Volvió "Westworld", drama futurista pero sin pandemias

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Producida por J.J. Abrams, profundiza en tramas que desvelaban a Isaac Asimov: el encuentro del robot con su creador. También aparece el dilema moral de los expertos en inteligencia artificial.

HBO lanzó anoche la tercera temporada de su drama futurista “Westworld” que, entre los temibles vaticinios de su argumento, no cuenta con pandemias ni exterminios causados por virus o enfermedades aunque sí por otra clase de crímenes atroces.

La serie está basada el film de 1973 de Michael Crichton (“Jurassic Park”) en el que los robots de un parque de atracciones enloquecían cuando la computadora fallaba y empezaban a matar a los visitantes. La serie, producida por J.J. Abrams (“Lost”) y dirigida por Jonathan Nolan (autor del cuento “Memento Mori” en que se basó el excelente film de su hermano Christopher Nolan) redobla la apuesta al máximo y plantea un parque de atracciones concebido para que los huéspedes millonarios sean capaces de materializar sus más bajos instintos. Desde orgías sexuales hasta matanzas múltiples con el Far West de fondo, poblado de androides seteados a lo Truman Show.

El primer capítulo de la tercera temporada (disponible en Flow inmediatamente después de su emisión) se vale de algunas incorporaciones interesantes como la de Aaron Paul (Jesse Pinkman en “Breaking bad”), para mitigar la ausencia del gran Anthony Hopkins, asesinado en la temporada pasada. Paul viene a sumarse al elenco que encabeza Evan Rachel Wood, (Dolores) como una robot en busca del ideólogo de la siniestra máquina.

En temporadas anteriores se abordaron líneas argumentales variadas. La primera y que ya desvelaba a Isaac Asimov fue la del encuentro del robot con su creador, y sigue siendo la más interesante. También la defensa de los dueños de la compañía en apoyo a las fantasías apocalípticas más sangrientas; los dilemas morales (o ausencia total de estos) de parte de los expertos en inteligencia artificial, verdaderos responsables de que la maquinaria funcione; las fallas en los robots y el germen de una rebelión amenazante, y demás subtramas que hicieron posible una tercera temporada y quién sabe si más.

Lo que no deja de inquietar de la historia es cómo la tecnología se desplegará a un punto tal en que la pregunta será si se está frente a un robot o a un humano. Y se vivirá en un mundo en donde el bien más preciado será encontrar emoción y conexión real ante tanta virtualidad.

En el primer capítulo, además de la venganza de la protagonista Evan Rachel Wood, que tiene mucho de la implacable Uma Thurman de “Kill Bill”, se esboza la historia de un frustrado Aaron Paul como un hombre que busca insertarse en el mercado laboral pero es inevitablemente arrastrado al de los trabajos sucios a cambio de dinero fácil. Al final se econtrará con la heroína en lo que se vislumbra como la historia de amor de esta temporada. Otra novedad está en el escenario de un nuevo Westworld: un pueblo o ciudad europea en tiempos del nazismo.

La serie es impecable a todo nivel, y cuenta con una banda sonora insuperable de Ramin Djawadi (“Game of thrones”, “Lord of the rings”), con una versión acústica inolvidable de “Paint it, black” de los Stones, temas como “99 red Balloons de Nena” y otros de Soundgarden o Radiohead. Eso sí, no es apta para impresionables, redobla el nivel de crueldad y se vuelve angustiante en la misma línea que “Black Mirror”.

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