“La única vara para medir quiénes somos, la única forma de saber si somos villanos o héroes, está en nuestro comportamiento. Y ahí es donde entra el ejemplo de por qué la Segunda Guerra Mundial merece ser estudiada”, señala Tom Hanks sobre la producción “Segunda Guerra Mundial”, en la que se desempeña como narrador, presentador y productor ejecutivo. Se lanzará globalmente y en simultáneo en “History”, el próximo lunes 25 de mayo en más de 40 idiomas y 200 territorios.
Se trata de una serie documental de 20 episodios, que reconstruye el conflicto más devastador del siglo XX a partir de impactante material de archivo real, gran parte de él nunca visto públicamente, con imágenes restauradas, registros inéditos y audios históricos recuperados que permiten revivir la guerra.
Resultado de más de diez años de trabajo, la producción con Tom Hanks recorre algunos de los momentos decisivos de la Segunda Guerra Mundial, desde la invasión de Polonia y Pearl Harbor hasta el Día D, la caída de Berlín y el desenlace en Hiroshima y Nagasaki, combinando testimonios de especialistas internacionales con relatos humanos de soldados y civiles atravesados por el conflicto. Aquí un extracto de las declaraciones de Tom Hanks sobre la serie.
Tom Hanks: Por qué volver a reexaminar la Segunda Guerra Mundial, como si no se hubiera hecho suficiente desde que "Victoria en el Mar" salió al aire a principios de los años 50. Es una comprensión que evoluciona sobre quiénes somos, moldeada por esos seis años que fue la Segunda Guerra Mundial. Cuando era chico, cada uno de los adultos que me cuidaban tenía una mirada sobre la guerra que se parecía a la forma en que alguien habla de una gran plaga o una gran inundación. Sus vidas estaban divididas en tres partes: antes de la guerra, después de la guerra y durante la guerra. Tener 5, 6, 7, 8, 9 o 10 años… los años de la guerra, sos de los que hablaban mi papá, mis profesores, los amigos de mi papá y los padres de mis amigos, eran parte de la vida cotidiana. Había programas de televisión, documentales, películas, música… todo giraba alrededor de la guerra. Todos los artistas conocidos que veías en televisión tenían una historia o habían participado de alguna forma durante esos años. A veces era simplemente haber estado vivos en esa época, haber sido un chico de 8 años mientras la guerra ocurría. Y en otros casos, había sido estar en el frente o haber servido de alguna manera, con uniforme.
P.: ¿Y qué recordás sobre los diferentes puntos de vista de cada uno?
T.H.: Hablaban desde una vida que había quedado en suspenso, por un período de tiempo indefinido. Hoy todos podemos mirar hacia atrás y decir: “Claro, sabemos cuándo empezó la guerra y sabemos cuándo terminó. Si realmente estabas vivo en esos años, desde 1939, o incluso 1936, hasta 1946, no tenías idea de cuándo iba a terminar. De hecho, muchos asumían que iba a continuar durante 10 o 15 años más, lo cual era una posibilidad real. Ese es uno de los aspectos.
P.: ¿Cómo fue vivirla de chico?
T.H.: Yo era alguien que siempre estaba buscando algún tipo de entretenimiento de no ficción. Eso era lo que buscaba de chico, eso era lo que leía, eso era lo que miraba. Me fascinaban esas historias. Era historia, pura y simple. Y además era historia inmediata, porque lo más probable…. Mi profesor de trigonometría, el doctor Charrington, ese era su nombre, había servido durante la guerra.
P.: ¿Qué historias recordás sobre ese profesor?
T.H.: Él contaba una historia sobre estar en un avión que se perdió en un vuelo de San Francisco hacia Honolulu, hacia Pearl Harbor, durante la guerra. Había tanta niebla que no había forma de que creyeran que iban a poder aterrizar. Pensaban que se iban a quedar sin combustible y terminar cayendo en algún lugar del Pacífico. Pero el navegante de ese B-17 era tan bueno que cuando empezaron a descender decía: "No, estamos en rumbo, estamos en rumbo".Recuerdo esto, y yo ya estaba en secundaria en ese momento, descendían cada vez más y más y no veían nada más que nubes delante de ellos. No tenían idea de su altitud, ni de dónde estaban, ni de su rumbo exacto. Y cuando finalmente salieron por debajo de la capa de nubes, ahí estaba la pista, alineada justo frente a ellos. Ese es el tipo de historia de guerra que escuchás en tu tercer año de secundaria.
