28 de diciembre 2001 - 00:00

Hollywood teme al fantasma de postergación del Oscar

Ronald Reagan
Ronald Reagan
(28/12/01) Hollywood (Reuters/Variety) - Pese a que la Academia de Hollywood ya repitió hasta el cansancio que la ceremonia del Oscar se hará el 24 de marzo tal cual está programado, la terrible tragedia del 11 de septiembre continúa pesando en la mente de muchos. Y, aunque a nadie en Hollywood le gusta recordarlo, postergar la entrega del Oscar tiene precedentes históricos.

En 1938, el show en el Hotel Biltmore fue postergado del 3 al 10 de marzo, debido a masivas inundaciones en el área de Los Angeles. Las aguas dañaron los estudios y dejaron varadas a muchas personas en sus casas, incluyendo al presidente de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, Frank Capra. Asimismo, varias estrellas de Hollywood tuvieron que buscar atención médica por lesiones menores.

En 1968, el asesinato de Martin Luther King Jr. en Memphis, el 4 de abril, obligó a la Academia a posponer la ceremonia al 10 de abril, dos días después de la noche programada inicialmente, para el Civic Auditorium, de Santa Mónica, y un día después del funeral de King. A medida que estallaban disturbios en todo el país, Sammy Davis Jr., que iba a cantar durante la fiesta de los Oscar, dijo en el programa «The Tonight Show» que había pedido al presidente de la Academia, Gregory Peck, que postergara la ceremonia «para demostrar que a alguien le importa». La fiesta fue cancelada y las intervenciones del anfitrión Bob Hope fueron redactadas de nuevo, «para estar acorde con la dignidad de la ocasión», según dijo Peck a los periodistas.

El 30 de marzo de 1981, fecha en que los Oscar iban a ser entregados en el Dorothy Chandler Pavilion, un hombre baleó al presidente Ronald Reagan en Washington, pocas horas antes de que comenzara la ceremonia. Sin saber la magnitud de las heridas de Reagan, Fay Kanin, presidenta de la Academia; Norman Jewison, productor del show, y ejecutivos de la cadena ABC decidieron celebrar el espectáculo al día siguiente.

Reagan
, primer actor de Hollywood en ocupar la Oficina Oval, presenció el show por televisión desde su lecho en el hospital, que incluyó una declaración de bienvenida de un minuto que él había grabado para el show 10 días antes.

En la actualidad, con el país todavía tratando de recuperarse de los atentados ocurridos el 11 de septiembre, y con amplia evidencia de que el mundo verdadero es capaz de irrumpir en la fábrica de fantasías de Hollywood, existe el posible inconveniente de que otra catástrofe pueda interferir de nuevo en la ceremonia de entrega.

Esfuerzo

Dichas postergaciones requieren un enorme esfuerzo logístico que involucra a miles de personas, no sólo los postulados, invitados y presentadores, sino a técnicos, músicos, floristas, diseñadores, cocineros, mozos, peluqueros, gerentes de hoteles, choferes de limusinas, agentes de seguridad y periodistas. Cualquier cambio en los horarios arroja por la ventana meses de planificación y origina una ola de preocupación en la economía de Los Angeles.

La presión del fenómeno se sintió particularmente en 1981, cuando la decisión sobre si se llevaba a cabo la ceremonia del Oscar tenía que tomarse casi de inmediato, ya que muchos de los principales participantes estaban ya preparándose para la gran noche.

«Nos tomó tres o cuatro horas antes de que pudiéramos decidir qué hacer»
, recordó John Pavlik, quien era entonces el administrador ejecutivo de la Academia y es ahora director de comunicaciones. «Al principio, no sabíamos si Reagan iba a sobrevivir. Eso podría haber cancelado el show, porque, si hubiera muerto, habrían transcurrido varias semanas antes de que el país volviera a la normalidad», comentó.

Mientras tanto,
Kanin, Jewison y el grupo de empleados de la Academia se encargaron de atender los teléfonos, una tarea monumental, debido al número de personas involucradas en echar a andar el espectáculo del Oscar. Todos los artistas que actuarían, los presentadores y postulados tenían que ser confirmados para la nueva fecha, un frenético ejercicio en asuntos logísticos que requirió comunicarse con los artistas, agentes, representantes y productores de la industria.

«Llamé a Johnny Carson, el maestro de ceremonias»
, recordó Jewison. «El dijo, 'eso es terrible: mis primeros 10 minutos son de chistes de Reagan», agregó.

Finalmente, la postergación de 24 horas dio a
Carson una oportunidad de hacer una rápida reelaboración de su monólogo. Pero después de congratularse porque «el presidente se encuentra en excelente estado de salud», Carson no pudo resistirse a darle un suave pinchazo a los planes del presidente de recortar los fondos federales a la Fundación Nacional para las Humanidades. «Es el mayor ataque de Reagan a las artes desde que firmó con Warner Bros.», apuntó el maestro de ceremonias.

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