26 de diciembre 2001 - 00:00

"He intentado en mi obra llegar a asumir mis contradicciones"

Juan Goytisolo
Juan Goytisolo
(26/12/01) Marraquech - Al español Juan Goytisolo se lo ha definido como un «escritor errante», no sólo porque suele pasar de Marruecos a Francia o Nueva York, casi sin pisar España, sino también porque cada novela suya es una búsqueda de nuevas formas de expresión. Puede pasar de cuestionar el marxismo en «La saga de los Marx» a ironizar sobre el Opus Dei en «Carajicomedia», su novela más reciente. Está considerado internacionalmente «uno de los narradores más vigorosos y completos de la posguerra»que, en camino inverso a la mayoría pasó del «realismo sopcial» («Juego de manos», «La resaca», «Campos de Nijar») a la narrativa experimental con ruptura de la concepción clásica de género («Señas de identidad», «Juan sin Tierra», «Don Julian»). Ha escrito memorias en las que confesó su homosexualidad, provocando comentarios contrapuestos y polémicas, y hasta enfrentamientos familiares, («Coto vedado» y «En los reinos de taifás»), libros de viajes («Estambúl y «Gaudí en Copadocia») y ensayos sobre arte y literatura.

Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) pertenece junto a su hermanos, el novelista Luis y el poeta José Agustín, a una familia mítica dentro de las letras y la política de España. Eligió desde hace años residir «en el norte de Africa» realizando una personal aproximación al islamismo, buscando enfrentar los estereotipos tradicionales («Makbara», «Crónicas sarracinas» y en la serie de crónicas «Alqibla» reunidas en la antología «De la Ceca a la Meca»), esta actitud, frente a los recientes atentados terroristas en Estados Unidos, llevó al diálogo que ofrecemos.

Periodista: Usted ha dedicado parte de su obra a enfrentar kis esterotipos que circulaban en Occidente sobre el islamismo, el mundo árabe y Africa. ¿Su actitud ha sido modificada por los atentados del 11 de setiembre?

Juan Goytisolo:
No, porque cuando se habla del Islam es de algo tan diverso y tan complejo como cuando se habla de la cristiandad. Siempre han existido, por lo menos desde los años '20 del siglo pasado, esos grupos radicales islamistas que proceden del guajidismo, actualmente imperante en Arabia Saudita. Eso ya existia, lo que ocurre es que Occidente, y Estados Unidos en particular, no querian admitirlo a causa de las necesidades del petroleo e incluian a esos regimenes fundamentalistas entre los moderados. Ahora han descubiertos que no es lo mismo coincidir en intereses económicos que dividir el Islam entre buenos y malos.

P.: ¿Sospechó lo que llegaría a hacer Bin Laden?


J.G.:
No, la verdad que el espectáculo que montó con el atentado a las Torres Gemelas nadie podía imaginarlo. Tardé unos segundos en darme cuenta que no era un film de ciencia ficción sino la realidad. Si alguien lo hubiera previsto imagino que las autoridades norteamericanas hubieran tomado medidas defensivas. Esto sorprendió a todo el mundo. Yo he vivido en Nueva York y es la ciudad que más me gusta del mundo, y lo que vi me produjo un efecto terrible.

P.: Su nombre estuvo unido, en los años '60, como el único español vinculado al boom de la literatura latinoamericana...


J.G.:
Nunca formé parte del boom. Nunca he sido un autor con un éxito de ventas como García Márquez o Vargas Llosa. Lo que si me he sentido es más afín a escritores de América Latina que a los de España, más próximo a los cubanos Lezama Lima, Severo Sarduy y Cabrera Infante que de Camilo José Cela u otros escritores españoles. Han sido con los del boom más bien afinidades con contemporáneos. No es la geografía lo que determina las diferencias sino el enfoque literario y las afinidades que uno siente con otros escritores.

P.: Su obra ha pasado por varias etapas, del realismo a la innovación linguística, de la critica social a memorias que provocaron escándalo...


J.G.:
Es una evolución natural. Hay que tener en cuenta que la gente de mi generación se educó bajo el franquismo. Algunos se acomodaron muy bien al sistema, pero los que eramos jóvenes procuramos escribir una literatura realista que cumpliera con el deber de retratar la realidad que era escamoteada por la prensa. Estabamos ligados a lo que se llamaba realismo crítico.

P.: Posteriormente pareció que habia varios Juan Goytisolo, que se enfrentaban en sus estéticas, en sus ideas...


