14 de septiembre 2000 - 00:00

"HARTO THE BORGES"

S e ha dicho que éste es un documental borgiano sin laberintos ni espejos. Es cierto, no hay laberintos, sino mean-dros, por donde viajan otros autores, o el propio escritor, embarcado en los agradables reportajes que supo hacerle Antonio Carrizo. A propósito, algunos dicen que el escritor humillaba sutilmente a sus entrevistadores. Puede ser, pero lo que aquí se ve parece más bien un maestro corrigiendo con una sonrisa al estudiante de juicio apresurado. Pero alguien especifica el tipo de burla: «¿Quién de nosotros, en su sano juicio, le diría a un conductor de televisión 'usted ha mejorado lo que dije'?» Siendo así, hay que agradecer el insano juicio de Georgie. Pero hay espejos. De algún modo, cada uno de los que aparecen opinando en el film es un espejo del Maestro, que en ellos refleja alguna de sus múltiples figuras, sean luminosas, o más bien oscuras o desagradables. Hay quien le reprocha con odio sus ideas políticas, hay quien lo llama «un genial impostor de la erudición», que actuó siempre «desde la impunidad de los ciegos», y hay también quienes lo miran de un modo más ecuánime, o más agradecido (relevantes, Ariel Dorfmann, Franco Lucentini, el peronista Horacio González, e inclusive Martín Caparrós). Entre todos componen al hombre, y componen también un reflejo de nuestra sociedad.
A su vez, el mismo Borges, más claro y brillante que los otros, resulta espejo de anti-guas personas, de algunas ilusiones, y de algunas realidades de siempre, o de otros tiempos. «Yo no hice otra cosa que nacer en el siglo pasado», dice el hombre, refiriéndose al que ya es ante-pasado, y agrega: «Trato de merecer ese siglo, tan superior al actual», pero esa también es una realidad en cada época.
Hilvanando entrevistas, abundantes fotos, películas a veces inesperadas, un par de programas televisivos, un mordaz dibujito animado de
Vicky Biagola y Liliana Romero, una canción de Maurice Chevalier que recomienda ser sociable en el momento menos imaginable, y un significativo dibujo de Eva Perón, hecho por el propio Borges en 1946 (afortunadamente conservado en la Virginia University), el inquieto realizador Eduardo Montes Bradley, el mismo de «Soriano», elude hacer una obra definitiva. Lo que ha querido hacer, y lo consigue, es una obra incisiva, lo cual es mucho más interesante. Vale la pena.
A propósito de las varias películas que se están viendo sobre
Jorge Luis Borges, hoy a las 19 en la Asociación de Cronistas Cinematográficos, Maipú 621, discutirán sus respectivas visiones Juan Carlos Desanzo, José Pablo Feinmann («El amor y el espanto», de próximo estreno), Eduardo Montes Bradley («Harto the Borges»), el actor Jean-Pierre Noher («Un amor de Borges»), y Fabián Bielinsky, director de «Nueve reinas», que proyectará su corto «La espera», sobre el cuento homónimo del escritor.

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