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28 de agosto 2026 - 17:13

"Impacto mortal": una mala noche para volar

El nuevo film catástrofe de Renny Harlin mezcla “Aeropuerto” con “Tiburón” y no le escapa a ningún lugar común de ambos géneros.

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Desastre aéreo en zona de tiburones: la fórmula de "Impacto mortal"

“Impacto mortal” (“Deep Water”) no es la película ideal para que programe una compañía aérea como material de entretenimiento en uno de sus vuelos. En verdad, tampoco parece ideal para programar en ningún lado, pero quizás haya quienes aún gusten de un género muy popular en los 70 y 80, el género catástrofe. En eso el film de Renny Harlin ofrece al espectador un combo dos por uno: desastre aéreo y tiburones.

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Un vuelo que une Los Ángeles con Shanghai lleva el acostumbrado elenco de pasajeros a los que una película de catástrofes presenta durante algunos minutos para que ya vayamos adivinando quién merece sobrevivir, quién tiene asuntos familiares pendientes y quiénes han sido incluidos para convertirse en pasto de tiburones.

En la cabina están el oficial Ben (Aaron Eckhart) y el capitán Rich (Ben Kingsley, ganador del Oscar por “Gandhi”, quien a esta altura de su carrera ya acepta cualquier cosa con tal de aparecer un ratito en la pantalla y darle lustre a la marquesina). Un incendio provocado por una batería de litio clandestinamente llevada a bordo (desde luego, por el villano del film, el mismo que insiste en fumar en el aeropuerto), termina incendiando el avión y lo obliga a acuatizar en el Pacífico. Los sobrevivientes quedan distribuidos entre distintos sectores del fuselaje y algunos restos flotantes. El inconveniente suplementario es que la zona está infestada por tiburones hambrientos, necesidad ésta, el hambre, de la que al parecer carecen esos sobrevivientes, ya que en ese caso se sumaría una tercera catástrofe, la de “La sociedad de la nieve”, y eso ya sería demasiado.

A partir de allí, “Impacto mortal” cumple a rajatabla con el manual. Hay pasajeros que discuten cuando deberían colaborar, chicos en peligro, familias con cuentas pendientes, sacrificios, actos de heroísmo, y hasta la condena moral para el matrimonio que había dejado solos a sus hijos durante el vuelo para irse al baño juntos a pasar un momento de pasión. ¡No sabían el climax que les esperaba!

Harlin tiene oficio en filmar accidentes. Claro, el problema comienza cuando el avión termina de caer y a la película todavía le queda más de una hora de rescates fallidos y tiburones. Cada vez que aparece uno resulta imposible no esperar la ominosa partitura de John Williams, y eso debe de haber desesperado a Harlin, porque puede plagiarle a Spielberg casi todo, la aleta, el agua observada desde la superficie, la víctima que no advierte lo que se aproxima y el súbito ataque, pero apropiarse también de la música era imposible.

Pero el film trata de compensar esa carencia haciendo que sus tiburones posean capacidades cada vez más espectaculares, como el volar como delfines. En una escena, durante un rescate en helicóptero, uno de ellos sale disparado del agua para capturar a una víctima suspendida sobre el mar y termina provocando un nuevo desastre. A esa altura ya se comprende que los tiburones de “Impacto mortal” no tienen hambre sino sentido dramático. Atacan cuando el guion necesita liquidar a alguien, esperan cuando hace falta terminar una conversación, y reaparecen en cuanto un personaje se arroja al agua. Tampoco parecen interesados en los cadáveres que flotan en el agua sino que prefieren, con comprensible criterio cinematográfico, la víctima que todavía puede gritar.

Pero lo peor es que “Impacto mortal”, por algunos de sus planteos, se toma bastante más en serio de lo que su argumento aconseja. Allí donde una buena película de clase B reconocería el disparate, esta introduce conflictos familiares, culpas, reconciliaciones y lecciones de libro de autoayuda sobre lo que importa en la vida.

Lo curioso es que Harlin es un maestro del género. Después de “Pesadilla 4” fue contratado para “Duro de matar 2” y transitó su mejor período en los años 90. En 1993 dirigió la electrizante “Riesgo total”; después vinieron “La pirata”, “El largo beso del adiós” y, en 1999, “Alerta en lo profundo” (“Deep Blue Sea”). La comparación con esta última es la más cruel porque Harlin ya hizo, hace veintisiete años, una película de tiburones disparatada y sabía perfectamente cómo. Aquel film tenía velocidad, imaginación, humor y una saludable voluntad de sorprender al espectador. Incluso utilizaba las convenciones del género para traicionarlas: su muerte más famosa ocurría cuando todo indicaba que llegaba uno de esos discursos destinados a reorganizar moralmente al grupo. “Impacto mortal”, en cambio, cumple con obediencia cada uno de los clichés.

“Impacto mortal” (“Deep Water”, EE.UU., 2026). Dir.: Renny Harlin. Int.: Aaron Eckhart, Ben Kingsley, Angus Sampson.

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