P.: ¿Cómo impactaron esas historias en tu vida?
T.H.: Estudiarla en ese momento y escuchar sobre ella se convertía en una gran saga de historias magníficas, amplificadas por documentales como "El Mundo en Guerra", narrado por Laurence Olivier, y también por episodios de Combat, o películas como "Kelly's Heroes" o "El Gran Escape". Cuando pasaban "El Gran Escape", no había un chico en el barrio que el lunes no estuviera hablando de ella.
P.: ¿Por qué entonces volver a hacer esta serie documental hoy?
T.H.: En primer lugar, hay una enorme cantidad de material que nunca vimos. No solo hay escenas nuevas, literalmente nuevo material en celuloide, nuevas imágenes, sino que además están mucho más integradas en el contexto de su tiempo. No sé cuántas veces vi un fragmento de un archivo de video o una perspectiva de un momento específico de la historia y pensé: bueno, este material en blanco y negro, de 16 milímetros, sin sonido, quizás de unos 30 metros de filmación, es todo lo que existe. No. Hay más. Y con esas nuevas tomas, con esas nuevas imágenes que continúan, podés ver qué pasa después del momento, o cómo surgió. Esto es una forma de narrar visualmente que ya no se limita a contar. Ahora muestra lo que pasó. Y eso es enorme.Sin embargo, la razón principal por la que en 2025 volveríamos a analizar esto de nuevo es por el ejemplo que dejaron las personas que vivieron en ese momento.
P.: ¿Qué lecciones sigue dejando hoy la Segunda Guerra Mundial?
T.H.: Una gran parte del mundo podría no haberse preocupado por el nazismo, basado en la superioridad genética, o por el Imperio de Japón, basado en la superioridad racial. Pero hubo otra parte del mundo, llamémosla Occidente, que estaba guiada por una noción de lo que está bien y lo que está mal. Y una cantidad suficiente de esa generación dijo: "Lo que está pasando está mal". Es lo opuesto a todo lo que representamos. También es la culminación de la supresión de derechos a los que todos los seres humanos tienen incorporados. El mundo es un lugar mejor cuando todos sus ciudadanos son considerados poseedores de ciertos derechos inalienables. En Estados Unidos, eso incluía una combinación de: libertad de religión, de reunión, de expresión y de prensa.
P.: ¿Qué más podés decir de ese mundo partido en dos ?
T.H.: Esa idea de libertad gobernó a la mitad del mundo que decidió involucrarse y enfrentarse a los tiranos que querían dominar el mundo. Llamémoslo por su nombre: Japón imperial quería esclavizar su parte del mundo. La Alemania nazi quería esclavizar a todos los que conquistara. Y lo hicieron durante unos seis años, hasta que una parte suficiente del mundo occidental, las democracias, dijeron: No. No pueden eliminar las libertades básicas de lo que significa estar vivo y ser libre. Esas cuatro libertades, y algunas más. Por eso vale la pena mirar ejemplos del pasado que realmente pueden influir en cómo vivimos hoy y en cómo distinguimos entre lo correcto y lo incorrecto.
P.: ¿Cómo esperas que la serie impacte en la audiencia?
T.H.: Lo que espero es que alguien, de cualquier generación, al ver una nueva revisión de este tipo de contenido piense: "No sabía que era tan simple como eso". Claro que hay muchos otros detalles. No sabía que era tan peligroso. ¿Cómo hicieron esas personas?, ¿qué los llevó siquiera a intentarlo, a intentar salvar el mundo? Pero los detalles, cuánto costó, cuánto tiempo llevó… una de las cosas que yo aprendí, especialmente en esta serie, es lo miserable que fue, y durante cuánto tiempo, la campaña en Italia. Estar mojado, cubierto de barro, y bajo fuego enemigo durante más de un año y medio. Eso es lo que fue. Es un tipo de experiencia que solo puede transmitirse por un lado, a través de quienes la vivieron, y en esta serie tenemos muchos.Pero también a través de intérpretes de esas experiencias, grandes narradores de historias, que no se apoyan solamente en sus opiniones, sino en hechos incuestionables -por así decirlo-, en los hechos reales de lo que ocurrió.