J.G.:
En un momento me di cuenta que si bien habiamos cumplido como ciudadanos no estabamos cumpliendo como escritores, entonces tomé una trayectoria particular, que es la mía y no la de mi generación. Asumí, o intenté asumir, mis muchísimas contradicciones, que son la de todo artista. Busqué comprender los elementos de irracionalidad que hay en mí. La literatura, creo, debe expresar integralmente al hombre, con todo lo que contiene, su racionalidad y su irracionalidad, su ser entero.

P.:Allí fue que abandonó a su generación por una búsqueda de lo personal...

J.G.: José Angel Valente
decía que «el escritor nace cuando no se le aplica ya el concepto generacional». Esto es verdad. Cuando oigo hablar de generaciones me rio de los críticos, siempre me han parecido un disparate, un comodin para los profesores y el comercio. San Juan de la Cruz formaba parte de la Generación de 1575, Góngora era «un poeta destacado de la generación de 1600». Todo eso es un absurdo. Todo escritor de verdad es una excepción, algo único.

P.: ¿Cómo su amigo Jean Genet?

J.G.: Cuando lo conocí yo era muy jóven. Genet me enseñó que una cosa es «hacer carrera» y otra ser escritor. No hablaba de su obra ni de si mismo, hablaba de la vida, de la gente común, amigos, policias, comerciantes. Esa fue para mi una gran lección.

P.: Hace poco apareció un extenso ensayo sobre «Los Goytisolo», que muestra a ustes y sus hermanos Luis y José Agustín como un grupo mítico en las letras españolas...


J.G.:
Creo que se debió al impacto que tuvo en nosotros la Guerra Civil, que destruyó la la cúpula familiar protectora, hizo que se derrumbara en una época muy temprana. Nuestra vocación puede explicarse a partir de ese hecho.

P.: ¿Calificaron libros suyos de «autobiografía inmisericorde» por haber hablo abiertamente sobre su homosexualidad?


J.G.:
Tengo aspectos autobiográficos en «Coto vedado» y «En los reinos de taifas». De haber sido un escritor en lengua inglesa o francesa no hubiera escrito esos libros. Los hice porque en España no está esta tradición de ponerse a sí mismo en tela de juicio. En los paises católicos, donde existe la confesión, los católicos van al confesionario y vacian sus intimidades y sanseacabó. En los paises protestantes, desde la Reforma, existe una autocrítica, un examen de conciencia. Eso explica que haya habido, desde Samuel Pipps a Oscar Wilde o Frank Harris, textos autobiográficos espléndidos, que no existen en lengua española. Fue una manera de inaugurar ese género, porque en España lo que se hace pasar por memoria son memorias muy desmemoriadas, en las que se cuentan chismes de los demás pero el autor oculta cuidadosamente los aspectos más íntimos o perturbadores de su propia vida. Entonces, yo partí de un principio enteramente opuesto. En ese aspecto me siento más protestante que católico.

P.: ¿Sus confesiones resultaron por eso escandalosas?


J.G.:
No busqué en absoluto el escándalo. Dije cosas con el mayor pudor posible, sin ninguna voluntad de provocación ni de exhibicionismo. También hablé de mis 40 años junto a Monique. En España siempre se ha pasado de la ocultación total al exhibicionismo tipo Dalí, y a mi las dos cosas me molestan cuando no me indignan.

P.: Usted ha dictado cursos, por ejemplo en la Universidad de Nueva York, donde enseñó a leer de un modo diferente la literatura de lengua española.


J.G.:
Siempre he pensado que la mejor mirada, o por lo pronto la más interesante, es la que va de abajo hacia arriba, de la periferia hacia el centro. Esto lo comprendí definitivamente en Nueva York y, sobre todo, en París, que me entregó la curiosidad por otras culturas.

P.: ¿El vivir en Marraquech es una elección sentimental, un exilio, una modo de tomar distancia, una necesidad?


J.G.:
Es un lugar donde puedo trabajar tranquilo. Para mi es una de las ciudades más bellas del mundo, y el clima me conviene. Vivo fuera de España y dentro de su literatura. Procuro alternar mi residencia aquí con estancias en sitios culturalmente, podemos decír, más estimulantes, como París o Nueva York.

P.: Después de su última novela, «Carajicomedia», ¿ que está escribiendo?


J.G.:
Nunca hablo del trabajo que hago, soy muy supersticioso.

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