3 de septiembre 2002 - 00:00

Hollywood se apropia de un singular policial noruego

Al Pacino
Al Pacino
En 1997, un pequeño film policial de procedencia exótica (Noruega) tuvo una repercusión inusual en el circuito de cine de arte y ensayo en los Estados Unidos. La película era «Insomnia», su director Erik Skoldbjaerg y su protagonista Stellan Skarsgard, el mismo intérprete de «Contra viento y marea» y que no tardaría en ser adoptado por Hollywood («En busca del destino», «Ronin», etc.)

Después de su explotación en cines, la fama de la película fue prolongada por una excelente edición en DVD a cargo del más prestigioso de los sellos de cine-arte, «Criterion Collection». La sugestión de su trama, ambientación y personajes llamó rápidamente la atención de George Clooney y Steven Soderbergh, quien decidieron adquirir los derechos para una re-make norteamericana, y pensaron en dos estrellas como protagonistas.

Al cabo de varias pruebas y distintas ofertas, los elegidos fueron Al Pacino y Robin Williams, quienes tendrían a su cargo, respectivamente, los papeles del perseguidor y el perseguido de la historia. Para Pacino, «Insomnia» (que en su versión local, que se estrena pasado mañana en el país, lleva el título de «Noches blancas») representaba una vez más el papel de un policía controvertido, en la línea de «Serpico» y «Prohibida obsesión», mientras que para Williams el reto era asumir la caracterización de un criminal neurótico, una faceta a la que parece abocarse en los últimos tiempos.

El director elegido por Clooney y Soderbergh para llevar a la pantalla la americanización de «Insomnia» fue, paradójicamente, el inglés Christopher Nolan: la paradoja es que Nolan, realizador de la alambicada «Memento» (aquel policial narrado en sentido inverso) tuvo ahora la tarea de poner en escena un guión de Hillary Seitz que, de alguna manera, transforma a «Insomnia» en una película mainstream, es decir, adaptada al consumo vasto de los grandes públicos. Para ello, muchas de las ambigüedades del pequeño policial noruego, que sólo podían resolverse en la interpretación personal de cada espectador, quedaron suprimidas, y la totalidad del film, a través de añadidos, se relata de manera clara y unívoca.

El título local «Noches blancas», si bien tiene resonancias de Dostoievski y Visconti, alude en realidad a una particularidad central de la ambientación: tanto en su original noruego como en su remake americana, la historia se desarrolla en aquella geografía conocida como la del «sol de medianoche», al norte del círculo polar ártico, donde no se pone el sol durante los veranos y es noche permanente en los inviernos.

El film, ahora ubicado en Alaska, transcurre en verano, y la pertinaz luz del sol durante las 24 horas influye, como si se tratara de un personaje más, sobre la psiquis del protagonista, el policía que compone Pacino. La falta de sueño del título original, «Insomnia», es uno de los componentes más que definen la condición resquebrajada, en lo físico y lo moral, del investigador.

Según la línea central de la historia, el policía viaja acompañado por un asistente para tratar de develar el brutal asesinato de una adolescente. La policía de la región, con excepción de una joven agente (
Hilary Swank) que lo admira, no aceptan con docilidad que les envíen «expertos» foráneos. Sin embargo, y pese a la pericia de Will Dormer (nombre del personaje que interpreta Pacino), se sucede una serie de extraños acontecimientos que perturban las pesquisas, empezando por la muerte de su compañero policía por culpa suya, y aparentemente de manera accidental.

Además de los mencionados, completan el elenco de
«Noches blancas» Martin Donovan, Maura Tierney, Paul Dooley, Jonathan Jackson y Katherine Isabelle.

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