12 de diciembre 2001 - 00:00

Interesa obra sobre un prócer de la medicina

Javier Lorenzo y Rubén Szuchmacher
Javier Lorenzo y Rubén Szuchmacher
(12/12/01) «Cine quirúrgico» idea y dirección: E. Rudnitzky. Texto: A. Tantanián. Int.: J. Lorenzo, R. Szuchmacher y elenco. Vest.: O. Puppo. Arte y esc.: J. Macchi. Ilum.: J. Pastorino. Trabajo corporal: M.M. Colusi. (Portón de Sánchez.)

"Cine quirúrgico" es el resultado de una investigación sobre la vida y la obra del doctor Alejandro Posadas (1870-1902), celebrado por la historia oficial como «el padre de la cirugía argentina».
 
En su corta existencia -murió tuberculoso en París a los 31 años-Posadas realizó importantes avances médicos. Pero, quizás, el dato más interesante para el público profano sea su relación con el cine, ya que -además de haber traído al país el primer aparato de radiografías- fue el primero en filmar una operación quirúrgica (1899), convirtiéndose de paso en uno de los pioneros de la cinematografía argentina.

La idea de convertir este rico material biográfico en un «documental apócrifo» pertenece al músico y diseñador sonoro Eduardo Rudnitzky, quien apostó al cruce de lenguajes (visual, sonoro, dramático, plástico e incluso fílmico) para desarrollar en escena algo así como una parodia de culto al prócer. El eje central del espectáculo tiene que ver, precisamente, con la tensión que se genera entre ese hombre serio, concentrado en su profesión y ajeno a cualquier otro tipo de intereses y la necesidad de hacer de él una figura emblemática para beneficio de algunas instituciones.
 
Las muy buenas actuaciones de
Javier Lorenzo y Rubén Szuchmacher ayudaron a enriquecer esta antinomia. El primero, dando vida a un Posadas absolutamente creíble y dotado de un oportuno toque de distinción.

En contrapartida, Szuchmacher, encarna a un médico cínico y payasesco, convertido en maestro de ceremonias sólo para glorificar al talentoso cirujano con discursos grandilocuentes. El es el guía de este museo en el que Posadas deambula como un sombra melancólica y ausente.

Otro elemento clave de la obra es el coro de ancianos, integrado por los espectros de antiguos pacientes. Su aparición coincide con la proyección de varias fotografías captadas originalmente por el propio cirujano. Son niños de expresión desvalida cuya desnudez, en ciertos casos inexplicable, parece quedar expuesta a una mirada perversa. Cómo no asociar estas imágenes con las de aquellas niñas que fotografió Lewis Carroll para escándalo de sus coetáneos.

«Cine quirúrgico» es una interesante propuesta escénica que, sin ofrecer una acabada dramaturgia, logra que el espectador conozca la enigmática figura de su protagonista y también su supuesto imaginario.

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