Imprecisiones sobre Galdós con Vargas Llosa

Espectáculos

Mario Vargas Llosa estuvo el domingo, día con enorme cantidad de público, en la Feria del Libro. Fue entrevistado por el periodista Fernández Díaz en la sala José Hernández, con una concurrencia que cubrió poco más de la mitad de esa amplia sala. El clima reinante hizo a Fernández Díaz recordar que “la vez anterior que vino fue un quilombo” remitiéndose a que en 2011 hubo una fuerte polémica porque el Nobel peruano abría la Feria del Libro. Esta vez vino a presentar sus nuevos libros “La mirada quieta (de Pérez Galdós)” y “La llamada de la tribu” sobre sus maestros en el liberalismo. Contó lo mal que lo pasó con el covid, cuando Isabel (Preysler) lo llevó a un hospital, y cómo usó el encierro para leer las obras completas de Benito Pérez Galdós “que era un ficcionista”, quien además de llegar a escribir dos artículos periodísticos por día entregaba una nueva novela cada tres meses. Lo consideró “un autor desigual, que a veces tenía que publicar obras de relleno, como todos, junto a grandes obras como “Fortunata y Jacinta”, pero “bueno... un gran escritor no siempre es un gran escritor” y él fue “el primer escritor profesional de nuestras letras”.

Sostuvo que fue un autor que no salió de España, que quería ser traducido al francés, y que “aquí no llegó” (por la Argentina). Su entrevistador no supo informarle que a partir de 1880 Pérez Galdós fue corresponsal del diario “La Prensa”, que en la Argentina se publicaron sus artículos, sus novelas en ediciones populares, la serie histórica “Episodios nacionales” (que a Vargas le parecieron “entretenidos e imparciales”) y se llevaron a escena varias de sus obras teatrales. Tampoco se detuvieron a explicar por qué el cine y la televisión hicieron a Galdós internacional con, por simple ejemplo, “Nazarin” y “Tristana” de Luis Buñuel (y Narciso Ibáñez Menta hizo “El abuelo” en la TV). El entrevistador pasó luego al encuentro que Vargas había tenido en La Biela con Juan José Sebreli, al que vio “muy bien conservado para sus 82 años” (tiene 91) con quien acordaron que “la Argentina debe entrar en el camino del progreso”. A partir de ahí el periodista llevó al autor de “Conversación en la catedral” a la política, quien recordó su etapa comunista “solo lo fui un año” y como se alejó del estalinismo, relacionando de forma confusa a Camus con Sartre y Simone de Beauvoir como los que lo ayudaron, aunque “la gran ayuda ideológica fue vivir en Inglaterra bajo el gobierno de Margaret Thatcher”, que no era liberal sino conservadora, pero lo llevó al liberalismo. Cuando Fernández Díaz intentó arrastrarlo a exaltaciones del estilo Javier Milei, preguntándole sobre Venezuela y la izquierda latinoamericana, el Nobel lo sorprendió diciendo “la izquierda hoy es mucho más lúcida, más independiente, menos sectaria, menos dogmática, tiene otras propuestas y perspectivas”. Sostuvo que “las democracias no están en crisis sino que están mostrando su fortaleza”. Señaló como “las nuevas dictaduras en América a Colombia, Ecuador y Brasil” y el drama de “que en Perú el presidente sea un analfabeto”. En su libro “La llamada de la tribu”, la tribu está formada por Adam Smith, Ortega y Gasset, Hayek, Popper, Isaiah Berlin, Aron y Revel, y destacó como fundamental al filósofo de la ciencia Karl Popper, y que lo central es que “el liberalismo es una adaptación a las circunstancias”.

M.S.

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