Emmanuelle Béart en San Sebastián: la actriz aparece estupendamente
envejecida y rencorosa en «Infierno», de
Danis Tanovic.
San Sebastián - Dos infiernos se vieron ayer en el festival donostiarra. Uno, el de las escenas de combate de la argentina «Iluminados por el fuego», y otro el de un drama llamado, precisamente, «L'enfer», del bosnio Danis Tanovic: un hombre sale de prisión, sufre el rechazo de su mujer, que hasta le prohíbe ver a sus hijas, y se suicida. Recién muchos años después, las hijas empezarán a conocer la verdad, terrible y penosa, acerca de su padre. Y cada una reaccionará de distinto modo.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Se trata de la segunda parte de la trilogía de Krzysztof Kieslowski «Paraíso, infierno, purgatorio», que el desaparecido autor había dejado sin filmar. Años atrás Tom Tykwer hizo la primera parte. Ahora, el director de «El último día» presenta la segunda, con una Emmanuelle Beart estupendamenteenvejecida y rencorosa,y un manejo agobiante de las situaciones. Película movilizadora, estremece y hace crecer en el dolor.
Como para aflojar un poco, también se vieron algunos pequeños cielos, de esos que ayudan a vivir. Uno, ingenuo, para niños y grandes con corazón de niños, «La cueva del perro amarillo», hecho por Byambasuren Davaa, la misma directora de «La historia del camello que llora», en las mismas lomadas de su amada Mongolia, y con los mismos pastores nómades.
Otro, de sonrisa madurada en los dolores de la vida, «Yo no estoy aquí para que me quieran», sobre un oficial de justicia seco y tristón, que recién al final de la historia amaga una sonrisa, cuando se decide a aceptar la amistad, o acaso el amor, de una treintañera sentimentalmente confundida. Ambos se han conocido, esto es muy bueno, en una academia de tango. En suma, lindos lucimientos del autor Stéphane Brisé, los actores Patrick Chesnais y Georges Wilson (en el papel de un padre ya viejo que nunca supo expresar su cariño), y el plus de selectas grabaciones del Quinteto Real, incluyendo «El Once», «El choclo», y «Organito de la tarde».
Y hubo también un tercer cielo, el de un Tánger quizás idealizado, donde podían convivir distintas culturas, distintas religiones, y se mezclaban distintaslenguas, sin mayor problema. Así lo pinta la hispanomarroquí «La vida perra de Juanita Narboni», donde el único problema serio es el de la reprimida mujer del título. No puede decirse que sea una gran película, pero, por comprensibles razones, hay que agradecer su presencia.
Lo que sigue sintetiza una charla con sus responsables: «Yo era estudiante cuando un día en Madrid el escritor tangerino Angel Vázquez me regaló su novela. La leía, y me trasladaba al Tánger de mi infancia, con su tradición multicultural, donde veíamos desde Gardel y Cantinflas hasta el cine hindú, y leíamos todo lo que en España ni se podía conseguir. Por entonces, 'Volver' y 'Caminito' integraban el cancionero infantil, amábamos a Hugo del Carril, y a los galanes del cine egipcio. Nos cultivamos con los refugiados europeos de la Segunda Guerra y con los intelectuales musulmanes. Luego la mayoría de los españoles (muchos refugiados de la Guerra Civil) y franceses se marcharon, pero otros vienen. La ciudad se vacía y se llena nuevamente. Es un mito que sigue atrayendo gente de todo el mundo. Ahí fluyen las culturas. Eso para mí es globalización», dijo Farida Benlyazid, directora. «Quien primero puso todo en peligro fue el generalísimo Francisco Franco, al querer imponer la religión católica por encima de las otras. El fue el primer fundamentalista del Siglo XX que conocieron los marroquíes. Ahora, como reacción, tienen otros de sentido contrario», opinó Gerardo Bellod, guionista. Un lindo cielo se abrió también para el ya veterano director Manuel Gutiérrez Aragón («Habla, mudita», «La noche más hermosa», etc.), al recibir el premio Nacional de Cinematografía de manos de Carmen Calvo, la ministra de Cultura, que se sigue comiendo las eses como siempre, pero que también sigue tan elegante y de rostro tan suave como siempre (lo que acaso significa que las buenas ministras conservan mejor el cutis que las candidatas a senadoras en campaña).
Otro, para José Luis Cuerda, el de «El bosque animado» y «Amanece, que no es poco», al anunciar ayer su nuevo proyecto, «La educación de las hadas», con Ricardo Darín e Irene Jacob. Gordo, pelado y con barba cana en collar, pero grandote, como si el Gnomo-Pimentón hubiera tomado la sopa, Cuerda no rodará esta vez en su amada Galicia, sino en el parque natural del Montseny, por los alrededores de Barcelona. «Como se trata de una historia cosmopolita, con franceses, argentinos y argelinos, se me hace más fácil creerla si transcurre en un lugar cosmopolita», explica.
Y un último cielo para el ex director del festival, Diego Galán, al presentar su afectuoso documental «Pablo G. del Amo, un montador de ilusiones», grata evocación de un notable técnico del cine hispanohablante, de esos imprescindibles que el gran público desconoce, pero que anoche congregó a una buena multitud de artistas agradecidos.
Dejá tu comentario