27 de marzo 2002 - 00:00
"Hoy está claro que la fotografía es mentirosa"
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Periodista: ¿Cómo se «leen» fotos?
Sara Facio: Con atracción por lo visual. Vivimos rodeados de imágenes y muchos las ven pero no las miran. A la disposición personal se debe sumar educación y gusto. Hay quienes no tiene nada de eso. Una vez vino a la Fotogalería del Teatro San Martín que yo dirigía, Fernando de la Rua, por entonces intendente de la Ciudad de Buenos Aires, un poco en chiste le dije: puede estar orgulloso porque en París, Londres y Berlín no hay una galería como esta que esté abierta hasta medianoche. Su comentario fue: «¿y a la gente le gusta mirar fotos? ¡Qué cosa!». Allí, se acabó el diálogo, di media vuelta y me fui.
P.: Más allá de esos casos, la gente ha aprendido a ver fotos.
S.F.: Se ha ido educando. Pero desde que entramos en la Era Digital la foto perdió credibilidad. Lo digital ha sido una revolución casi como el paso del daguerrotipo a la fotografía papel. Además del cambio técnico está el del sentido, de la perspectiva. Se puede poner a Fidel Castro abrazado a Bush. Es un terremoto porque siempre consideramos que la fotografía era un reflejo de la realidad. Nunca fue tan así, en la fotografía siempre está el aporte subjetivo, cuando el fotógrafo no es alguien que sólo dispara una cámara.
S.F.: Se hacían montajes bastante torpes, se veía que eran figuritas pegadas. Salvo excepciones, como en la Argentina Pedro Otero o Annemarie Heinrich. Hoy eso está superado por lo digital y la fotografía es una mentirosa.
P.: ¿Cómo surgió la idea de «Leyendo fotos»?
S.F.: Hay muy poco escrito en fotografía y cada vez mas fotos en museos. Muchas veces me preguntan: ¿qué puedo leer que me introduzca en la fotografía, no empezando por el daguerrotipo sino algo más actualizado? Hay poco, aún en inglés o francés donde hay más bibliografía. Hay teorías, pero muy poco donde se hable de fotógrafos para que la gente comprenda lo que está mirando. Hay casos, como el de Roland Barthes, donde hablan desde otro lado no desde la fotografía, entonces abusan de la interpretación, de la imaginación o repiten, como no conocen la materia, ideas dichas hace muchos años. Claro que es más elegante la tilinguería de citar a Barthes que a un fotógrafo cualquiera, aunque sea Cartier Bresson.
S.F.: Me dediqué a los escritores de América Latina porque estoy, con perdón de Vargas Llosa, muy nacionalista (rie). Estoy convencida que América Latina produjo, después de los '40, la mejor literatura castellana. El más destacado escritor-fotógrafo, Juan Rulfo, tuvo una mirada fotográfica personal. A Cortázar, que en «Prosa del Observatorio» incluye sus fotos, lo ayudó un fotógrafo. El español Gálvez, que vivía en París, se las estetizó, porque técnicamente eran bastante mediocres. Hoy eso no importaría, porque pareciera que la técnica se ha perdido, pero en los '60 era valorada como debe ser. Victoria Ocampo adoraba las fotos y vivía con una cámara en sus viajes y hoy andaría con una digital. Bioy Casares se hizo amigo mío porque se volvía loco por entrar en un laboratorio, igual que Silvina Ocampo. A muchos escritores les gusta tomar fotos de viaje, eso no significa que tengan una vocación fotográfica, excepto Rulfo y Cortázar.
P.: ¿Cómo está la fotografía en medio de esta crisis?
S.F.: No es una isla, siempre es un reflejo de lo que pasa y ahora hay una depresión terrible. Mi socia me decía: vamos a tener que refundar el Concejo Argentino de Fotografía porque desparecen fotógrafos. En las nuevas tecnologías ya están faltando elementos. No hay mercado y los precios se van a las nubes porque ya estamos como en la época de Alfonsín.




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