"Hitler no era un loco, sabía lo que eran el bien y el mal"

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(03/01/2001) El profesor Ian Kershaw está considerado una de las máximas autoridades mundiales en el estudio de Adolf Hitler y en la dinámica histórico-política del Tercer Reich. Nacido en 1943, dirige hoy el Departamento de Historia de la Universidad de Sheffield de Gran Bretaña.

En su monumental biografía en dos volúmenes sobre el dirigente nazi -la primera parte la publicó en castellano Península en 1999- evita cuidadosamente una aproximación persona-lista a la figura del dictador y se concentra en los mecanismos de manipulación y eliminación de las estructuras de gobierno que hicieron posible su poder omnímodo.

La obra de Kershaw se diferencia de otras famosas biografías de Hitler, como «Hitler. Estudio de una tiranía», de Alan Bullock, y como la biografía «Hitler», del alemán Joachim Fest.

Además de su biografía de Hitler, Kershaw es autor de «Opinión pública y disidencia política en el Tercer Reich: Baviera 1933-45» (Oxford University Press, 1983); «El mito de Hitler. Imagen y realidad en el Tercer Reich» (Oxford U. P. 1987); «Weimar: ¿por qué cayó la democracia alemana?» (Weidenfeld, 1990); «Hitler, un perfil de poder» (Longman, 1991); «La dictadura nazi: problemas y perspectivas de interpretación» (1993) y «Estalinismo y nazismo: dictaduras comparadas» (Oxford University Press, 1997).

Kershaw
fue también autor del guión de la aclamada serie documental de la BBC «Los nazis. Una advertencia de la historia» (que fuera emitida por Ambito Financiero por "Canal 7") y ha supervisado numerosas tesis doctorales y estudios históricos sobre la Alemania de la República de Weimar, el Tercer Reich y la Ale-mania de posguerra. os

El segundo tomo de su monumental biografía de
«Hitler», que acaba de ser distribuida en la Argentina por Península en coedición con la editorial Biblos, recorre los años que van de su apogeo en 1936 a la derrota de 1945. Se trata de un retrato social, político, económico, sociólogico y psicológico. Ian Kershaw ha coronado la empresa consultando textos y archivos que eran zona vedada, algo impracticable hasta 1990.

Periodista: Una buena parte de los historiadores del siglo XX prestó más atención a lo que se denomina la superestructura -ideología, economía, lucha de clases-que a la influencia determinante de los individuos: Napoleón, Stalin, Hitler. ¿Fue Hitler algo más que un accidente histórico?


Ian Kershaw:
Los hombres hacen historia en las circunstancias que los rodean, incluso Napoleón, Hitler o Stalin. También es cierto que estos personajes desempeñan un importante papel individual. Los historiadores tenemos que evitar estas polarizaciones entre la influencia individual y el contexto socio-político-económico. Hitler era una figura que surge en un escenario que creó su imagen y luego él influyó en el escenario.

P.: Para un hombre del siglo XXI quizá le sea difícil comprender aquella Europa en la que las democracias eran débiles (y nada parecidas a las que hoy existen) y los regímenes de prestigio eran los totalitarios.


I.K.:
Tenemos que hacer un ejercicio de imaginación. Para comprender la Europa de los años '20 y '30 es preciso abandonar nuestro entorno. La Primera Guerra Mundial infligió heridas muy hondas que tienen que ver con un nacionalismo que ya no existe y con unas democracias que no se pare-cen en nada a las actuales.

Europa estaba alterada por un conflicto ideológico entre el bolchevismo y las fuerzas de un conservadurismo que coqueteaban con el fascismo. Europa estaba caracterizada por el legado del Imperialismo: Alemania e Italia se veían como grandes potencias emergentes. En el caso de Alemania, su imperio no estaba en Africa, sino en el centro y en el este de Europa, y se impondría a pueblos a los que se consideraba inferiores gracias a la amenaza del bolchevismo.

P.: Háganos un breve retrato de la psicopatología de Hitler y del pueblo alemán en aquella época.


I.K.:
Hitler tenía una enorme fisura entre lo que de verdad valía como persona y la imagen que él tenía de sí mismo, por ejemplo como gran artista o gran arquitecto. Pero era, en 1919, un gran fracasado, que se encontraba en el lugar más bajo de su sociedad.

En paralelo, Alemania, que se había creído una gran superpotencia, se enfrentaba a la derrota. Luego él supo articular un lenguaje que podía ser entendido por aquellas masas nacionalistas, humilladas y avergonzadas, con una ideología de la redención.

P.: ¿Tenía Hitler alguna idea de lo que era el bien o el mal?


