Eterna Olivia de Havilland celebra hoy sus 104 años

Espectáculos

Tercera en discordia en el famoso y hoy cuestionado clásico del Hollywood de oro.

Quién sabe qué opinará Olivia de Havilland sobre la reciente censura contra “Lo que el viento se llevó”. De todos los que participaron en esa película, ella es la única que queda viva. También es la socia más vieja de la Academia, y la última estrella que resta por apagarse de los grandes tiempos de Hollywood. Retirada en una petite maison de París, cerca de los bosques de Boulogne, hoy cumple 104 años. Ya no tiene ganas de conceder reportajes, aunque, según dicen sus allegados, todavía conserva fresca la memoria, la conversación chispeante, y la costumbre de hacer crucigramas. Única señal de declinación, su médico le ha restringido el consumo diario de champagne con las comidas.

Hija de ingleses, ella y su hermana nacieron en Tokio, pero se criaron en Saratoga con el segundo marido de la madre. Ya adolescentes, entraron al cine, ella con su nombre y apellido real, su hermana con el apellido del padrastro. Así quedó, Joan Fontaine. Ambas, de rostro fino y expresión decidida. Y cada una, odiando a la otra desde la más lejana infancia. Olivia alcanzó rápida popularidad como partenaire de Errol Flynn en “Robin Hood” y otros éxitos de la Warner Bros, pero se reveló como actriz en la superproducción de David Selznick “Lo que el viento se llevó”, donde encarnaba a la rival en amores del personaje principal. Ese papel le dio su primera nominación al Oscar. No lo ganó, y encima su hermana pasó al frente como protagonista de dos grandes películas de Hitchcock, “Rebeca, una mujer inolvidable” y “La sospecha”, por la que sí ganó un Oscar.

Años después, Joan Fontaine bromeaba: “Yo me casé primero, gané el Oscar antes que ella, y si muero antes seguramente rabiará, porque le habré ganado también en eso”. Así fue: Joan murió en diciembre del 2013, con 96 años y el buen recuerdo de “La ninfa constante”, “Jane Eyre”, “Carta de una enamorada”, “Sinfonía otoñal” y otras.

En compensación, Olivia ganó dos Oscar, por “Lágrimas de una madre” y “La heredera”. Se lució además en “Nido de víboras” (Mejor Actriz en Venecia), “Esta, nuestra vida”, “Mi prima Raquel” y otras buenas. Con una famosa demanda contra la Warner, que derivó en lo que hoy se llama “Havilland decision”, logró que se acabaran los contratos leoninos de las empresas de cine. Y se casó dos veces, primero con el novelista Marcus Goodrich, y luego con Pierre Galante, entonces editor de “Paris Match”. Por él, y porque Hollywood ya no era la de antes, Olivia se mudó a Francia a mediados de los ’50. Y en 1962 escribió un libro singular, “Every Frenchman has one”, consejos para norteamericanas que quieran tener novio en Europa.

Ella tuvo novios, por supuesto: Errol Flynn, James Stewart, John Huston, Howard Hughes. Y dos hijos, Benjamin, que murió por mala praxis en 1991, y Gisele, francesa que hoy vive en Malibú. Cada tanto Olivia volvía a Hollywood, para filmar algunas participaciones especiales, como en “Aeropuerto 77”, o para visitar a su amiga Bette Davis y agradecer a los devotos de “Lo que el viento se llevó”, que todos los años reponían esa película en Atlanta (una costumbre que este año debió suspenderse).

En 1988, tras hacer un telefilm, se declaró jubilada. En el 2000 la reina de Inglaterra le dio el título de Dama. Y en 2003 hizo su última gran aparición pública, cuando, muy elegante y con gran dominio de la escena, presentó en la entrega de los Oscar un homenaje especial al 75° aniversario de la Academia.

Todo esto no significa que se haya retirado. Hace apenas dos años demandó a la Fox y otra gente por un telefilm donde Catherina Zeta-Jones la representaba como una persona hipócrita y malhablada, para colmo sin haberle pedido permiso. Y está escribiendo –dice ella- su autobiografía. Quizá ahí diga algo sobre la reciente censura. Lo único que hasta ahora se conoce es su reacción cuando Hattie McDaniel le birló el Oscar a Actriz de Reparto por “Lo que el viento se llevó”. Así se lo contó a un reportero, hace tres años.

“Cuando volví a casa, pensaba que no había Dios. Estaba destrozada. Dos semanas más tarde me desperté pensando ‘Oh, qué maravilloso. Yo no soy una actriz de reparto. Los votantes no se engañaron, eligieron a una actriz de reparto, yo soy una estrella. ¡Hay un Dios, después de todo!’” (pero su último premio fue, casualmente, un Globo de Oro como Actriz de Reparto por una miniserie).

Postdata: en verdad, hay otro participante de “Lo que el viento se llevó” todavía vivo: Patrick Curtis, el bebé de la escena del parto, pero es difícil que recuerde algo de la filmación.

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