26 de julio 2009 - 19:33
«Harry Potter y el misterio del príncipe»
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«Harry Potter y el misterio del príncipe» cambia sustancialmente los climas y conflictos de los films anteriores; es una mezcla de terror y romanticismo adolescente expertamente condimentada con una dirección de arte formidable.
Sin embargo Potter, que no está del todo ajeno a las ansiedades y tensiones románticas generales, ni mucho menos a los efectos de una poción especialmente preciada que recibe como premio a su talento en clase, tiene otra influencia más peligrosa. Justamente en el armario del aula donde se estudian las pociones, encuentra un manual sobre el tema. El libro, alguna vez propiedad de un desconocido «príncipe mestizo», empieza a obsesionarlo, y tal vez a cambiar su comportamiento de un modo preocupante.
La mezcla de culebrón adolescente y film de terror está expertamente condimentada por una dirección de arte formidable. La historia ahora ofrece algunas vueltas de tuerca abruptas que, si bien los millones de lectores del libro ya conocen, están astutamente formuladas desde el guión para que el ritmo nunca decaiga. Esto, una vez superado el lento comienzo que alarga las cosas un poco innecesariamente, provocando ansiedad por lo que vendrá.
Las escenas de acción sobrenatural no son tantas, pero todas explotan sorpresivamente aportando la dosis de vértigo visual para equilibrar cualquier riesgo de que el asunto luzca demasiado hablado. En este sentido, los efectos especiales están utilizados con medida y sutileza, por ejemplo en los atractivos flashbacks donde los personajes acceden a ver recuerdos guardados en botellones mágicos.
No hace falta hablar de la calidad de las actuaciones, ya que a esta altura casi todo el mundo está familiarizado con el elenco, donde como siempre sobresale el tenebroso profesor Snape, y sólo hay que agregar la muy buena actuación de Broadbent como el profesor de pociones. La actuación de Daniel Radcliffe (más conocido como Harry Potter) está muy cuidada, pero igual que sus colegas teenagers, por momentos es un poco raro verlo tan crecido encarnando el mismo personaje que empezó a interpretar en 2001. La inmensa parte del público infantil que fue creciendo con él quiza se sienta especialmente identificada con los condimentos románticos del relato, y quizá también sean los más frustrados ante la insistencia de la autora en que las pasiones incipientes aún no lleguen a consumarse.
D.C.



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