10 de julio 2003 - 00:00

Interesa más si se ama la psicología

Valeria Golino
Valeria Golino
Interesa, aunque en conjunto resulte más rara que buena, esta película de título tranquilizador, luminosos paisajes costeros, y grata reaparición de Valeria Golino, siempre excelente en el cine italiano, y siempre desaprovechada en el norteamericano, que la mantiene haciendo nimiedades. Ya treintañera, Golino hace aquí un personaje bien difícil, una madre inmadura, esposa demandante, a ratos aplomada, de pronto imprevisible, frágil a veces, cariñosa, inconstante, explosiva.

Por ejemplo, busca al marido en su trabajo para reprocharle algo, pero de pronto se distrae con un barquito, y se embarca, sin advertir la perplejidad de los hijos y la rabia del marido, porque ella quiere salir de paseo con unos franceses que ni conoce, encima a la vista de todo un pueblo siciliano. Para los seguidores de la actriz, esta escena es un deleite. Para la familia del personaje, una tortura. Así es como la quieren internar en algún loquero.

Libre actualización de viejos mitos mediterráneos, «Respiro» adopta como estilo narrativo una sucesión de fragmentos de situaciones que suelen carecer de desenlace, lo que en ciertas escenas alivia, porque amenazan con algo fuerte, y en otras uno sospecha que salió mal la toma, y por eso falta algo. Ese tipo de edición, y el ritmo nervioso de la puesta (sin llegar al clip, que es otra cosa) van de acuerdo con las criaturas de la historia: todas alteradas, agresivas, medio asoleadas (no es para menos), sean las tribus de niños semisalvajes que luchan unas con otras, como los grupos de adultos, en su condición de padres, cónyuges, o vecinos que desde la terraza matan perros con la «lupara», la famosa escopeta de cazar lobos.

En comparación, nuestra protagonista es una loca tranquila, apenas un tanto rayada con sus expansiones, sus reclamos inoportunos, y sus expresiones meridionales de cariño materno, apenas un tantito cercanas a la obscenidad. Será su hijo preadolescente, quien la proteja del pueblo y termine fomentando una leyenda. Y son los espectadores afectos a la psicología, quienes mejor pueden disfrutar de esta obra falsamente realista, bien dirigida, y bien incómoda, rara mezcla de Martin Scorsese con Marco Ferreri.

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