Es una pena que no sólo por razones de distancia el público de Buenos Aires y el resto del país se pierdan la oportunidad de conocer a artistas valiosos como la cantante tucumana Claudia Gargiulo. Es una cantante interesante, tiene un estilo personal que aún necesita maduración pero que ya apunta muy alto, investiga en nuevos autores y arreglos. Sin embargo, su trabajo está hecho más en base a esfuerzo personal que a reconocimiento artístico.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Ella produjo su primer álbum, «Folklore urbano», sostiene su trío de músicos también tucumanos, solventó el traslado a la Capital para presentarlo, hizo los programas y se comunicó con la prensa para difundirlo. Gargiulo, como dijimos, está para cosas grandes. Tiene una voz bien timbrada que maneja con comodidad, sabe elegir el repertorio (una mezcla de clásicos del Cuchi Leguizamón, Cuti Carabajal, Chacho Echenique y Julio Espinosa con algunos temas de compositores y letristas de su provincia), y apuesta a la originalidad.
En ese camino, no todos son aciertos, y a veces, el exceso de «arreglismo» -cambiando zambas, chacareras y vidalas con un toque pop, o rockero, o blusero-, la lleva a perder el eje de las letras. Su trabajo, en cambio, se enriquece cuando canta simplemente, sin mayores preciosismos. Este pequeño ciclo de dos recitales de presentación del disco está teniendo invitados especiales. En el debut estuvieron la cantante Liliana Herrero y el guitarrista Diego Rolón. El próximo viernes la invitada será Suna Rocha.
Dejá tu comentario