13 de julio 2001 - 00:00
Guerberof: "En esta comedia Shakespeare bordea lo procaz"
-
Sorpresa en Prime Video: una de las mejores adaptaciones de Agatha Christie arrasa en la plataforma
-
De la tele a Miss Universo: quién es Abril Duhalde, la sobrina nieta del expresidente que busca la corona
Escena de la obra de Shakespeare.
M.G.: Sí, monté «Ceremonia enamorada», con María Ibarreta. Fue un homenaje a mi desconocimiento de lo femenino y también a mi honesto y sincero intento por capturar su misterio. Luego pensé en montar «Trabajos de amor perdidos», pero unos amigos críticos me advirtieron: «Mirá Miguel, los grupos de aficionados la hacen siempre». Así que me decidí por «Todo está bien si termina bien», que en algunas versiones españolas figura como «A buen final no hay mal principio», mucho menos fiel al original. Me reencontré con la obra el año pasado, luego de ver por cable una larga entrevista a Borges donde terminaba recitando en inglés un monólogo de la obra. Intrigado fui a buscar la cita y la encontré, a pesar de que no tengo a todo Shakespeare en la memoria, pero ¿quién puede tenerlo? Si ni siquiera el pobre Borges podía citarlo completo.
P.: ¿Qué le interesó de esta obra?
M.G.: La mirada que ofrece sobre el amor convencional. En esta obra hay como una persecución de las mujeres sobre los hombres. Helena es una mujer profundamente excitada con la sexualidad porque no la ha resuelto, pero su deseo es lo que activa la acción. Yo la visualicé como una especie de Glenn Close en «Atracción fatal», una mujer que tiene un discurso externo muy liberal pero que en la acción lo único que hace es cercar a ese hombre. Al final de la obra Helena termina poniéndole una correa a Beltrán. El público va a ver un espectáculo de humor pero en una lectura más profunda va a poder reflexionar y quizá polemizar acerca de los roles sexuales.
P.: ¿Cómo resolvió los desbordes humorísticos de la pieza?
M.G.: Shakespeare tiene una manera muy particular de mostrar el humor. Cierta zona de la procacidad está siempre latente en sus obras. Imagino que este teatro debe haber sido muy zafio en su época, pero lo podemos trasladar a los actores de hoy. Yo traté el humor desde un costado un poco cínico y algo procaz, donde todo transcurre a una gran velocidad y con simultaneidad de imágenes, porque estoy convencido de que Shakespeare fue el inventor del lenguaje cinematográfico. Uno lee «Hamlet» y se encuentra con un guión de cine. Pasa de un exterior a un interior con un increíble criterio de continuidad y simultaneidad, facilitado sin duda por la peculiar estructura de su teatro.
P.: ¿Qué otros temas aparecen en la obra?
M.G.: Hay una crítica a la medicina tradicional y a lo «cuadrado» del militarismo. El grupo de soldados que aparece es muy tonto y hace de la guerra una cuestión casi deportiva. En este sentido, la puesta tiene mucho de los Hermanos Marx.
P.: ¿Cómo cree que va a recibir el público esta pieza de humor tan «zafio», como usted la definió?
M.G.: Monté este espectáculo con la idea de que este grupo de actores sirva a esta obra con una gran vitalidad y una gran enjundia en la que desde luego se respeta el rango poético del original. Quiero que el espectador tenga la sensación de que esto es una fiesta y dada la efervescencia que se vivió en las primeras funciones me parece que logramos el objetivo.


Dejá tu comentario