del período barroco, así como del clasicismo, el romanticismo y algunos contemporáneos.

Como tributo a los 250 años del nacimiento de Mozart, en su primer concierto, interpretaron la «Gran Misa en Do menor, KV. 427» (una de las dos más trascendentes obras religiosas de Mozart, junto al «Réquiem», KV. 626; ambas quedaron inconclusas a la muerte de su autor). Obra de una gran complejidad polifónica que emplea coro a cinco y hasta ocho voces, su centro de atención se halló justamente en un intenso trabajo del magnífico Coro Bach de Mainz.

Voces de gran precisión y preparación, las texturas polifónicas fueron expuestas con verdadera suntuosidad sonora.

Ralf Otto hizo mucho para que los coreutas y los instrumentistas de la Filarmónica de Renania-Palatinado se unieranen una muestra de gran expresividad, por momentos de una solemnidad impactante, como corresponde a los textos del Ordinario de la misa católica. Si bien la Gran Misa tiene una extensa duración (algo más de 90 minutos), se hubiera preferido una ejecución sin intervalo. Aquí se lo realizó después del noveno número y quizá esta interrupción hizo que se perdiera la intensidad «in crescendo» que posee la obra. Salvada esta observación menor, la versión fue estupenda y sumamente interesante desde el punto de vista histórico, ya que se utilizó la de Robert Levin, que restituyó partes faltantes en el original.

Del cuarteto solista, brilló la soprano canadiense Hélene Guilmette eficazmente acompañada por el tenor Daniel Sans y el bajo Klaus Mertens, y sólo tuvo un punto vulnerable en la irregular contralto Mechthild Georg, que reemplazó a último momento a la anunciada Gerhild Romberger.

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