20 de noviembre 2001 - 00:00

Importantes nombres en la IX Bienal de Arquitectura

Importantes nombres en la IX Bienal de Arquitectura
El domingo 25, a las 18.30, se inaugurará la IX Bienal Internacional de Arquitectura, en el Museo Nacional de Bellas Artes. De esa manera, Buenos Aires será la ciudad de la arquitectura, que albergará a muchos de los más destacados profesionales del mundo: el arquitecto francés Paul Andreu, Jan Hoogstad, de Holanda, y el austríaco Wolf Prix son algunos de ellos.
 
Formado en el Colegio Tecnológico de Rotterdam y en la Academia de Arquitectura de Amsterdam, el arquitecto holandés
Jan Hoogstad abrió su estudio en 1957. Su obra de diseñador es numerosa y ha recibido premios en muchos certámenes internacionales, entre ellos el del concurso para el trazado del Bulevar Weena, en Rotterdam, y el de la Municipalidad de Lelystad, una de sus más destacadas realizaciones.
 
Entre muchas otras obras,
Hoogstad ha realizado la ampliación del Centro de Convenciones y Auditorio Musical de Doelen, y la Academia de Arte Escénico, ambas obras en Rotterdam; las oficinas y estudios de la Radio y Televisión Holandesas, en Hilversum; y el Teatro de Hengelo. Esta última obra atrae por su economía de medios: un vasto cilindro que contiene la sala y el escenario, adosados a un rectángulo que alberga la segunda sala. En cuanto al edificio de Hilversum, acusa dos enormes vanos triangulares flanqueados por tiras de edificación en forma de V, cuyas bases salen al exterior en una planta curva. Hoogstad revela con este diseño su audacia imaginativa para la distribución de las distintas funciones y necesidades, creando, en este caso, un edificio de nítida lectura y libre circulación, un verdadero mecanismo de relojería, donde cada parte responde a un todo conceptual y, a la vez, práctico, y de alta calidad en materia arquitectónica.

Transformación

El arquitecto francés Paul Andreu ha sido y es el artífice mayor de la transformación de las terminales aéreas, con más de una decena de ellas erigidas en su país, en Asia y en Africa. Su obra más notoria es, sin duda, el Aeropuerto Internacional Charles de Gaulle, en Roissy, al Noroeste de París (y de Orly). También ha realizado los aeropuertos de Abu Dabi, en la Unión de Emiratos Arabes; Dar Es-Salam, en Tanzania; Yakarta, en Indonesia; y Conakry, en Guinea; amplió las dependencias de los de Dacca, en Bangladesh; El Cairo, en Egipto; Niza y Montpellier, en Francia; y Bandar Seri Begawan, en Brunei.
 
En América latina, la nueva terminal del aeropuerto de Pudahuel, en Santiago de Chile. Ha proyectado, además, las instalaciones aéreas para Doha (Qatar), Kuala Lumpur (Malasia), Islamabad y Lahore (Pakistán), Don Muang (Tailandia), Manila (Filipinas), Fort-de-France (Martinica), Hiroshima (Japón) y Tolón (Francia). Los recursos de la ingeniería y de la tecnología, empleados con minuciosa sagacidad, no son sino aportes a una obra donde los objetos de uso se presentan como símbolos y los símbolos se revelan como objetos de uso.
Andreu también ha incursionado en otras tipologías, como el Estadio de Esquí de Courchevel, el Museo de Arte Contemporáneo de Sète, y el Control Aduanero Saint Louis-Basilea, en la frontera franco-suiza. Estudió matemáticas y física; y luego hizo los cursos de ingeniería (Ecole des Ponts et Chaussées) y de arte (Ecole des Beaux-Arts). Fue el descubrimiento de la pintura el que lo decidió a entregarse a la arquitectura. Aquí reside, sin duda, esa conjunción de orden, rigor y pasión, que determina la geometría de sus diseños, y esa presencia rotunda.

Queda por mencionar, en fin, la participación de Andreu en el Gran Arco de la Defensa, al oeste de París. Diseñado por el dinamarqués Johann Otto von Spreckelsen, que ganó este certamen internacional. Andreu fue asociado del vencedor y, a la muerte de éste, el arquitecto en jefe de la monumental obra, en la que remodeló el cráter del basamento, los accesos de éste, las fachadas internas, la cubierta, las nubes. No es injusto señalar que el inmenso cubo vaciado, de 110 m de altura (el doble del Arco de Triunfo, en cuyo eje se encuentra), cobró su vida definitiva gracias a que Paul Andreu, pudo interpretar los deseos de von Spreckelsen.
 
Tanto
Prix -otro de los arquitectos que intervendrán en la IX Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, la semana próxima-, como Swiczinsky, provienen de la generación del '68, simbolizada por el Mayo Francés, «una época en que nos interesábamos por la música, la ciencia, la filosofía, la educación y la sociología más que por la arquitectura propiamente dicha. Tenemos, pues, la costumbre de abordar las cosas de una manera muy abierta». La primera obra construida por el estudio Himmelblau data de 1977: el Bar Reiss, de Viena. Desde entonces, los arquitectos experimentaron sus teorías radicales, en una serie de iniciativas, entre otras Nube, un proyecto de viviendas presentado en la V Documenta de Kassel.
 
A fines de la década del '80, ganaron el certamen para la organización de la ciudad de Melun-Sénart, en el departamento francés del Sena y Marne la-Vallé, al sudoeste de París. Este espaldarazo internacional fue con la terminación de las dos obras que afianzaron la celebridad del equipo: la reforma de una fábrica de la papelera Funder Werk en la localidad austríaca de St. Veit/Glan y la remodelación de la azotea de un viejo edificio de Viena para albergar un estudio jurídico.
«Hay sólo tres tipos de edificios que somos incapaces de construir -señala Prix-: centrales nucleares, cuarteles militares y prisiones. Para todo lo demás estamos preparados...»

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