28 de diciembre 2001 - 00:00
Hollywood teme al fantasma de postergación del Oscar
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Ronald Reagan
Reagan, primer actor de Hollywood en ocupar la Oficina Oval, presenció el show por televisión desde su lecho en el hospital, que incluyó una declaración de bienvenida de un minuto que él había grabado para el show 10 días antes.
Dichas postergaciones requieren un enorme esfuerzo logístico que involucra a miles de personas, no sólo los postulados, invitados y presentadores, sino a técnicos, músicos, floristas, diseñadores, cocineros, mozos, peluqueros, gerentes de hoteles, choferes de limusinas, agentes de seguridad y periodistas. Cualquier cambio en los horarios arroja por la ventana meses de planificación y origina una ola de preocupación en la economía de Los Angeles.
La presión del fenómeno se sintió particularmente en 1981, cuando la decisión sobre si se llevaba a cabo la ceremonia del Oscar tenía que tomarse casi de inmediato, ya que muchos de los principales participantes estaban ya preparándose para la gran noche.
«Nos tomó tres o cuatro horas antes de que pudiéramos decidir qué hacer», recordó John Pavlik, quien era entonces el administrador ejecutivo de la Academia y es ahora director de comunicaciones. «Al principio, no sabíamos si Reagan iba a sobrevivir. Eso podría haber cancelado el show, porque, si hubiera muerto, habrían transcurrido varias semanas antes de que el país volviera a la normalidad», comentó.
Mientras tanto, Kanin, Jewison y el grupo de empleados de la Academia se encargaron de atender los teléfonos, una tarea monumental, debido al número de personas involucradas en echar a andar el espectáculo del Oscar. Todos los artistas que actuarían, los presentadores y postulados tenían que ser confirmados para la nueva fecha, un frenético ejercicio en asuntos logísticos que requirió comunicarse con los artistas, agentes, representantes y productores de la industria.
«Llamé a Johnny Carson, el maestro de ceremonias», recordó Jewison. «El dijo, 'eso es terrible: mis primeros 10 minutos son de chistes de Reagan», agregó.
Finalmente, la postergación de 24 horas dio a Carson una oportunidad de hacer una rápida reelaboración de su monólogo. Pero después de congratularse porque «el presidente se encuentra en excelente estado de salud», Carson no pudo resistirse a darle un suave pinchazo a los planes del presidente de recortar los fondos federales a la Fundación Nacional para las Humanidades. «Es el mayor ataque de Reagan a las artes desde que firmó con Warner Bros.», apuntó el maestro de ceremonias.

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