I.K.:
Adolf Hitler no era un enfermo mental, al menos bajo criterios médicos. Ahora bien, Hitler y otras muchas personas acusaban a los judíos de todo lo que le había ocurrido a Alemania, por lo que al menos debían ser deportados. Luego, y eso no sólo fue idea de Hitler, se llegó a la conclusión de que había que exterminarlos. Y esto para Hitler no tenía nada que ver con el mal, sino todo lo contrario. Era la mentalidad común.


P.: Si Hitler hubiera convencido a Franco de que entrara en la guerra ¿eso hubiera cambiado el resultado final?

I.K.: No creo que Franco les hubiera cedido Gibraltar a los alemanes (que le pedían una isla de las Canarias). Pero, de haberlo hecho, eso habría debilitado a los ingleses. Para Hitler, la entrevista con el generalísimo Franco fue frustrante. Aunque sí estaba satisfecho de su «no beligerancia». Pero a Hitler lo que real-mente le importaba no eran ni Inglaterra ni el Mediterráneo, sino la URSS. En fin, no era un gran estratega, ni un hombre que defendiera posiciones defensivas y tampoco hacía caso de los profesionales.

P.: ¿Tenía la más mínima probabilidad de ganar la guerra, una guerra que lo era a largo plazo y no de «blietzkrieg (relámpago)»?


I.K.:
No, absolutamente no.

P: ¿Qué novedades aporta su libro a la bibliografía de la Segunda Guerra Mundial?

I.K.:
Lo importante son las fuentes y la aproximación. Hay muchos libros que tratan sobre la batalla, pero ninguno habla del horror, de la monstruosidad que fue Stalingrado. Exploré las fuentes que dan cuenta de lo que padecieron los soldados de ambos bandos y, sobre todo, los civiles, a través de cartas, diarios, confesiones... Me pareció que lo importante era enfrentar esos testimonios a las actitudes de los dos tiranos: Hitler y Stalin. Hitler vivió la fantasía de ver el mundo sobre un mapa marcado con muchas banderitas, sin atender a lo que vivían sus soldados.

Por su parte, Stalin estaba decidido a sacrificar a millones de civiles. Los archivos alemanes atesoraron mucho material, porque los militares, los doctores, etcétera, cuando estaban de permiso, tenían la obligación de decir la verdad. En cuanto a los soviéticos, ahí están los informes que los comisarios políticos enviaban a diario, que acumulan datos sobre las deserciones, los suicidios, las heridas autoinfligidas...

P.: Y la población civil...

I.K.:
Murieron 26 millones de rusos durante la guerra, de los cuales 17 millones eran civiles. De los seis millones de judíos asesinados por ambos bandos, al menos un millón y medio eran rusos, que también estaban bajo la solución final (un olvido que siempre ha enojado a los rusos). Ya la Guerra Civil Española fue un laboratorio de lo que sería la guerra contra los civiles... Y aun antes la guerra civil rusa.

En realidad, de lo que se habla es de una guerra civil internacional, de la que Stalingrado fue un ejemplo: húngaros, rumanos, italianos, comunistas alemanes, rusos que desertaban... Un punto en común con España fue la reacción que produjo en Madrid el avance de las tropas de Franco: un pánico que se convirtió en valentía, de la misma forma que ocurrió en Stalingrado... Esto complica mucho escribir sobre Stalingrado: por una parte, estaban la valentía y el patriotismo de los ciudadanos rusos y, por la otra, la brutalidad de la NKVD o de los konsomoles (las juventudes comunistas) al servicio de la represión estalinista.

De hecho, Stalin monta un golpe teatral en Moscú como el desfile de las Brigadas Internacionales en Madrid. Ahora se puede decir abiertamente qué fue realmente el estalinismo, qué pasó en el comunismo.

P.: ¿Y los errores de Hitler?

I.K.:
Los mismos que los de la URSS: la falta de realidad. También hay que decir que los servicios de inteligencia británicos estaban seguros de que si Hitler tenía éxito, la URSS se colapsaría. Hitler se equivocó al juzgar a los rusos en términos de comunismo y no de patriotismo. En lo militar, quiso someter a Ucrania, Leningrado y a Moscú al mismo tiempo. Pero, sobre todo, al hacer la guerra sin tener en cuenta la logística y los aprovisionamientos.

P.: ¿Quién ganó la guerra?

I.K.:
La victoria de Stalingrado le permitió a Stalin dictar la estrategia final de la contienda. Luego, la URSS se convirtió en una superpotencia, pero no supo mantener ese poder. En términos de la Segunda Guerra Mundial, puede decirse que la ganó; en términos de la Guerra Fría, la perdió.

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